miércoles, 11 de abril de 2018

Hombre rico, hombre pobre

Los menores de cuatro años procedentes de familias humildes han escuchado una media de 35 millones de palabras menos que los criados en ambientes de mayor nivel socioeconómico


Foto: Sasint Typchay


(Hay imágenes que, sin ser uno Juan José Millás, merecen un comentario. Ésta es una de ellas. Su luz lleva el sello de un atardecer remoto en Indochina, donde un niño imita a Cristiano Ronaldo. La chilena, en este caso sólo medio chilena para los puristas, atendiendo a la posición paralela del cuerpo respecto al campo, no alcanza ni la plástica ni la estética de la del portugués y, sin embargo, no necesita de los elogios de la FIFA para provocar un encanto anónimo que emociona. Nadie hablará de ella en las tertulias aunque bien podría formar parte de la retrospectiva que la National Gallery dedica estos días a Monet, el artista que intentó pintar el aire. En aeronáutica se conoce como bautismo de vuelo. Asistimos al momento exacto en que un niño despega sin necesidad de Balones de Oro, justo antes de comprobar que la gravedad afecta por igual a héroes y a humanos y que toda ascensión acarrea su declive. Su compañero bajo palos, nunca antes una expresión fue tan acertada, testificará la proeza de sus cortas vidas más tarde, tal vez mañana, cuando el recuerdo filtre las impurezas de los detalles y ni siquiera quede claro, ni falta que hace, si el remate acabó en gol).


35 millones. Así, a la intemperie, la cifra no dice nada. Podría ser el precio del último lateral izquierdo de reparto fichado por el Barça. Un titular muy de bufanda diría que los azulgrana se retiran de la Champions para centrarse en el doblete casero. Los de Valverde viajaron a Roma para cumplir con un trámite, el trago burocrático de unos cuartos que eran una bicoca, una obligación a desgana, y se trajeron un revolcón con sonrojo, recuperando su genoma tradicional, el que dice que los culés no saben ganar si no hacen de su fútbol de autor un arte, y recobrando de paso su antigua condición de loser continental (1). Pero no sólo de fútbol vive la prensa. Los 35 millones hacen referencia al lenguaje, en concreto a la diferencia abismal en el número de palabras que los niños de cuatro años han escuchado en función de su estatus socioeconómico, según el estudio Diferencias significativas en la experiencia cotidiana de los niños pequeños. El fenómeno o la lacra viene acuñado por los investigadores como La catástrofe temprana, una tesis de corte determinista que vincula las capacidades lingüísticas y cognitivas de los jóvenes al bolsillo de sus progenitores (2).

Mientras eso ocurre, en algún lugar del Matarraña, Donald Trump Jr. desconecta y se relaja cazando cabras (3). "Nunca seré del partido apocalíptico", reivindica Manuel Rivas, quien a los veinte años fue acusado de un delito de sedición por publicar una noticia sobre la intoxicación de unos soldados en un cuartel de La Coruña. Ahora saca ensayo, Contra todo esto, su particular ajuste de cuentas con una actualidad que le avergüenza, "una acumulación de cosas me hizo sentirme en un país que se hundía en el bochorno" (4), aunque sin ceder nunca al desánimo. 

Entre los destellos, historias como la de Phiona Mutesi, el prodigio del ajedrez de Katwe, el mayor barrio marginal de Kampala. Ella inspiró la película de Disney La reina de Katwe, y ahora todos los niños ugandeses, carcomidos de hambre en un país donde un rolex no es otra cosa que un rollito de verdura, pretenden imitarla (5). Un final feliz de esos que tanto encandilan a Hollywood, meca ilusionista de una realidad calada de hackers y marcas.

Precisamente, The Hackers News lanzaba la voz de alarma: el Despacito de Luis Fonsi había sido borrado de la faz de Youtube. En su lugar, un fotograma de la serie La casa de papel, en el que unos ladrones con mono de presidiario y máscara de Dalí apuntan a cámara. El de Fonsi, con sus más de cinco millones de visualizaciones, no es el único vídeo caído, Shakira, por si tuviera poco con el enfado de Piqué por la eliminación europea, también se ha visto afectada (6)
Unos hackers han hecho desaparecer de la faz de Youtube el Despacito de Luis Fonsi 
Contra los vaivenes del destino, El Corte Inglés presenta el primer seguro que "premia un estilo de vida saludable", vinculando el precio de la póliza a los hábitos de sus clientes. A saber: si el asegurado es capaz de caminar un mínimo de 10.000 pasos diarios, recibirá un descuento trimestral de diez euros canjeables en sus comercios (7). Mercadotecnia de última generación, similar a la de IKEA, que ha logrado abducir de tal modo a los milennials que ya bautizan a sus retoños con nombre de estantería. Así lo atestigua la popular web británica para padres, BabyCenter, que, además, desgrana los motivos: "Los nombres de los muebles se han vuelto icónicos por su escandinava sonoridad y su tendencia al género neutro tan valorado entre los hispsters" (8). Para Quim Monzó, la multinacional sueca, garante de las repúblicas independientes de andar por casa, tiene otras connotaciones literarias: "El Nobel es el IKEA de la literatura", una especie de Eurovisión de las letras con persistente fragancia de amaño (9). En Yorokobu, un titular desconcertante: Occidente está perdiendo el olfato (10). En un artículo en la revista Time, la investigadora Asifa Majid comenta que mientras para los occidentales es cada vez más complejo diferenciar olores, para las tribus de cazadores recolectores de Malasia referirse a un olor es algo tan sencillo como identificar un color. Para Majid, el distanciamiento de los olores por parte del mundo occidental arrancó con la Revolución Industrial. Desde entonces los olores o se eliminan o se enmascaran. El profesor de Sociología de la London University, Anthony Synnot, añade un componente moral a los aromas, que también pueden ser buenos o malos. En este sentido los olores pueden llegar a indicar diferencias de clase. Por lo visto los estadounidenses son los más obsesivos en este aspecto. Entre perfumes, detergentes, ambientadores... dedican más de 240.000 millones de dólares anuales a la desodorización.
Está de moda entre los millennials poner a sus hijos nombres de muebles de IKEA, según una web británica
Aunque no hay estudios sobre el tema, tiempo al tiempo, de haberlo sabido, los creadores de Stonehenge o de los geoglifos de Nazca, cuyas obras son ahora revisadas, suponemos que se habrían llevado las manos a la cabeza. Otra tesis sugiere que hace cinco millones de años, una megainundación en forma de cascada rellenó el Mediterráneo en menos 24 meses. (No sabemos si para su exposición en público, los expertos tiraron de archivo y rescataron las inolvidables imágenes de las aguas abiertas del Mar Rojo en Los diez Mandamientos). 

En otro artículo, parece que los científicos buscan la gloria mediática en martes, Paul O Higgins, profesor de Anatomía en York, señala que las cejas fueron clave en la evolución humana, su movilidad permitió a los humanos modernos ampliar sus habilidades comunicativas y entretejer nuevas redes sociales (Mark Zuckeberg toma nota desde el Senado de los Estados Unidos). En El Periódico, el líder soviético Breznev, junto a Zapatero y Frida Kahlo, ilustran el tema. Si me vieran el ceño mientras escribo esto, entenderían de lo que hablo.



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