sábado, 27 de marzo de 2021

Metafísica para todos

Nos dijeron que el frotar se iba a acabar y desde entonces no ganamos para lavadoras. Ahora, la reforma educativa anuncia que el memorizar también se va a acabar, vayan ahorrando para iPhones



Hay épocas que son como un anuncio. La nuestra, sin ir más lejos. "El frotar se va a acabar", decía Wipp Express, y desde entonces no ganamos para lavadoras. Hace unos años, recuerdan, todo era exprés, empezando por la olla. Ahora tenemos la Thermomix, que es un robot de cocina, la Nespresso, el Roomba y, sobre todo, mucho premium, por aquello de que el tiempo es oro, palabra de Constantino. Amén. 

En ese vendernos algo, lo que sea, a toda costa, en ese trapicheo de cafeína y suavizantes, cabe también el último espasmo educativo, la Ley Celaá, que, si fuera un anuncio, diría algo así como "el memorizar se va a acabar". El otro día, durante la puesta de largo de los primeros pasos de la reforma (sí, ahora se hace un circo hasta del minuto y resultado de cualquier proyecto, será porque hay que justificar lo mucho que se curra en algunos despachos) la ministra lo dejó muy claro: "Ya no es suficiente el aprendizaje memorístico y acumulativo (...). España necesita ciudadanos dotados de competencias multifacéticas, interdisciplinares e integradas". O sea, Toni Cantó, por ejemplo. Faltó meter eso de la "transversalidad" y cantamos bingo. 

Harían bien los políticos en dejarse de milongas. La escuela, cada vez más, es el lugar donde aparcar al crío para que los padres puedan hacer el zoom tranquilos, como las residencias son el lugar donde aparcar al abuelo para poder seguir haciendo el zoom otro rato. No se trata de aprender y menos aún de formar a alumnos con un espíritu mínimamente crítico, de lo que se trata realmente es de pasar de cuartos en el mundial de PISA y celebrarlo en Cibeles con Pepe Reina gritando: "¡Camarero!", porque aquí, ya lo ven, estudiar idiomas sirve para eso, para atender a guiris en el Madrid libertario. No hay otra fuente de ingresos. Y en esa verbena, en ese FITUR nuestro de cada día, se va imponiendo la desmemoria, que es el mejor detergente para los trapos sucios. 

La memoria es lo que queda cuando ya sólo queda humo. Sin memoria, no hay hemeroteca y sin hemeroteca, estamos condenados a tragarnos cualquier sapo, que es el sueño de todo publicista. Lo hemos visto esta semana durante el juicio por la caja B. Nadie se acuerda de nada. Incluido Aznar, ese presidente que manejaba informes secretísimos sobre las armas de destrucción masiva en Irak pero que no tenía ni pajolera idea de lo que se cocía en su partido. Lo demás, como dice M. Rajoy, es "metafísicamente" imposible. 





miércoles, 24 de marzo de 2021

Esto no es una pipa

Ser joven en este país es una profesión sin futuro. Como la de sereno. De hecho, hay gente que lleva esperando desde el 2008 el momento oportuno para ser joven sin molestar mucho



Ser joven en este país es una profesión sin futuro. Como la de sereno. La juventud, por así decirlo, es un anuncio, pero el día a día es otra oficina que no comulga con la carne tersa. ¿A quién se le ocurre ponerse a ser joven con la que está cayendo? De hecho, hay gente que lleva esperando desde el 2008 el momento oportuno para ser joven sin molestar mucho. Cuando no es la quiebra de Lehman Brothers, es una sopa de murciélago, y ahora encima le dan matarile a Mujeres y hombres y viceversa, el único programa que ha hecho algo contra el paro juvenil (el otro fue Españoles en el mundo, el vente p'Alemania Pepe en versión punto cero). A falta de expectativas laborales, Telecinco ofrecía plató para dormir. Y tampoco se exigía un máster, algo que es de agradecer tal y como están los planes de estudio. Apenas, tableta de chocolate, pandero Kardashian y mucho like en el currículum. Durante trece años, hemos visto todas las posibilidades de la silicona. También las mentales. No había orgullo más grande para una madre que tener un hijo tronista, sólo comparable con que te llamen de la selección o con que te toque el ingreso mínimo vital. 

Entrar en el universo Mediaset es vivir del bolo, despellejar a quien se tercie y calzarse un polígrafo de vez en cuando si la economía se pone chunga. Es el atajo perfecto para llegar a montajista por la puerta grande. Con un poco de labia, uno podía pasar de viceverso a concursante, de concursante a colaborador y de colaborador a pantocrátor, como la princesa del pueblo. Cuantas más miserias por destapar, más posibilidades de ascenso. Es el modus operandi de la telebasura. Leña al mono. Luego, en función de las querellas, se fuma la pipa de la paz y se acuerda una cifra -la restitución del honor siempre tiene muchos ceros-. Así de sencillo. Y en esas llegamos a Rociíto. Otra forma de chupar de la teta. De repente media España es del Atlético Chipiona. Hasta ayer, Rocío Carrasco, la hija de la Jurado, era la peor madre del mundo porque lo decía Telecinco. Amén. Y Antonio David, su ex, un padre coraje. Ahora, resulta que no. El prime time tiene estos giros. De entrada, todo el respeto para la supuesta víctima, pero también un poco de presunción para el agresor, es de sentido común, sobre todo, porque existen dos sobreseimientos, y entre la toga y la inquisición, digo yo que mejor la primera.

Lo más preocupante, a pesar de todo, es que algunos profesionales se presten al circo. Incluida toda una ministra. La tele no tiene por qué ser creíble, pero la política debería parecerlo. Convertir a Rociíto de la noche a la mañana en el nuevo símbolo de la violencia de género es como reducir la libertad de expresión a un problema de raperos, o sea, confundir a la audiencia para evitar que se hable de otros temas. Ahí va uno, ¿por qué cierta juventud prefiere cornearse en un reality antes que estudiar medicina? Y si de lo que se trata es dar visibilidad, como dicen, en unos meses veremos los resultados. Si bajan las agresiones o suben las denuncias, porque muchas mujeres se ven con fuerza para denunciar gracias a la docuserie, habrá que ponerle un monumento a Vasile en el Ministerio de Igualdad. Mucho me temo que nadie hará el ejercicio de comparar los datos. El periodismo también va por otros derroteros. El clickbait, por ejemplo, que es como el televoto, requiere de ciertas dosis de sensacionalismo. Para entonces, Sálvame ya estará destripando a otra familia. Tiempo al tiempo.


sábado, 20 de marzo de 2021

El golpe

El problema de muchos cargos es que no caducan y uno puede llegar a pensarse que se heredan por vía intravenosa como cualquier cortijo



¿Se imaginan una Real Academia del Mangante con todos sus académicos discutiendo sobre las reglas de acentuación en los paraísos fiscales? Faltarían sillones. ¿Y qué me dicen de los discursos de ingreso? Tendrían que ser en streaming. Quién iba a perderse la lección de un chorizo sobre, qué sé yo, "El sentido poético del uso ilegítimo de las tarjetas black en la España dichosa" o "La reinterpretación del pucherazo en la economía de vanguardia". Existe todavía una escuela de saqueadores con mucho predicamento, piratas con ética de palo que se prodigan desde el palco del Bernabeu hasta la última sede provincial de veteranos de la brisca. 

Aquí para llegar lejos en la vida, o sea, para subir muy alto -porque el éxito todavía tiene cuajo de sindicato vertical-, hay que tomar el primer desvío de fondos que aconseja el mapa del tesoro. Lo digo por la última hora del chanchullo: "Los enfermeros se querellan contra su expresidente por saquear 20 millones de euros", según informa El Mundo (todo, claro está, con mucha presunción). Al parecer, el menda, que dirigió la entidad durante más de 30 años, habría utilizado dinero de la organización para sufragar todo tipo de gastos personales, que van, según detalla la denuncia, desde un piso para su hija hasta la carrera de Periodismo, pagada a tocateja, de la sobrina de otro colega en una universidad de altos vuelos. El problema de muchos cargos es que no caducan y uno puede llegar a pensarse que se heredan por vía intravenosa como cualquier cortijo. Luego llegan las confusiones. La primera vez que se utiliza la visa de empresa es para pagar una chocolatina en el Mercadona y, poco a poco, la pillería se va cronificando. Es curioso, sin embargo, que nunca ocurra lo mismo en sentido contrario. Me refiero a alguien que, entre tanto lío de huchas, ponga dinero de su propio bolsillo para sanear las cuentas públicas. Para colmo, entre lo que ha prescrito y lo que es interpretable, aquí no hay quien empapele a una mosca.

Paul Preston lo tituló Un pueblo traicionado. Valle-Inclán, en Luces de Bohemia, aún fue más duro: "En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo". Aunque el pelotazo es prepandémico, el asunto pasa de castaño porque hace ahora doce meses que los enfermeros, como el resto de sanitarios, tuvieron que enfrentarse a la peste con bolsas de basura por falta de medios.









miércoles, 17 de marzo de 2021

Antifascistas, fachas y viceversa

Mientras tanto, aquí se juega. Lo que no sé yo es si un país con la pandemia a medio hacer y la economía a punto de la necrológica está para estos trotes



Pablo Iglesias deja el gobierno para luchar contra la ultraderecha madrileña, los superhéroes tienen estas cosas, siempre guardan una misión extraordinaria en la chistera. La de Isabel Díaz Ayuso es frenar el comunismo. Ya tenemos taquillazo, que es la fórmula más comercial de capear el desastre comiendo palomitas. O dicho de otro modo, "socialismo o libertad", que es el ripio que se ha inventado la presidenta desde la trinchera noble de la historia, donde ya militan otras figuras del populismo mágico como Trump y Puigdemont. 

Reduciéndolo todo a este jardín de infancia, también cabe la otra mitad del cuento, mucho más realista, "socialismo o Gurtel", en palabras de Benjamín Prado. Resulta curioso, además, ver cómo defienden la libertad algunos. Hace poco más de un mes, la gerente de un hospital madrileño proponía quitarle el móvil a los enfermos para que no pudieran quejarse en caso de traslado (de alguna manera habrá que justificar el derroche mastodóntico del Zendal en plena crisis). Esa, precisamente, debe ser la libertad de la que hablan. O algo parecido.

Lo que se disputa el próximo 4 de mayo, ténganlo claro, es el partido de vuelta de las elecciones catalanas. Lo de Murcia sólo ha sido la excusa. Como Madrid no puede independizarse de sí mismo, y menos aún de España, se ha inventado su propio plebiscito, comunistas versus fascistas, así de currado. Con Ciudadanos discutiendo su epitafio, al PP no le queda otra, visto lo visto en Cataluña, que radicalizar su discurso si quiere competir con VOX, carne de su carne. 

Harían bien ciertos políticos en leer a David Trueba. Cito: "Ya lo verán, van a ser los anónimos sin brillo, una vez más, quienes salven el mundo". Mientras tanto, aquí se juega, que es lo que hacen los ludópatas cuando no quieren rendir cuentas. Lo que no sé yo es si un país con la pandemia a medio hacer y la economía a punto de la necrológica está para estos trotes. 





sábado, 13 de marzo de 2021

El síndrome de Terminator

En la nostalgia siempre cabe un negocio porque, a diferencia del futuro, todos tenemos un pasado



Que Laporta haya ganado las elecciones al Barça es todo un síntoma. Vuelve la nostalgia, si es que alguna vez se ha ido. La nostalgia, para quien no lo sepa todavía, es esa madalena que te da para escribir un novelón o para montar un grupo de Facebook sobre la EGB y vivir de las rentas. En la nostalgia, decíamos, siempre cabe un negocio porque, a diferencia del futuro, todos tenemos un pasado. Se trata pues de mitificarlo. Esto es, llenarlo de adornos, ya sea con un lote de productos de La Bella Easo, unos plastidecor o un par de orejonas. Por eso, la victoria de Joan Laporta merece un apunte. 

De entrada, sabemos que el periodismo, o una parte al menos, se ha vuelto deportivo, o sea, marcadamente partidista. Y desde hace unos años (más o menos, desde que Guardiola y Mourinho agarraron el micro y sentaron las bases de la dialéctica moderna en este país), la política no es otra cosa que una tertulia futbolera. Por lo que no resulta muy difícil prever el mapa meteorológico. Sobre todo ahora que entramos de lleno, si a la Justicia le parece, en la estación de las elecciones anticipadas. Y no, no es que vayan a volver a los escenarios José María Aznar o Felipe González (se está muy bien con un sueldo vitalicio y asesorando a eléctricas en los ratos libres), pero sí queda hueco para el revival ideológico. Además, los estrategas de turno ya han aprendido que en esta timba siempre gana el que va de farol. Y quien dice de farol, dice el que tiene la pancarta más grande, y si la planta en las mismísimas narices del vecino, ya ni te cuento, porque lo que se lleva es la bandera desplegable, el tuitazo o la jeta. Todo por hectáreas. Ya no hacen falta ideas, sólo personajes que animen el cotarro. Así de aburrida está la Liga a pesar de los tránsfugas.

Y siempre, no lo olviden, por amor a los colores, que soportan cualquier romanticismo, incluido aquel himno que hizo presidente de los Estados Unidos a Franklin D. Roosevelt durante la Gran Depresión, Happy days are here again. Lo cantó Aitana en los Goya, que también fueron nostálgicos. Que volveremos, como Terminator o como Laporta, está claro. Lo que está por ver es a qué precio. 






miércoles, 10 de marzo de 2021

El feminismo perjudica seriamente la salud (o eso querrían algunos)

Adonde no llega el riego sanguíneo, llega el machismo de secano, que más que una paja mental es un estado geológico



 

Dice Vox que el feminismo es "radical" y "violento", y yo creo que se queda corto. No hay más que ver ese chat de fanáticas que fantaseaba con cargarse a "26 millones de hijos de puta" (suponemos que machos ibéricos). ¡Ah, no!, que no eran feministas, eran exmilitares. Archivamos causa. Pues hablemos de todas esas manadas de chicas que violan al primer tío con el que se cruzan al caer la noche. ¿Tampoco? ¿Y qué me dicen de todos esos hombres que mueren cada año apuñalados por sus parejas? Sí, ya sé que existen casos -lamentables, por cierto-, pero comparen cifras (no los bulos de guasap) y verán que "la violencia" feminista, como poco, se resiente. Vayamos al deporte y a los cientos de batallas campales que se producen los fines de semana entre grupos de feminazis. Nada. Esperen un momento, no se marchen, todavía debe quedar el comodín de la pandemia, ahí va eso: culpables de la propagación del bicho por las manifestaciones del 8-M de 2020. Aquello, más allá de la maldita gracia, fue, sin duda, una bomba de relojería, pero como tantas otras cuando nos creíamos intocables. Hablo del Carnaval, apenas quince días antes, la Champions, los metros abarrotados, las terrazas de los bares o el botellón de Vistalegre, precisamente, contra el 8-M. 

Entonces, ¿de qué va esto? Pues de armar un poco de bulla. Adonde no llega el riego sanguíneo, llega el machismo de secano, que más que una paja mental es un estado geológico. Hay partidos que son una broma. Antes, cuando uno quería echarse unas risas, se compraba una cinta de Arévalo en la gasolinera. Ahora, los chistes, los pone Vox. El problema es de quien se los toma a pecho. Seguramente, tampoco ayuda a profundizar en el debate que exista un ministerio tan sobreactuado como el de Igualdad, que cada vez que propone una ley le sale un meme. Y en ese corral de comedias, al final el que pringa es el propio 8 de marzo, convertido, poco a poco, en una romería de zascas. Luego llega el 9-M, el 10-M, el 11-M... y el violeta va perdiendo tono. 

Lo que no es de recibo a estas alturas es que las mujeres tengan que acudir a la oficina de reclamaciones. Mientras tanto, si de lo que se trata es de reivindicar la fecha, en Telecinco triunfa el feminismo en tanga de la isla de los cuernos; en Antena3, la pasión turca, y los hinchas del PSG insultan a Shakira. Pero eso es secundario.



sábado, 6 de marzo de 2021

Mandanga style

Cerramos un año de mierda (perdón, quiero decir de pandemia) hablando de cloacas. Un atasco lleva a otro



Cerramos un año de mierda (perdón, quiero decir de pandemia) hablando de cloacas. Un atasco lleva a otro. Villarejo, nuestro 007 con licencia para grabar, o sea, nuestro comisario emérito, ha salido del talego, lo que en calé sería algo así como 'éramos pocos y se vacunaron las infantas'. En fútbol, cuando un jugador queda libre (en este caso en libertad condicional con medidas cautelares) significa que puede negociar con el primero que traiga un cheque. Pero esto no es la FIFA. ¿O sí? 

De repente, otra vez, una nube de periodistas merodeando una cárcel. Como en los viejos tiempos, cuando Prison Break era tendencia y los reporteros acampaban en Soto del Real. Cada época, ya ven, tiene sus decorados. Ahora, por ejemplo, somos especialistas en fachadas de hospitales universitarios. Hemos aprendido a distinguir entre el Gregorio Marañón y el 12 de Octubre por el color de sus ladrillos. Y en breve, tal y como está el asunto, seremos catedráticos en colas del hambre. Con ver el zócalo de Cáritas donde reparten comida sabremos en qué barrio está hoy la unidad móvil de Espejo Público.

El escenario perfecto para que cualquier criminóloga componga su Mandanga Style, plagado de injusticias. Con barco a la deriva y capitán de regalo. Y quien dice capitán, dice justiciero, tecnócrata o caudillo incapaz de ganar unas elecciones a delegado de clase. Por cierto, la última vez que en este país alguien sacó un hit con una barca a la deriva, fue Remedios Amaya en Eurovision. Y acabamos últimos. Spain zero points. Empatados con Turquía.




miércoles, 3 de marzo de 2021

Si lo sé no vengo

Hay dos profesiones en este país que no están lo suficientemente bien pagadas. La de rey y la de entrenador del Barça. Felipe VI y Ronald Koeman son dos sufridores (con permiso de los 4 millones de parados) que no ganan para disgustos



Hay dos profesiones en este país que no están lo suficientemente bien pagadas. La de rey y la de entrenador del Barça. Felipe VI y Ronald Koeman son dos sufridores (con permiso de los 4 millones de parados, de los 900.000 trabajadores en ERTE o de los 500.000 autónomos en cese de actividad) que no ganan para disgustos. Ambos están unidos por el espíritu del 92, el año del Cobi, la mascota de Mariscal para los Juegos de Barcelona, que a ojos de hoy, suena a COVID mal escrito. 

En aquel año, hace 29, ambos se convirtieron en símbolos. Koeman marcó el gol de Wembley, ya saben, la primera Copa de Europa para el Barça, el dream team y bla, bla, bla. Felipe VI, en aquel entonces Felipe a secas o príncipe Felipe, fue el abanderado olímpico y bla, bla, bla. Para colmo, Cuéntame, la serie que se ha convertido en la enciclopedia Espasa-Calpe de la televisión española, ha decidido por primera vez ligar pasado y futuro. Lo ha hecho esta temporada, donde alterna la vida de los Alcántara en 1992 con lo que queda de los Alcántara en la actualidad, que es un poco lo que queda de cada uno de nosotros mismos a 30 años vista. (Si quieren más coincidencias, hay tienen a Urdangarin, el eslabón perdido entre los azulgrana y la corona).

Decía, que por mucho que se esfuercen -suponemos que lo hacen- luego llega el dichoso entorno y desmonta el artilugio. Y así no hay manera de que luzca un posado en Marivent o un 3-5-2 frente al Sevilla. Cuando no es una cuenta en Suiza, son las infantas vacunándose por inercia en Abu Dabi, y cuando no, el Barçagate. Lo del fútbol se olvidará pronto, un par de fichajes y listo. Lo de la Casa Real tiene peor pinta. Se diría que los Borbones -una parte al menos- se han vuelto republicanos. Y si hay que montar otro 23-F para reivindicar el papel de la corona, no sé si sale a cuenta. También es mala suerte que justo ahora que se vislumbra una reina en la cadena sucesoria, se vaya a pique la monarquía. El heteropatriarcado es capaz de cualquier cosa con tal de cargarse el 8-M. 

Y así, mezclando churras con merinas, nos vamos olvidando de lo que realmente importa: los 4 millones de parados, los 900.000 trabajadores en ERTE o los 500.000 autónomos en cese de actividad... Y no es la cifra en sí, los 4 millones sólo son el anzuelo informativo. El gran problema de España es el paro. Y viene de lejos, por mucho que ahora nos pretendan colar que la culpa es de la pandemia. (O sea, del dichoso entorno). Cada vez que se nubla el cielo en este país o se constipa el ladrillo, automáticamente, se destruyen un millón de empleos. Y eso tiene que ver con el modelo económico, basado en el pelotazo. Y lo peor es que no hay gobierno que lo corrija.