Adivina quién paga

Mask Singer es ese programa donde cada lunes se deshidrata un famoso. Que aparezca la Preysler marca un hito, quiere decir que nadie está salvo del recibo de la luz. Si toda una virreina del Ferrero se apunta a las listas del karaoke, qué no le tocará hacer a la clase trabajadora, la que no tiene un mayordomo que se llama Ambrosio



Estrenar factura siempre es un acontecimiento. Uno va por la calle, luciendo factura nueva, recién salida del buzón -full equip, oiga-, haciéndose mucha autofoto para que quede bien claro que uno es buen pagador y mejor vecino, capaz de vender un riñón, si la cosa se pone chunga, con tal de que tecnológicas, bancos y eléctricas se sientan tan a gustito como Ortega Cano en una boda. Yo mismo estoy escribiendo este artículo en horario llano pero puede que usted lo lea en mitad del valle o en hora punta. Antes, el día se dividía en AM y PM, lo que ya era una modernez, ahora los niños, en la telescuela, estudian dónde invertir en criptomoneda y las nuevas horas canónicas según el recibo eléctrico. De lo que se trata, para que nos entendamos, es de tener jet lag sin salir de casa, democratizar la ojera, acudir el martes al curro con pinta de guiri en Magaluf por culpa de la ropa de color. Y no se queje, que ha salido usted muy quejica, otros las están pasando más canutas. Mire el Madrid, el Real por supuesto, ha sacado del museo de cera a Carletto. Y qué me dicen del Barça, iba a fichar a Haaland y se conforma con Agüero, que era buen futbolista cuando Guardiola todavía estaba en la autoescuela sacándose el carné de gurú de los banquillos. O la Preysler, de musa de Porcelanosa y virreina del Ferrero Rocher ha pasado a disfrazarse de mascota de la Puerta del Sol en Mask Singer. Mask Singer es ese programa donde cada lunes se deshidrata un famoso. Que aparezca la Preysler marca un hito, quiere decir que nadie está salvo del recibo de la luz. Si toda una primera dama del Nobel de Literatura se apunta a las listas del karaoke, qué no le tocará hacer a la clase trabajadora, la que no tiene un mayordomo que se llama Ambrosio. Y no hemos hablado del problema de la vivienda o del mercado laboral. Lo dejamos para otros botellones, ya, si eso, en 2050. Menos mal que estábamos en manos del socialcomunismo. Hay analistas que valen su peso en kilovatios.

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