sábado, 20 de noviembre de 2021

El sexto sentido

De todos los sentidos, ya ven, el común quizá sea el más necesario. Lo sabríamos con un poco más de Filosofía en los institutos, pero claro, eso nos llevaría al pensamiento crítico, a la duda razonable, a la pregunta incómoda, a todo ese jaleo de inquietudes que no caben en un informe Pisa



Semana de aquelarres y plagas. Llueven escorpiones en Asuán y migran los cangrejos gigantes en la isla de Navidad, hay quien declararía inconstitucional cualquier mitin con más de cinco féminas, sólo falta el báculo de Aarón tiñendo de carmesí las aguas del Nilo. Y la robótica se subleva. Ramses versus Terminator o, si lo prefieren, Yul Brynner contra Schwarzenegger, cuando el presente se aburre de sí mismo se pone a jugar con el calendario, que es un algoritmo que nunca falla. La última investigación sobre la capacidad ética de las máquinas (proyecto Delphi), según cuentan, ha sido un fiasco. El problema, por lo visto, es que el cacharro, después de horas y horas en internet, recopilando datos para forjarse un carácter bonachón, resulta que al final se ha vuelto racista, misógino y medio macarra. ¡Menuda sorpresa! Todo un equipo de científicos -con sus batas, sus diplomas y sus dioptrías de tanto leer a Asimov- para averiguar que si dejas solo al hijo de Robocop, aprendiendo todas las virtudes habidas y por haber en la Forocoches School de turno, lo más probable es que acabe votando a Trump. De todos los sentidos, ya ven, el común quizá sea el más necesario. Lo sabríamos con un poco más de Filosofía en los institutos, pero claro, eso nos llevaría al pensamiento crítico, a la duda razonable, a la pregunta incómoda, a todo ese jaleo de inquietudes que no caben en un informe Pisa. Suponemos, por ejemplo, que tendrá su lógica apostar por la Ley de Memoria justo ahora que la memoria se arrincona en los planes de estudio. Tendrá su lógica, digo, pero yo no se la encuentro. A no ser que estemos en la cháchara nuestra de cada día. Primero fue el Latín, luego la Historia y ahora la Filosofía. Con tanta exigencia educativa, ya no nos sorprende que todo un líder de la oposición apague la energía solar cuando sale Casimiro. Sí, ya sé que Pablo Casado se refería a que las formas de almacenamiento, a día de hoy, todavía son escasas y, a menudo, caras. Lo sé, o lo intuyo, porque decirlo no lo dijo, sólo hizo la gracia. Y ese es el problema, precisamente, que una parte de la política se ha vuelto chiste. A este paso, más que a partidos políticos vamos a votar a chirigotas. Verán qué risa al final de la película.


NOTA DEL AUTOR: El próximo sábado no habrá 'Brucelee' por un motivo muy especial: el blog se nos ha hecho libro, una selección con los mejores artículos publicados en este blog y otros medios, más las píldoras de opinión que se han emitido en Onda Cero Tarragona. Es un buen momento para agradeceros todo el apoyo recibido durante estos años. Si os apetece y os pilla de camino, estáis invitados a la presentación. (También podéis reservar vuestro ejemplar a través del mail bruceleemagazin@gmail.com). Lo dicho, muchas gracias. Nos vemos.











sábado, 13 de noviembre de 2021

Volcanes, metaversos y hormigas de felpa

Se habla mucho de la contaminación de los océanos, de los microplásticos que van a parar a las tripas de nuestros atunes, pero poco, muy poco, de los microsueños que se ahogan cuando se hunde un cayuco y que luego nos comemos cada vez que pedimos una lubina al horno





Un equipo de arqueólogos acaba de encontrar un piso patera en Pompeya. 16 metros cuadrados, tres camastros, algún orinal y un ventanuco para no asfixiarse. El cuartucho, que servía de almacén y vivienda para esclavos, formaba parte de los establos de una lujosa villa (Civita Giuliana) donde hace apenas unos meses apareció un carromato de gama alta -algo así como un Ferrari romano-. Ya ven que poco ha cambiado el fotocasa de los pobres en los últimos dos mil años. Los volcanes también sirven para eso, para ofrecernos una foto finish de la catadura moral de cada momento. Hace unos días, el debate en La Palma se centró en la necesidad de rescatar a unos perros atrapados por la lava. Por supuesto que merecía la pena salvar a los animales -sólo faltaría-, el problema es que ese mismo debate no parece tan urgente cuando a escasas millas, día sí día también, se hunde un cayuco repleto de inmigrantes estafados por las mafias, muchos de ellos menores, de lo que se desprende que, para ciertos guardacostas, la vida de un perro vale más que la de un africano, por ejemplo. 

Del mismo modo, se habla con verdadera vehemencia de la contaminación de los océanos, de los microplásticos que van a parar a las tripas de nuestros atunes, pero poco, muy poco, de los microsueños que se han ahogado y que luego nos comemos cada vez que pedimos una lubina al horno. Y quien dice Canarias, dice Bielorrusia y Polonia. En el bosque de Bialowieza, donde ya murieron de frío las víctimas del nazismo o del régimen soviético, se hacinan este invierno los inmigrantes que Lukashenko agita contra Europa. Lo hemos visto otras veces. Turquía enviando refugiados a la frontera con Grecia, o Marruecos jaleando la entrada irregular de jóvenes en Ceuta; el uso de las migraciones como chantaje político es el último eslabón de los canallas. La Convención de Ginebra, si acaso, la dejamos para el próximo Vesubio. 

Los nuevos tiranos saben que nos da tanto miedo ser pobres, o parecerlo, que seríamos capaces de cualquier metaverso con tal de seguir habitando la parte noble de la casa, donde caducan los yogures y las vacunas. La fórmula es sencilla y está arrasando en más de medio planeta: "gente asustada + inmigrantes + populismo = extrema derecha y democracia en crisis" (lo desgrana Íñigo Domínguez en El País). Y ahora, ya podemos presumir de libertades en El Hormiguero.




sábado, 6 de noviembre de 2021

Resacón en Glasgow

Cuando alguien pone el dedo en la llaga y quiere regular ciertas juergas, rápidamente aparece el demagogo de turno para hacer campaña. Por eso, los políticos nunca se han tomado demasiado en serio el futuro de sus tataranietos. Porque no da votos. Y, a menudo, los quita



Ha sido morirse Georgie Dann y bajar los termómetros. Por ese orden. Quiero decir que intervienen tantos factores en el cambio climático -los que se conocen y los que se disimulan: la fabricación de las baterías de los coches eléctricos, por ejemplo, el fenomenal consumo en streaming o el irrenunciable turismo low cost- que va a ser difícil que en Glasgow se pongan de acuerdo. A Glasgow, sobre todo, se va a ganar copas de Europa. Lo saben los madridistas. En Glasglow, contra el Lerverkusen, cayó la novena, que suena a sinfonía, con golazo de Zidane para la videoteca. Zidane fue un hacedor de voleas. Corrían otros tiempos con más trajín económico. Creíamos, todavía, que bastaba con dejar la laca para salvar la capa de ozono. Ya hemos visto que no. Harán falta más esfuerzos, y ahí entran los gobiernos, pero a ver quién es el listo que sacrifica su propia nómina. Una cosa es dejar de cardarse el pelo -postureo de primer grado- y otra, muy distinta, renunciar a unas vacaciones inolvidables en la Conchinchina. También hablo de los jóvenes de la casa. Existe toda una grada de animación infantil que, al apagarse el botellón, se agarra a cualquier gretarismo urgente. Además, la transición a las renovables sale por un pico que siempre acaba en algún recibo. Para colmo, mientras usted se mortifica reciclando en colorines, los grandes mandatarios, comprometidos a más no poder con la causa, viajan a la cita en jet privado. Y luego está lo de la cachimba de las libertades. Cuando alguien pone el dedo en la llaga y quiere regular ciertas juergas, rápidamente aparece el demagogo de turno para hacer campaña. Por eso, los políticos nunca se han tomado demasiado en serio el futuro de sus tataranietos. Porque no da votos. Y, a menudo, los quita. Mejor, sin duda, la promesa de los protocolos, las pelis comerciales, las cumbres por incumplir y el resacón de dióxido. Es la sociedad que toca, donde todo el conocimiento del mundo, el de la Wikipedia, según calcula un ingeniero en El País, pesaría unos 50 kilos. En boxeo, menos que un peso mosca.