miércoles, 28 de abril de 2021

Si esto es una campaña

Cuando se pone precio a la solidaridad es que algo está muy roto. Se está más cerca del wéstern que de los derechos humanos



Dice Vox que lo de las balas (las que han recibido Pablo Iglesias, la directora de la Guardia Civil y Marlaska) suena a montaje, como cuando a una famosa le roban un toples y luego se chiva un paparazzi de que todo aquello estaba pactado para repartirse un dinerillo. Por esa regla, la navaja a Reyes Maroto y el sobre dirigido a Isabel Díaz Ayuso también forman parte del mismo atrezo. Así se banaliza la amenaza en un país que viene de donde viene y que, por lo tanto, debería estar más atento al auge de cualquier delirio. La violencia no admite dobleces. Y menos, de siglas. Se condena sin matices, sea quien sea el destinatario, porque lo que está en juego no es la libertad, es la convivencia, que empieza a desmoronarse cuando el fango se desboca. Y es cierto que una parte de la izquierda ha promocionado el meme del ketchup en otras bullas, cuando la piedra estaba en el otro bando del mitin, pero ni eso debería servir de relajante democrático. Al revés. Quien suele desgañitarse contra cualquier conato de desobediencia no debería justificar este retroceso.

Lo que le ocurre a Vox es que ya no le queda ni el papel de víctima. Pasa cuando te lo juegas todo al adoquín y después resulta que la campaña va de pólvora. El órdago se resiente. ¿Saben cuántas páginas tiene el programa de Rocío Monasterio para estas elecciones? Una. En concreto, son diez puntos. Y ¿saben qué propone en materia de corrupción, sanidad -sí, he dicho sanidad- o cultura? ¡Nada! Por eso toca reventar el debate. Es de primero de trumpismo. Como lo de Isabel Díaz Ayuso dando lecciones sanitarias a pesar de los datos o menospreciando a "los mantenidos" del sistema. Olvida la presidenta que los comedores sociales y Cáritas se multiplicaron en tiempos de Rajoy. ¡Y sin pandemia! 

Pero no hace falta irse tan lejos. Hace cuatro días, a un futbolista estuvieron a punto de meterle un puro de cinco años por llamar "negro de mierda" a un rival, y ahora todo un partido se presenta a unas autonómicas con la misma cartelería y no pasa nada. Puede que el fútbol tenga más principios que algunos políticos. También es verdad que la propaganda de Vox en la boca del metro no dice "mena de mierda", pero aparece una cifra, el gasto (aquí por lo visto no hay montaje que valga) que le supone al estado un menor de edad inmigrante y sin padres. Eso de calcular lo que cuestan ciertos colectivos ya se ha hecho antes, repasen la historia. Lean, lean. Cuando se pone precio a la solidaridad es que algo está muy roto. Se está más cerca del wéstern que de los derechos humanos. A lo mejor la pregunta no es cuánto le cuesta un mena a los madrileños sino por cuánto le sale a la democracia un partido de ultraderecha.


 

miércoles, 21 de abril de 2021

Apadrina a un superrico

Para eso sirve una Superliga, para que los balones de oro tengan cubiertos sus caprichos básicos: chaletazo, yate con mucha eslora y colección de Ferraris. Si fuera al revés, o sea, un campeonato donde sólo participaran equipos con césped sintético, sería comunismo



Otra vez el fútbol. A Miguel Bosé y a Rocío Carrasco les debemos que no todo sean los Madriles, y a Florentino Pérez, que nos haya salvado el fútbol (o intentado al menos). El presidente del Real Madrid abanderaba la revolución de los clubes pijos que no llegan a final de mes con todo esto de la pandemia, un cisma que ha durado menos que el 23-F, pero del que hablarán los libros de Historia cuando se desclasifiquen los guasapsDe ésta, recuerden, íbamos a salir mejores, más solidarios -¡JA!-, y casi nos cuelan una Superliga premium a un módico precio.

Hace cuatro años, cuando Kylian Mbappé fichó por el PSG exigía, según Football Leakscosas tan comunes como un jet privado. Para eso sirve una Superliga, para que los balones de oro tengan cubiertos sus caprichos básicos. Esto es: chaletazo, mujer florero, yate con mucha eslora y colección de Ferraris. Lo típico. Por eso Florentino -¡Hala Madrid!- necesita la pasta. Si a eso le añadimos que al Real Madrid le aburre jugar en Ipurua porque no hay huevas de arenque rojo para picar en el descanso, ya tenemos coartada, y de paso, nos ahorramos el ridículo de otro alcoyonazo. 

Para algunos, la libertad consiste en eso, en mucha juerga privada, pase VIP y segurata en la puerta. Eso sí, dejando entrar, de vez en cuando, a tres o cuatro equipos modestos para que se hagan un selfi y puedan explicárselo a sus nietos. Sorprende además que Barça y Madrid, enemigos hasta la médula, vayan de la mano, la pela es la pela, de Chamartín a Kuala Lumpur. Nada de racionalizar los gastos, ajustar las comisiones o viajar menos por eso del cambio climático. Mucho me temo que las crisis son cosa de pobres. Si fuera al revés, o sea, un campeonato donde sólo participaran equipos con césped sintético, sería comunismo. 

Y la FIFA y la UEFA, que aspiran al mismo saqueo, se han ofendido. Quizá, lo peor de tanto chanchullo es que la otra alternativa también es un asco. Ahí tienen el mundial de Catar, con sus miles de muertos. Por cierto, ¿saben quién disputa las semifinales de la Champions este año? Los dos equipos de jeques (City y PSG), el Chelsea, propiedad de un magnate ruso, y el Real Madrid de Florentino. Así que menos romanticismos. Cuando un padre apunta a su hijo a una escuela de fútbol no lo hace para que aprenda ética sino más bien valores de mercado. Ahora que se cuelga cualquier chorrada en las estaciones de metro madrileñas, sería bueno decir alguna verdad, por ejemplo, que la banca siempre gana.


miércoles, 14 de abril de 2021

De Caravaggio al coche fantástico (teoría muy breve del disparate económico)

Cuando en 2008, el Arias Navarro de turno salió a decir: españoles, el capitalismo ha muerto, se cubrió de gloria. No, no estaba muerto, estaba de parranda, por citar a un clásico



Ocurre cada cierto tiempo que, de repente, una familia descubre que tiene un caravaggio colgado en el salón de casa. Toda la vida pensando que ese cuadro no pegaba con el muaré de las cortinas y, justo cuando te da por subirlo a Wallapop, pongamos que a 1.500 euros, resulta que viene el ministerio, el de Cultura, ni más ni menos, y te dice que nanay, que eso tiene pinta de caravaggismo napolitano y, que en caso de confirmarse la autoría, en vez de 1.500 pavos, costará lo mismo que un delantero del Borussia Dortmund. 

¿Qué ha pasado entonces? ¿Acaso no estamos hablando del mismo cuadro? Pues una cuestión de firma, o sea, de marca. Si la pintura fuese de Perico de los Palotes, nadie querría un selfi, lo más probable es que estuviera muerta de risa en algún almacén del Reto, pero como puede ser obra de Caravaggio, lo más parecido a un influencer barroco, toca vacilar de manto púrpura y tenebrismo. This is art. O mejor dicho, especulación financiera. No se me ocurre mejor modo de describir cómo está el patio económico. Para eso sirven las casas de subastas, que son como las casas de apuestas, pero con tres estrellas Michelin. 

Cuando en 2008, el Arias Navarro de turno salió a decir: españoles, el capitalismo ha muerto, se cubrió de gloria. No, no estaba muerto, estaba de parranda, por citar a un clásico. Lo siguiente fue aquello de "lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir", que lo mismo sirve de trola campechana que de reguetón bursátil. Pero, con el debido respeto, siempre hay alguien con un caravaggio en el salón de casa. Listo para dar el pelotazo. De hecho, cuando el presente se convierte en una sala de espera, se especula mucho con el papel cuché y con el teléfono móvil. Lo que no es cuchicheo es tecnología punta, de esa que llaman inteligente. El penúltimo invento, el coche sin conductor.

"El Parlamento europeo ha fijado el año 2030 como la fecha en que llegarán los vehículos completamente autónomos", informa La Vanguardia. A los que vimos El coche fantástico, la cosa no nos sorprende. En el fondo se trata de un coche fantástico pero con menos labia. Lo que sí que nos sorprendería, viendo cómo está el Pacto de Toledo, es poder jubilarnos. Luego, cuando ciertos bodrios saquen su escaño, siempre aparecerá el típico experto en movidas preguntándose ¿qué hace un populista como tú en un barrio como éste?




sábado, 10 de abril de 2021

Pressing catch

Para triunfar en política cada vez se necesita menos coeficiente. Basta con repetir mucho la misma simpleza o desplegar una lona del tamaño de Godzilla en los morros del adversario, como si gobernar fuera presidir un club de fútbol o anunciar la última serie de Netflix



Venimos diciendo que para triunfar en política cada vez se necesita menos coeficiente. Basta con repetir mucho la misma simpleza ("España nos roba"; "comunismo o libertad"), y, por supuesto, desplegar una lona del tamaño de una catedral gótica en los morros del adversario, como si gobernar fuera presidir un club de fútbol o anunciar la última serie de Netflix

Algo de eso tiene el mitin de Vox en Vallecas. En la Plaza Roja, ni más ni menos. Es como si Carrillo hubiese elegido el Valle de los Caídos para celebrar la legalización del partido comunista. Con una diferencia -sustancial- aquellos políticos buscaban la convivencia, estos, los actuales, ya han demostrado, sobradamente, que no. Y aún así, a pesar de la pobreza del espectáculo, cada cual tiene derecho a plantar su tenderete donde le dé la real gana. También de eso va la democracia. De respetar, incluso, a quien no respeta. De combatirlo con el don de la palabra. O de la indiferencia. De vencerlo donde se vencen a los rivales en las sociedades libres, o sea, en las urnas, a base de votos. Y si no se puede, toca hacer autocrítica. Entender qué está pasando para que haya tanto odio en las sobremesas. 

¿Recuerda alguien ni una sola idea pronunciada por Abascal durante el discurso? Sí, ya sé, que los menas son muy malos. ¡Toma repertorio! ¿Algo más? Que el glorioso imperio español se hizo añicos por culpa de la izquierda abertzale o que el chalé de Pablo Iglesias se financia con dinero del cine kurdo, vaya usted a saber. En la política ficción cabe cualquier bulería. El problema es que gracias al antifascismo cutre, Vox ya tiene su campaña a puntoY como ahora sólo existe Madrid en el noticiero (igual que hasta hace dos días todo era Cataluña), así no se habla, por ejemplo, del pitorreo del vacunódromo. 

De las tribus urbanas, ya lo ven, hemos pasado a los populismos. Cada hooligan reivindica su trocito de circo público. Vamos derechos al pressing catch, que es la batallita hecha franquicia. Así que harían bien los telediarios, al mostrar ciertas imágenes, de avisar a los niños con aquel viejo rótulo de la lucha libre: no intentes imitar en casa o en la escuela lo que ves en los mítines.




miércoles, 7 de abril de 2021

Su racismo, gracias

Lo que no tiene sentido es pedirle a un deportista más educación que a un diputado



Las Vegas y el fútbol comparten ley de la jungla. Lo que pasa en Las Vegas, se queda en las Vegas. Y lo que ocurre en un campo, son lances del juego. Ese mandamiento permite todo tipo de resacas, que van desde el desmadre de solteros a la lesión de tobillo pasando por el insulto racista. Veamos. Cádiz-Valencia. Jornada vigésimo novena de LaLiga. Minuto 36. Encontronazo de centrales en el Ramón de Carranza. Intercambio de piropos y en medio del flirteo un supuesto "negro de mierda". 

Pitote de los gordos. Amago del Valencia con pirarse. Temblor en las canillas de los patrocinadores, y vuelta al ruedo. Tres puntos son tres puntos. A partir de entonces, hinchas con ataques de epilepsia como si estuvieran viendo un episodio chungo de los Pokémon. ¿Dónde se ha visto nada parecido? ¿El fútbol racista? Menuda chorrada de antitaurinos. Eso es como decir que tiene un sesgo machista, o que es violento de vez en cuando. Pura calumnia. A los estadios, por supuesto, se va a aprender ciudadanía. Y como no hay pruebas, todo quedará en tertulia, que es el circo donde se resuelven todos los culebrones. ¿Y la presunción de inocencia? Para el bádminton.

Sorprende, además, la sanción a la que podría enfrentarse el jugador del Cádiz en caso de probarse el insulto, de dos a cinco años sin jugar. Pero más allá del castigo, ¿de veras queremos acabar con el racismo? Habrá que empezar por el congreso. Y no sólo por los ultras, también por los partidos que pactan con ellos. Si fuésemos tan rigurosos en democracia, no habría ni un discurso xenófobo. Así que menos paripés. Lo que no tiene sentido es pedirle a un deportista más educación que a un diputado. A este paso, ya lo verán, va a haber más respeto en un derbi de cadetes que en una sesión del hemiciclo.


(NOTA INFORMATIVA: Amigos, Facebook nos ha cerrado la página por "incumplir las normas de la comunidad" sin explicarnos cuáles. Como somos gente curiosa, nos hemos leído la normativa. Para inhabilitar una cuenta se habla de sexo explícito o de violencia extrema -justo lo que hacemos nosotros-. También, de usurpación de identidad, que, después de mucho cavilar, es el único capítulo que quizá incumplimos. Los de Zuckerberg, suponemos, se han creído que estamos suplantando a Bruce Lee, lo que no deja de ser inquietante. En fin... El blog permanece activo. También podéis seguirnos a través de Twitter. Gracias por leernos).