De La muerte tenía un precio a Moby Dick

Con tal de hacer caja, las funerarias se lanzan a la publicidad macabra de la defunción moderna, donde el entierro, como la boda, se programa con antelación para cuadrar agendas



A la afición necrológica de Nietzsche, Danto, Arias Navarro o Fukuyama, se suma ahora Rob Lowe, que vaticina con tono forense que el cine ha muerto. Para el actor que en los ochenta se batía en duelo carpetero con Tom Cruise, el culpable ha sido el exceso actual de remakes y franquicias (1)

Por si hay que preparar el entierro (sepan que la defunción moderna, como las bodas, se programa con antelación, por cuadrar agendas), la funeraria británica Beyond ofrece un viaje "solo de ida", con todo incluido, "desde cualquier parte" y con "temperaturas abrasadoras" por 1.340 euros, una ganga de anuncio que viene acompañado con la imagen de una pareja de jóvenes correteando por la playa, como a punto de coger unas olas en plan surfero, solo que lo que llevan a cuestas no es una tabla sino un ataúd. Lo macabro de la publicidad ha provocado una fuerte controversia, similar a la que suscitó en su día, hace tres años, otra campaña en Roma que obsequiaba a sus clientes con un fin de semana para dos personas tras la cremación del fallecido, ahondando en el significado de aquello del muerto al hoyo... (2).

En su lecho de muerte, al cómico Bob Hope todavía le quedaba guasa para rato, por eso respondió con sorna a uno de sus hijos cuando le preguntó si prefería entierro o incineración: "Sorprendedme"(3).

Y sorpresa, precisamente, es lo que se ha llevado la comunidad científica después de que una orca cargara a su cría muerta durante 17 días en señal de duelo, recorriendo más de mil millas por las aguas del Pacífico, un comportamiento habitual entre delfines, orcas y otros mamíferos, pero nunca, hasta ahora, tan prolongado (4). Por lo que a la jornada se le pone gesto de librero curtido que, en este verano de mares sin puerto, recomienda zambullirse en la lectura penitente de la oceanográfica Moby Dick: "Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lluvioso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes (...) entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala".


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