De Van Gogh a Espartaco (Kirk Douglas solo pasaba por allí)

El cine, como el resto del arte, nos moldea a destajo



Dice Carlos Boyero en El País que la culpa de que los pleitos en streaming se nos hagan tan largos (a todos menos a Piqué, claro) la tiene el cine: "Nos hizo creer que los juicios son apasionantes a través de tramas, desarrollos, personajes, y diálogos que te mantenían en tensión, fascinado, con veredictos imprevisibles. Nada que ver con el tono cansino y grisáceo de la realidad"(1). Algo parecido ocurre con Van Gogh, ahora que regresa a la gran pantalla reinterpretado por Willem Dafoe. Es pensar en el pintor y, rápidamente, uno obtiene la imagen nítida de Kirk Douglas y, por extensión, de Espartaco. Puede que acompañada, incluso, de alguna canción de Amaya Montero en su etapa con La Oreja... Con Conan, primo hermano de Terminator, pasa lo mismo. No hay personaje sin Schwarzenegger, al que si tenemos que ponerle cara de niño, cosas del guion, le ponemos, como no, la de Jorge Sanz. Federico García Lorca y Andy García, sin embargo, no tuvieron feeling, por mucho que Naim Thomas, chico prodigio de la primera edición de OT, encarnara al poeta en sus años mozos. Es el cine que, como el resto del arte, nos moldea a destajo.

Precisamente, un cuadro de Van Gogh, su icónico par de botas viejas, es una de las obras que más polvareda filosófica ha levantado. A Heiddegger, en su día, le sirvió ni más ni menos que para establecer El origen de la obra de arte. Otro crítico, Fredric Jameson, publicó en 1984 El posmodernismo como lógica cultural del capitalismo tardío, donde comparaba el calzado roído del genio holandés con los Zapatos de polvo de diamante de Andy Warhol, una acumulación de tacones bidimensionales sin anhelo de trascendencia, algo así como la frontera entre dos universos estéticos, el más reciente, el nuestro, movido por fuerzas superficiales que se extienden hasta ARCO.

En su último libro recopilatorio, Volver la miradael escritor y académico Félix de Azúa se muestra contundente: "El arte es una actividad cerrada, un poco como el mosaico o la teología, una cosa finiquitada. Lo que se hace en el arte de hoy en día pertenece al mundo del turismo, el ocio y los deportes. Puro entretenimiento de masas (...) Lo que ahora llamamos arte son ocurrencias, las tiene cualquiera. Hay mil cada semana y entran las que se pueden pagar con subvenciones"(2).

Menos apocalíptico, Luis Landero, que también presenta novela, Lluvia fina, aclara: "La infancia es felicidad, la adolescencia amor y el resto, literatura"(3).


(1) https://elpais.com/cultura/2019/02/27/television/1551290378_962697.html
(2) https://elpais.com/cultura/2019/02/13/actualidad/1550080795_319043.html
(3) https://elpais.com/cultura/2019/02/28/actualidad/1551366281_220250.html

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