Shakespeare y las criptomonedas

Nos hemos salido del santoral, por católico, apostólico y romano, y nos han metido en una retahíla de Días Internacionales de toda calaña, un nuevo calendario laico, convenientemente jaleado por empresas que se llevan su pellizco



Ahora que la cultura general consiste, fundamentalmente, en saberse el nombre del último expulsado de Supervivientes, fabular un final alternativo para Juego de Tronos o clavar el número exacto de invitados a la boda de Sergio Ramos, cualquier gallito podría creerse el fénix del corral solo por llevar un puñado de libras de Facebook en el bolsillo. La memoria histórica de unos cuantos, por desgracia, tiene menos capacidad de almacenamiento que la sesera de un Spectrum. Veamos: para empezar, Facebook es el país ficticio con más usuarios del mundo, unos 2.380 millones, es decir, con más gente conectada que la población de China o La India, los más poblados del globo, lo que se traduce en unas cifras que abruman por sí solas: "Su facturación es como el PIB de Croacia y su valor en bolsa equivale, casi, al PIB de Suiza". Con la nueva criptomoneda, Facebook da un paso más para plantar cara a Google y Amazon, las otras superpotencias del triángulo de las Bermudas que se reparten el cotarro, al estilo de los viejos imperios coloniales.


Si se sale con la suya, Mark Zuckerberg, como analiza Pablo Pardo en El Mundo (1), será el Luis XIV del siglo XXI, una especie de Rey Sol sin peluca pero con su particular Versalles, ubicado en Silicon Valley, una vuelta de rosca al absolutismo, viable gracias a la pleitesía que los nuevos vasallos rinden al móvil, donde la venta indiscriminada de sus vidas, supuestamente privadas, a terceros, sostiene el negocio más rentable del momento. Nos hemos salido del santoral, por católico, apostólico y romano, y nos han metido en una retahíla de Días Internacionales de toda calaña, un nuevo calendario laico, convenientemente jaleado por empresas que se llevan su pellizco.

Y con tanta musaraña se nos ha ido el santo y el solsticio de verano al cielo. En la noche más corta del año, la más pagana de todas, la que va del 21 al 22, y no la de San Juan, que pasada por la pila baptismal llega con una luna de retraso, ubicó Shakespeare su sueño de una noche de verano, un divertimento en el que se "confundían parejas y sentidos a base de polvos mágicos que lograban", tal y como recuerda Josep Maria Pou en en El Periódico, "insólitos compañeros de cama", no muy distintos de los que arroja estos días la política nacional, envuelta en un ménage à trois de pactos, que el propio Josep Maria Pou define con sofoco de finales de junio: "Lo de Shakespeare, allá, era puro teatro en busca de aplauso. Lo de estos, aquí, pura patraña en busca de poder"(2).



(1) https://www.elmundo.es/economia/2019/06/22/5d0cc88cfdddff90188b4607.html
(2) https://www.elperiodico.com/es/opinion/20190621/articulo-josep-maria-pou-el-sueno-de-unos-votos-de-verano-7516787

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