The show must go on

'La imbecilidad es cosa seria', titula el filósofo italiano Maurizio Ferraris su ensayo más reciente



El Responsable de Comunicación del PP, Pablo Casado, para curarse en salud en cuestiones curriculares tras el cifuentazo admite que cursó un posgrado en la Rey Juan Carlos en "condiciones flexibles" (1). Hace unos años, cuando la flexibilidad era asunto de saltimbanquis, esas eran las condiciones de las hipotecas y los préstamos en cajas de ahorros, a cómodos o plazos. A día de hoy, sin embargo, lo único claro es que para hacer carrera popular se necesita, cuando menos, un máster en entredicho. 

A propósito de credenciales, en una entrevista a la Duquesa de Alba en el extinto Caiga quien Caiga, un reportero, tras repasar la interminable lista de títulos de la que fue la noble con más abolengo del mundo, según el Libro Guinnes de de los récords, preguntó con sorna: "¿Para cuándo la Copa de Europa?". En la actualidad, recoge el testigo y se lleva la palma una veinteañera, Victoria Hohenlohe, heredera del ducado de Medinaceli, la española con más distinciones nobiliarias (2), 43 títulos a sus 21 años, a razón de dos por temporada. Su partenaire deportivo perfecto sería Kingsley Coman, el futbolista francés del Bayern que con tan sólo 21 años suma seis Ligas consecutivas en la saca (3). Emparejados serían como una revisión posmoderna del torero y la coplera, además de entrar en los cánones chinos del matrimonio, que dictan que una mujer soltera después de los 24 se devalúa, por lo que existen incluso cursos, no sabemos si flexibles, del tipo Cómo encontrar marido, para convertirse en una joya deseable y casamentera (4). Nada que ver con lo que ocurre en España, donde los bodorrios se producen a partir de los 33 y septiembre es el mes idóneo para las nupcias (5) de niñas que ya no quieren ser princesas, cuentos de hadas urbanas, las musas que inspiran la pluma de Quim Monzó, quien se hace eco de la peculiar manera que han escogido los hosteleros belgas para evitar el robo indiscriminado de jarras de cerveza: ahora cada vez que uno se pide una pinta tiene que dejar en prenda su zapato (6). Así, las cervecerías se han plagado de cenicientos y cenicientas, como en una de las inolvidables fábulas de la recientemente desaparecida Carmen Vázquez-Vigo, escritora estrechamente ligada a la primera colección de libros infantiles que se creó en España, en 1978: El Barco de Vapor, de Ediciones SM, donde publicó la mayor parte de sus relatos más conocidos antes de alzarse con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1992. Casada con el director de cine José María Forqué, Carmen era, además, la madre de la actriz Verónica Forqué (7)
En las cervecerías belgas, para evitar el robo indiscriminado de jarras, ahora, cada vez que uno se pide una pinta tiene que dejar en prenda su zapato
Entre tanto descalzo, no sería de extrañar algún que otro resfriado. Este año se cumple un siglo de la Gripe Española de 1918, la epidemia más devastadora desde la Peste Negra, con un saldo que oscila entre los 50 y los 100 millones de bajas, además de varios millones de afectados. Con las secuelas de la Primera Guerra Mundial todavía supurando, el contagio afectó a una de cada tres personas en todo el planeta. La plaga se llevó por delante a Gustav Klimt, Max Weber, Edmond Rostand (padre literario de Cyrano de Bergerac), Apollinaire... entre otros muchos intelectuales, y en sus fauces se fraguó un cambio de paradigma, el mundo ya no podía ser el mismo, había llegado la hora de las vanguardias (7).


Rompedor y renovador, vanguardista a su manera, fue un tal Miguel Gila, "uno de los tres reyes magos del humor junto a Cervantes y Quevedo", en palabras de Forges. Reinventando la Guerra Civil en tono campechano pero de largo recorrido, contribuyó como nadie a la cicatrización de las heridas a fuerza de pitorreo. En su autobiografía Y entonces nací yo. Memorias para desmemoriados, el cómico se refirió por primera vez a la noche, ahora hace 80 años, en que fue fusilado. Afiliado a las Juventudes Socialistas, cayó preso cerca de Córdoba. Transcurría diciembre de 1938 con una cruel indiferencia. "No le tenía miedo a la muerte. Estaba tan agotado, tan devorado por los piojos, por el hambre, el frío, el cansancio y la sed, que morir podía ser una liberación", escribió. La puntería de los verdugos, un piquete de ejecución formado por un grupo de moros borrachos, no fue legendaria. Gila, con 19 años, se hizo el muerto lo que dura una madrugada. Despuntando el día, huyó, cargando con él al único compañero que había sobrevivido al fusilamiento. Más tarde, comenzó su periplo presidiario, donde coincidió con Miguel Hernández en el penal de Torrijos. El resto es monólogo, camisa roja y boina, ironía y guasa. "Un bálsamo social gracias al cual las dos Españas comenzaron a reírse juntas. Miguel Gila utilizó su miseria para sacar a España de la trinchera y sentarla en un diván terapéutico desde el cual encontrar cierta paz con sus propios fantasmas", diagnostica Juan Sanguino en ICON (8). Quizá David Simon, creador de The Wire, debería inspirarse en este episodio para la serie que, junto a Jaume Roures, prepara sobre los norteamericanos que participaron en la contienda del lado republicano (9) Camilo José Cela, siempre tan moderado, dedicó su San Camilo 1936, "a los mozos del reemplazo del 37 ( ... ) y no a los aventureros foráneos, fascistas o marxistas, que se hartaron de matar españoles como conejos y a quienes nadie había dado vela en nuestro propio entierro".
Gila reinventó la Guerra Civil en tono campechano pero de largo recorrido, contribuyendo como nadie a la cicatrización de las heridas a fuerza de pitorreo
Si de experimentos se trata, Coppola tiene la última palabra. Sus películas en directo, una especie de teatro retransmitido o de reality guionizado, son su apuesta más actual, recogida en el libro El cine en vivo y sus técnicas. La inesperada caída de un foco puso en sobre aviso virtual al protagonista de El show de Truman. Más de 20 participantes en programas de telerrealidad se han suicidado en Estados Unidos en lo que se ha bautizado como el Síndrome del Reality, una incapacidad manifiesta para soportar los envites del precio de la fama (10). En La Edad de Hierro, Coetzee se autointerrogaba: "La televisión. ¿Por qué la veo? El desfile de políticos todas las noches: solamente tengo que ver esas caras toscas e inexpresivas, tan familiares desde la infancia, para sentir abatimiento y náuseas. Los matones de la última fila de pupitres de la clase, chavales torpes y huesudos, ya crecidos y ascendidos para gobernar la tierra. Con sus padres y sus madres, con sus tías y tíos, con sus hermanos y hermanas: una horda de langostas, una plaga de langostas negras infestando el país, masticando sin cesar, devorando vidas". Precisamente, el escritor sudafricano ha elegido el castellano como idioma exclusivo para el lanzamiento mundial de la segunda entrega de las historias de su alter ego femenino, Elisabeth Costello (11)
Más de viente participantes en programas de telerrealidad se han suicidado en Estados Unidos en lo que se ha bautizado como el Síndrome del Reality
Retomando la figura del camaleónico Jim Carrey durante su más que improbable huida en el citado show de Truman, todo concluye cuando se topa contra el horizonte, que no es otra cosa que un muro mimetizado con su entorno a base de capas de pintura, no muy distinto del rompeolas que Japón ha levantado en su costa, de 12,5 metros de altura y casi 400 kilómetros de largo, una barrera antitsunamis que impide ver el mar en un país, el nipón, que todavía vive acobardado tras la tragedia de 2011 (12). La imbecilidad es cosa seria, titula el filósofo italiano Maurizio Ferraris su ensayo más reciente. 

Contra la idiotez panfletaria de las pantallas, márquense ustedes un Gila. Descuelguen el teléfono y repitan: "¿Está el enemigo? Que se ponga".







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