sábado, 30 de octubre de 2021

El PP y la fábrica de chocolate

Del comunismo o hamburguesas hemos pasado al comunismo o chuches. La libertad para algunos consiste, básicamente, en hincharse a phoskitos y chuletones. Son los mismos que quieren pimplar lo que haga falta antes de coger el coche



El día menos pensado, volvemos a la lumbre. Lo dice Austria, y aquí el periodismo de relumbrón se echa al monte. En los colegios, los niños aprenden a improvisar calabazas de queroseno por si llega la noche de los tiempos. Es Jalogüin y en Jalogüin se abre la veda del susto y el cambio de hora. El cambio de hora, de momento, no es inconstitucional. Las plusvalías municipales, por lo visto, sí. Plusvalía es un concepto de otro siglo, pero es que hay palabras como inflación que nunca pasan de moda. Con la sentencia, los ayuntamientos -pena, penita, pena- pierden su segunda fuente de ingresos. Traducido a la economía peninsular, vendrán otros sablazos que darán más miedo. Y todo, mientras el gobierno prohíbe la publicidad de bollería industrial y pseudozumos en horario de infancias. Esto ya lo hemos vivido antes. Sí, sí. Fue con las casas de apuestas. Y luego con aquello de la carne. ¿Cómo era? Comunismo o hamburguesas. ¿Y ahora? ¡Comunismo o chuches! Menuda martingala. La libertad para algunos consiste, básicamente, en hincharse a phoskitos. Son los mismos que quieren pimplar lo que haga falta antes de coger el coche. Los mismitos que todavía no aceptan eso de no poder fumarse un habano mientras corre el licor de la sobremesa. O los que se ríen del cambio climático porque es un invento de cuatro ecologistas de manicomio. La medida no es el milagro antigrasa, de acuerdo, pero es un gesto para señalar un problema, la obesidad infantil, que no debería servir para tanto chiste. Ni siquiera en un país modernete. No se extrañen si a partir de ahora Madrid se convierte en la capital del turismo de golosina. Jugar con la salud de los demás, sobre todo si son menores, siempre ha sido una franquicia muy boyante. Si hacemos caso de Ayuso y compañía habrá que incentivar la apertura de nuevas tiendas de gominolas a las puertas de los institutos. La reforma del local, eso sí, mejor en negro.



sábado, 23 de octubre de 2021

Micromanía

Tenemos un problema con los aniversarios. Cuando llega la hora nunca sabemos qué tipo de homenaje ponernos para la cita. Ocurre en los países que no asimilan su historia. Todo se vuelve canción ligera



Tenemos un problema con los aniversarios. Cuando llega la hora de la fecha exacta nunca sabemos qué tipo de homenaje ponernos para la cita. Ocurre en los países que no asimilan su historia. Todo se vuelve canción ligera. Lo hemos visto esta semana. Se cumplen 20 años de OT y no queda claro si toca alegrarse por el éxito de Bisbal o indignarse por el ostracismo de Naím Thomas. Lo único evidente de todo aquello es que ya hace 20 años que se nos desató el talentese atajo donde desfogar ilusiones a falta de expectativas en la vidaDe la noche a la mañana, como por arte del prime time, cambió por completo nuestra visión de la música. Fue la democratización del karaoke, una meritocracia subliminal a base de blanqueador dental, dieta de la alcachofa y coreografía de final de curso. Lo que antes se hacía a solas, en la intimidad del espejo o cocinando unas alubias, con la ventana del tragaluz de par en par, ahora tenía lentejuelas de plató con gorgorito envolvente. Cualquiera, desde el hijo del chófer a la violetera de la esquina, podía lucir doble disco de platino en el currículo. ¿Y el cantautor? Deshojando tugurios. Sólo había triunfitos versus Guadalix de la Sierra, o lo que es lo mismo, las dos Españas de siempre enfrentadas por el televoto que, para más inri, maneja la misma megaproductora, Endemol Shine Iberia, dueña absoluta de las audiencias. Y lo que sirve para la audiencia también funciona para la bulla metódica del congreso. Era la nueva versión del desarrollismo, ya saben, balances con mucho photoshop y comisiones a destajo; la matraca del ¿estudias o cantas?, el escenario perfecto para morir de éxito. Y fue así como empezamos a creer en las rotondas, que es otra manera de no salir del bucle.




sábado, 16 de octubre de 2021

El juego del cefalópodo

Los niños en las escuelas declinan el cancela cancelae igual que antes declinaban el censura censurae. El nuevo latín es una lengua de imitación que se propaga por las redes como una infamia barata



Los niños en las escuelas declinan el cancela cancelae igual que antes declinaban el censura censurae. El nuevo latín es una lengua de imitación que se propaga por las redes como una infamia barata. No hay semana sin bochorno. Esta vez ha sido el prestigioso compositor Bright Sheng, profesor de Música de la Universidad de Michigan, que tuvo la fatal ocurrencia de proyectar en clase el Otelo interpretado por Laurence Olivier, un actor blanco pasado por betún, todo un insulto en la última versión descargable de los Estados Unidos, lo que ha provocado la denuncia de los alumnos, defensores acérrimos de cargarse cualquier clásico que no comulgue con la estrechez de su credo. 

De nada sirve que Bright Sheng (ganador de la beca MacArthur y doble finalista de los premios Pulitzer de la Música) escogiera la película en cuestión "por ser una de las más fieles a Shakespeare"; a la universidad de ahora se va, sobre todo, para sacarse un máster en intransigencias y a gastar mucho boli rojo. Que se lo digan a los Rolling. Para ahorrarse la bronca, han eliminado Brown sugar de su repertorio. Nadie está a salvo. A no ser que hablemos de fútbol. Ahí se gasta otro cuajo. Si un jeque compra nuestro equipo, da igual que esté implicado en el descuartizamiento de un periodista crítico con su régimen. Ha ocurrido con el Newcastle. Me refiero al asesinato de Jamal Khashoggi, un asuntillo menor cuando se trata de fichar delanteros que marquen muchos goles. 

Contra ese doble rasero de parvulario, y contra la estupidez humana en general, antes teníamos el oxígeno de las letras. Y digo antes, porque la literatura también va cediendo. El Premio Planeta (el mejor pagado del mundo, un millón de euros, lo que cobra cualquier canterano zurdo por calzarse las botas) ha recaído en tres guionistas que firmaban bajo el pseudónimo de Carmen Mola para la competencia. Son: el creador de Hospital Central, el guionista de Sin tetas no hay paraíso y el dialoguista de Acacias 38. O lo que es lo mismo, Antonio Mercero (hijo del mítico director de Verano Azul y Farmacia de Guardia), Agustín Martínez y Jorge Díaz, tres superventas de novela policiaca. Que a esta hora, todavía no haya radicales quemando la camiseta de Carmen Mola, cuando vestía los colores de Penguin, demuestra que la literatura no es un deporte de masas. 

En cualquier caso, Planeta no engaña a nadie. Hace unos años ya firmó un acuerdo con Netflix para publicar libros basados en series. Y por ahí andan, buscando novelas que entretengan a los lectores como Ibai Llanos y Piqué con el Mundial de Globos. Alfonso Guerra, descamisao por la gracia de España, lo dejó muy claro el otro día en la Cope: "Hay personas, algunas personas, que abuchean a un presidente y aplauden a una cabra. Cada uno elige quién le representa mejor". 








sábado, 9 de octubre de 2021

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

Los Papeles de Pandora son la segunda entrega de los Papeles de Panamá, una repetición del chanchullo, por eso ya no indignan a casi nadie, porque este desfalco ya lo hemos visto antes. Lo que nos jode es que algunos trileros vayan impartiendo clases de ciudadanía 



Tenemos a un campeón de los superligeros, Manny Pacquiao, con ganas de convertirse en el próximo presidente de Filipinas, y a un concejal del PSC atracando un taxi a punta de pistola, todo el mundo busca un segundo empleo por si los Next Generation, con su pedrea, no tocan en nuestra administración de loterías. Hasta las catedrales. Ahí tienen la de Toledo, convertida en plató de dirty dancing en el nuevo videoclip de Nathy Peluso y C. Tangana. Jugada maestra, la canción ya lleva tropecientas descargas. Lo que son las modas, con sus verbos recién tuneados, antes, la música se escuchaba, ahora se descarga igual que un camión de hortalizas. 

En otoño, cabe cualquier hiperrealismo, porque otoño es la resaca de otro verano que se archiva, como una causa innoble, y lo peor que puede pasar es que se caiga Facebook o que Instagram se haga un esguince y nos deje sin alcahuetear el último posado de Edurne, por ejemplo. De toda la vida, se han caído las ramas de los chopos, los cómicos en el cine mudo o los abuelos justo antes de quebrarse para siempre. Ahora, sin embargo, se caen las quimeras, que van necesitando su prótesis de titanio y populismo para mantener su reputación intacta. 

Decíamos, pues, que sin redes no hay paraíso. Y sin dinero, tampoco. La prueba son todos esos tiparracos que esconden los billetes bajo el primer cocotero que encuentran. Los Papeles de Pandora, en cierto sentido, son la segunda entrega de los Papeles de Panamá, una repetición del chanchullo, por eso ya no indignan a casi nadie, porque este desfalco ya lo hemos visto antes. Lo que nos jode es que algunos trileros vayan impartiendo clases de ciudadanía. Y ya que hablamos de pantomimas, ¿qué me dicen del Nobel de Literatura? No hay manera de acertar una quiniela. Será que la mala suerte siempre sonríe a los mismos. 






sábado, 2 de octubre de 2021

El pijoaparte y otros oficios

 Así llega este entretiempo, con políticos que escriben y escritores que dan la brasa



Octubre. Se caen las hojas de los periódicos y un manto de noticias cruje bajo la indiferencia de los niños. Octubre, decíamos, es un mes que va perdiendo fuelle. Empezó octavo y ya es el décimo, o sea, antepenúltimo. ¡Ay los césares!, aparcan su nombre donde les da la gana. Del calendario romano pasamos al juliano. Luego vino el gregoriano para decorar las paredes de los talleres con sus chicas en cueros. El gregoriano, que es el nuestro, se acordó en un concilio, el de Trento, donde el palique fue muy solemne, como en el congreso del PP estos días, pero con más chicha. En la reunión de amigotes de Pablo Casado faltaba Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid es una influencer a tiempo completo, y ya saben que en la influencia importa mucho el decorado. Faltaba Ayuso, que está de gira por los Estados Unidos, y ha sobrado Sarkozy. La estrella invitada ha salido meme. Resumiéndolo a saco: el modelo a seguir, por lo visto, es un expresidente condenado por financiación ilegal y tráfico de influencias. En fin. También pasaba por allí Vargas Llosa. El Premio Nobel de Literatura sigue empeñado en enseñarnos cómo se vota, la misma semana que José Luis Rodríguez Zapatero publica ensayo sobre Borges. 

Así llega este entretiempo, con políticos que escriben y escritores que dan la brasa. Todo es cultura, incluida la propuesta esa de trabajar hasta los 75. La soltó el ministro de la Seguridad Social, argumentando que en España, vaya por Dios, "hace falta un cambio cultural", porque la cultura, como dice Javier Pérez Andújar, se ha convertido en la coartada perfecta. Y los chavales toman nota. De repente, hay un boom de la FP en España. Los jóvenes quieren ganarse la vida de lo que sea. Llegar a los 80, como mínimo, siendo productivos. Y ahora que el mensaje por fin ha calado, resulta que no hay plazas para todo el mundo. Antes había que hacer cola para una operación de menisco o para comprar un décimo en Doña Manolita; ahora, además, toca esperar para ser mecánico. Puede que la libertad también fuera esto, elegir la cola o el botellón donde echar el rato mientras alguien se preocupa, de una vez por todas y sin amarillismos, de los jóvenes en este país.