sábado, 27 de febrero de 2021

Crónicas marcianas

Juan Carlos I sigue regularizando millones mientras Joe Biden regulariza (o promete que lo hará) inmigrantes. La diferencia entre billetes e inmigrantes es que unos viajan en jet y otros en patera



Juan Carlos I sigue regularizando millones mientras Joe Biden regulariza (o promete que lo hará) inmigrantes. La diferencia entre billetes e inmigrantes es que unos viajan en jet y otros en patera. Para juntar la pasta, 4,4 millones de euros, el emérito ha tirado de amigos, siguiendo el modelo que patentó Lola Flores, ya saben, la típica recolecta donde cada uno pone lo que lleva en el bolsillo. En verdad, uno no sabe qué clase de amigos tiene hasta que le toca pagar un pufo de Hacienda. En este sentido, ser rey, o miss Antequera, puede ser valioso porque la corona funciona como los donetes, es sacarla a relucir y te salen prestamistas por todas partes. No descarten tampoco que todo esto sea un montaje del CIS para catalogar monárquicos. 

En cualquier caso, la fecha de pago también tiene su qué, justo la semana en que se cumplen los 40 años del 23F, aquel día que Zarzuela tuvo una plaga de sobrecargas musculares por exceso de curro. El día, claro está, que triunfó la democracia. Esto es, también, el día en que los partidos políticos se convirtieron en las principales oficinas de empleo de este país. Lo digo por lo que ha ocurrido con el reparto de sillas en el consejo de administración de RTVE, que es más o menos lo mismo que ocurre con el Poder Judicial, que es más o menos lo mismo que ocurría con las cajas de ahorros. Aquí los méritos sólo sirven para que cualquiera con tarjeta de Mercadona te adelante por la izquierda, la derecha o el centro. Se llama partitocracia y da gusto ver cómo los partidos son capaces de pactar para según qué cosas. En cambio, cuando hay que llegar a acuerdos importantes para el interés común, a los ciudadanos que los zurzan.

Y todo esto, mientras unos cacharros teledirigidos inspeccionan Marte. Como este planeta está como está, hay que buscar un nuevo estercolero. Y Marte pilla cerca, así que para allí nos vamos con nuestra chatarra. Eso sí, con el debido carné de vacunación, por supuesto. Y como lo de las vacunas es un pitorreo donde cada día se cuela un jeta, al final, sólo harán turismo interplanetario los cuñados. O sea, los de siempre. 




miércoles, 24 de febrero de 2021

En busca del fuego (otra vez)

Unos cuantos niñatos malcriados -esto no va de generaciones, va de guarderías-, ya han aprendido que, si quieren pasar a la historia de instagram, o se cornean en 'La isla de las tentaciones' o se cargan unas marquesinas



"Antes de preocuparte por qué mundo dejas a tus hijos, preocúpate por qué hijos dejas a tu mundo"

José Antonio Marina


Una pareja de jóvenes se besa (o se come la boca, por utilizar jerga posromántica). Ella a horcajadas. De fondo, arde Barcelona. Podría ser un anuncio de preservativos, ya saben, todo eso de la pasión desatada y el fuego como metáfora, pero la revolución siempre es menos sexual de lo que parece. La imagen en concreto es de Emilio Morenatti (Associated Press) -búsquenla si pueden, merece la pena para entender eso de la moda juvenil- y fue tomada el pasado jueves, durante la tercera noche de protestas por la detención de Pablo Hasél, el rapero que quiere cambiar las reglas de acentuación en España. 

Cada cierto tiempo, las sociedades se vuelven inflamables. Hasta aquí, todo normal. A partir de ahora, la duda razonable, o sea, mambo. Veamos. Según The Guardian, en Catar han muerto más de 6.500 trabajadores durante los últimos diez años como consecuencia de las obras del mundial de fútbol. En España, en 2020, a pesar del bicho, es decir, del parón económico, murieron 780 trabajadores. Multipliquen por diez y pulverizamos el récord. Y eso que en la última década no hemos acogido ni una mísera Eurocopa (únicamente los Juegos del Mediterráneo). A pesar de todo, las cifras no son equiparables. The Guardian sólo ha tenido acceso a los inmigrantes fallecidos de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka. Es de suponer, por lo tanto, que el número de muertos es aún mayor, aunque los datos oficiales lo desmienten. Pero viene a cuento por dos de las últimas muertes que se han producido en nuestro país: la del abogado venezolano Néstor Pérez, que se estrelló contra un camión de la basura mientras repartía comida a domicilio; y la de Luis Víctor Gualotuña, trabajador sin contrato de origen ecuatoriano al que su jefe, supuestamente, no quiso llevar a urgencias tras caer del andamio.

¿Y las barricadas en las calles son por semejante injusticia? La respuesta es no. ¿Y por el reparto obsceno del Poder Judicial? Tampoco. Quizá por los 200 millones que el Real Madrid habría cobrado a través de empresas de las Islas Caimán... ¡Que no! ¡Que no! Entonces, ¿de qué va esto? Pues sobre todo de postureo revolucionario. Siempre resulta más fotogénico luchar por la libertad de expresión que por un contrato digno, lo que no quita que se denuncie, si se produce, cualquier atropello policial. Y ahí el periodismo juega su papel. Se habla mucho de un exceso informativo, pero lo que hay es un exceso de opinión, que es otra gasolina, pero más barata. Mientras una parte de la prensa, la más punk, blanquea el estropicio de una verbena mal enfocada, la otra se ceba con la juventud, así, a granel, como si la juventud fuera un mazacote ideológico, en otra lección de objetividad editorial en función del bando. 

Y en medio, eso sí, unos cuantos niñatos malcriados -esto no va de generaciones, va de guarderías-, que ya le han pillado el tranquillo a la noticia y saben que, si quieren pasar a la historia de instagram, o se cornean en La isla de las tentaciones o se cargan unas marquesinas. Curiosamente, en el reality también hay una hoguera. De toda la vida, desde que el fuego es el mejor amigo del hombre, los mejores cuentos siempre se han alumbrado alrededor de las llamas.




sábado, 20 de febrero de 2021

Rapea que algo queda

Para entender de qué pie cojea cada revolución, sólo hay que ver quién la patrocina 




Resulta curioso que el mundo en que vivimos, repleto de pieles sensibles (existe hasta un Frente de Liberación de Enanos de Jardín), no tenga todavía su plataforma pro derechos de los contenedores de basura. A nada que uno rebusca un poco, siempre queda un disparate por defender. Lo estamos viendo estos días. Que el debate sobre la libertad de expresión se centre en el número de tiros en la nunca que uno puede pegar por Twitter, dice mucho de la utopía que nos prometen. Ya sé que entre la puñalada trapera o la puñalada a secas, es mejor el ladrido, pero eso no quita que ciertas lindezas, sobre todo si tienen destinatario, acaben en denuncia. Decir que hay un rapero en la cárcel por injurias a la corona y convertirlo en superhéroe anticapitalista es de una demagogia supina. 

Dos ejemplos: cojamos dos de esos temas que no admiten ambigüedades, el bullying y el machismo, se imaginan al típico gallito o al acosador de turno, intimidando o amenazando a un compañero de clase o a su pareja, justo antes de esgrimir su coartada, "no, no, verá usted, yo es que soy rapero". Pues de eso va el asunto. Para más inri, los mismos que piden libertad de expresión, se ceban contra todo aquel que no piensa como ellos, incluida la prensa, lo que demuestra el cacao mental que tienen algunos. 

¿Y nuestros políticos qué hacen? Sacando rédito, como de costumbre. Los independentistas sueñan con que España parezca una dictadura. Podemos está en misa y repicando. Vox quiere aquelarre para presentarse como la ley y el orden. Que Vox siga creciendo, es la mejor noticia para Pedro Sánchez, le da un toque de sensatez. Y para el PP, todo lo que sea no hablar de corrupción, ya es una victoria. 

Por eso, mientras unos ensalzan al poeta del verso explícito, otros blanquean a "la musa de la Falange", la neonazi del discurso antisemita en el cementerio de la Almudena. Y en medio, cuatro chavales envalentonados, jugando al destrozo, sin saber que la clase política los maneja como a simples bodoques. Harían bien, los hunos y los hotros, en leer un poco de Historia y buscar información de cuando los nazis y los soviéticos se hacían ojitos, pacto Ribbentrop-Mólotov, para más señas. ¿Ah, que no viene en YouTube? ¿Y por Instagram? ¿Tampoco? Así no hay manera de culturizarse. 

Como siempre, para entender de qué pie cojea cada revolución, sólo hay que ver quién la patrocina.




miércoles, 17 de febrero de 2021

Delirium tremens

Parafraseando a Gil de Biedma (o troleando que es millennial), que la política no iba en serio, uno lo empieza a comprender más tarde, después del cuarto imputado, más o menos



Lo bueno de los resultados electorales es que cada uno interpreta lo que quiere, como en un Kandinski. Enciendes la tele y ves a toda esa gente en sus sedes, celebrando algo, como si les hubiera tocado el sorteo del Niño, (a todos menos al PP y a Ciudadanos, que son los dos partidos que se hicieron la foto del trío. Luego hablamos de los peligros de enviarse fotos guarrindongas por guasap), y esperas la típica frase del Sorteo del Niño: el voto ha estado muy repartido. Veamos.

1-. Ganar las elecciones catalanas se está convirtiendo en un hecho anecdótico, más o menos, como ganarle a la suegra al bingo, sirve para pagarse unas cañas, pero ya está. Luego se juntan el segundo, el tercero y el decimocuarto, por ejemplo, y logran eso que es tan importante, la gobernabilidad, o sea, curro para los colegas. ¿Se imaginan al Getafe, al Huesca y al Granada sumando puntos para ganar la Liga? Todo muy parlamentario, por supuesto, pero poco deportivo.

2-. ¿Entonces no ganó el PSC? Sí pero no. Obtuvo la victoria, sí, pero en el minuto 94, a lo Ramos, y eso que en el fútbol es un subidón de la hostia, en política sólo da, como decíamos, para unas cañas. Otra vez el parlamentarismo. ¿Y Pedro Sánchez? Sale reforzado a medias. La pandemia no le pasa factura, entre otros motivos, por incomparecencia de la oposición, pero cada vez depende más de los factores atmosféricos, esto es, de ERC y Podemos. Para entenderlo, escuchen "Colgando en tus manos", de Carlos Baute y Marta Sánchez. Aquello acabó -la colaboración musical, digo- como el rosario de la aurora. 

3-. ¿Ganó ERC? Más de lo mismo. Sí pero no. Le ganó la partida a Junts, pero fue por los pelos. O, directamente, por obra y gracia de Quim Torra, el president que pedía ir a las barricadas mientras se subía el sueldo. Suya fue la sensacional idea de cargarse a Àngels Chacón, suponemos que demasiado moderada para la causa, lo que provocó la escisión del PDeCat, un partido de poca monta, apenas 77.000 votos, los que le han faltado a Junts para seguir siendo la voz cantante del independentismo por control remoto.

4-. ¿Ganó el independentismo? Sí -y este es el primer sí del artículo-, pero con matices. A día de los enamorados, ante notario, lo que sabemos es que la mitad de la mitad de los catalanes son independentistas, unos 250 gramos, lo que da para una buena merienda, pero no para un banquete. Es cierto que el otro bloque, el constitucionalista, no tiene ni para el desayuno, y eso se debe, en parte, a que el independentismo tiene más labia y el sentido figurado recién puesto. Ya saben cómo se defendió Trump de su segundo impeachment, se limitó a decir que no hablaba en serio. ¡Viva la retórica y la madre que parió a los expresionistas rusos! Para colmo, los independentistas no se pueden ni ver entre ellos. Es lo más normal cuando mezclas en el mismo sarao económico a republicanos y pospujolistas, que da la risa.

5-. Vox también se llevó un pellizco, lo que no da risa, más bien yuyu. Cataluña, ese remanso de progreso, ya tiene ultraderecha y todo. El discurso de los de Abascal es el más elaborado, la culpa, sea de lo que sea, es de los menas. Lo que recuerda, en cierto modo, a otro discurso hiperconciliador, me refiero al del partido de Puigdemont y compañía: "Colau no es más que una puta histérica española. Haremos limpieza de españoles, lo prometo", escribió Josep Sort, candidato por Barcelona, que tuvo que renunciar después por la presión del resto de partidos. O, "España es paro y muerte, Cataluña es vida y futuro", de Joan Canadell, tercero, también por Barcelona. Quiero decir que a medida que Cataluña camina hacia la independencia, se va españolizando. Pero eso es una paradoja, ¿no? Como todo en las democracias cuánticas, también la abstención de caballo, ese 46% de materia oscura que deja cada vez más claro que ya sólo votan los clubs de fans.

6.- ¿Y la CUP? Otro sí -ya le voy pillando el tranquillo a esto del antinegacionismo-. Resulta que los antisistema se han dado cuenta que se vive de lujo dentro del sistema y en esa contradicción anda inmersa el ala izquierda del Pati dels Tarongers. Además, eso de quedar con la hinchada del otro equipo antes y después del mitin para repartirse mimitos, parece que tiene su credo. Todo muy democrático.

7.- Llega el turno de Pablo Iglesias. El hombre/partido mantuvo el tipo, que no es poco. Eso de criticar al gobierno del que uno forma parte, le sirve, de momento, para salvar la permanencia. Podría, incluso, entrar en el govern o, como mínimo, tener la llave de ciertos asuntos. Nadie metaboliza mejor los malos resultados.

8.- ¿Y PP y Ciudadanos? Los grandes perdedores, sin duda (otra vez con permiso de Junts, que está en todas las fiestas). Unos miran a Bárcenas y otros a Malú. De momento, Génova ya está en Fotocasa. Mala noticia, las derechas tienen que ser muy derechas para poner cachondo a su público. Y todo lo que se hace de cara a la grada, acaba en un plató de Telecinco.

Conclusión. Esto parece el festival de Benidorm del 68, sólo falta Julio Iglesias cantando aquello de "la vida sigue igual". ¿Igual? No, con pequeñas variantes que, si no se trabajan a conciencia, pueden dejar un panorama todavía más ingobernable. Parafraseando a Gil de Biedma (o troleando que es millennial), que la política no iba en serio, uno lo empieza a comprender más tarde, después del cuarto imputado, más o menos.



sábado, 13 de febrero de 2021

Viaje al centro de la política

 Con el tiempo, todo menda claudica. Al final, hasta los intocables acaban en el mercado



Todos los caminos conducen a Lebanon. ¿Y qué es Lebanon? Pues un pueblo de Kansas que se ha hecho famoso estos días gracias a los anuncios de la Super Bowl (lo más parecido a un curso CCC de americanismo a distancia). Y para más señas, su pequeñísima capilla, escenario del último spot de Jeep, para muchos, el mejor de la velada. La marca de todoterrenos escogió Lebanon, de apenas 200 habitantes, por su simbolismo. Se trata, ahí es nada, del centro geográfico de los Estados Unidos. "Necesitamos el centro", reza el eslogan, que se suma a ese espíritu conciliador de la nueva cuña publicitaria de los "Estados Reunidos de América". 

A poco que uno haya visto Cars, puede entender que los 4x4 también tienen su corazoncito y que han sufrido lo suyo con los vaivenes políticos de su país en los últimos años. Resumiendo, los coches, ideológicamente hablando, son de centro. Y para reivindicar el asunto, ni más ni menos que Bruce Springsteen. No era la primera vez que Jeep tentaba al músico. Hace diez años, ya le propuso ser el protagonista de sus campañas, pero Springsteen, a través de su representante, fue contundente: "Bruce no está en venta ni se alquila". ¿Entonces? Recadito para intocables: al final, hasta los viejos roqueros claudican. Es la premisa, esa de todo tiene un precio, que movía al magnate John Gage (Robert Redford) en Una proposición indecentea Richard Gere, en Pretty Woman; o a Villarejo, en cine de barrio. Por el tamiz de Hollywood, eso sí, cualquier prostitución parece un romance.

Para colmo, el anuncio ha tenido que ser retirado tras conocerse que el Boss fue arrestado en noviembre por conducir borracho. Moraleja de la cosa: los viajes al centro, cuando son publicitarios, terminan en resaca.



miércoles, 10 de febrero de 2021

La era de las selficausas

La libertad de expresión es como los abdominales, todo el mundo quiere lucirla, pero que se la curren otros



La libertad de expresión es como los abdominales, todo el mundo quiere lucirla, pero que se la curren otros. De hecho, a día de hoy, la libertad de expresión, como los abdominales, se exhibe sobre todo en las redes y es, fundamentalmente, postureo, rap y morritos, estoy in love con esta casa, que dirían los tiktokianos. En contra de lo que se dice, la libertad de expresión no es quitarse la camiseta cada cinco minutos ni soltar la primera gilipollez que se le pasa a uno por la cabeza. Eso, si acaso, es incontinencia, gotera mental y punto. La libertad de expresión es otra cosa más seria, que se entrena, por ejemplo, en las escuelas. Lo sabía Samuel Paty -¿quién?- Samuel Paty, el profesor francés que murió decapitado por mostrar en clase unas viñetas de Mahoma. Da igual que unos minutos antes, Paty hubiera permitido a los alumnos musulmanes abandonar el aula si se sentían ofendidos. Los fanáticos, ya se sabe, son gente hipersensible a la caricatura y, a falta de ideas propias, disponen de buena cuchillería.

La respuesta social al asesinato fue la de siempre en estos casos, mucha marsellesa, mucha pancarta de Je suis prof y un mensaje del sindicato de profesores: nadie se acobardará. ¿Y bien? Poesía visual, como de costumbre. Hace unos días, un ayuntamiento francés propuso rendirle homenaje a Samuel Paty poniéndole su nombre a un instituto, pero alguien debió pensar que eso era demasiado heroico, tampoco se trata de ir provocando a lo tonto. Según un sondeo interno, el 100% de los profesores, el 89% de los padres y el 69% de los estudiantes, se opusieron a la iniciativa, para superhéroes ya están los de Marvel. 

A estas alturas del artículo, ya habrán notado que relacionar libertad de expresión y abdominales es una frivolidad como unirse a ciertas causas sólo porque están de moda. Todo el respeto a los docentes, por supuesto, acaban de dar una lección de lujo a sus alumnos: ser valiente sólo mola si uno tiene detrás a la Patrulla Canina, pero esto es la vida chavales, ¡bienvenidos al mundo!, aquí frente a la injusticia, sálvese quien pueda. 

La buena noticia, sin duda, es que el 31% de los jóvenes todavía no ha cedido al chantaje del terrorismo. La mala, visto lo visto, es que con el tiempo se les pasará. 




sábado, 6 de febrero de 2021

Todo lo que aprendí de la bolsa viendo Pretty Woman

De lo que se trata, según dicen, es de democratizar el bingo -con las cosas que hay por democratizar-, y eso, para los que ya viven de narices a bingo cerrado, es comunismo bursátil, o sea, la versión trap de todo para el pueblo pero sin el pueblo



Quien más quien menos, ha vivido alguna vez su mayo del 68 o, como poco, su abril del 67, ese momento all-bran en que cualquier revolución cabe en la taza del desayuno. Luego, los adoquines vuelven a su cauce. La última intentona ha ocurrido esta semana en Wall Street. Resumen del partido: GameStop subiendo y yo con estos pelos. De repente, a juzgar por la quiniela, pareció que todo Benito y compañía podía agenciarse un Lamborghini jugando a inflar burbujasY todo, gracias a las redes, ese paraíso del troleo que lo mismo te monta una primavera árabe que un botellón negacionista. 

Hasta ahora, la bolsa era cosa de lobos, de ahí la peli de Leonardo DiCaprio, y puede que el cuento de Caperucita, pero los memes piden paso. Por cierto, apunte al margen -o no-, España ha prohibido la caza del lobo, del lobo lobo, el que aúlla, lo que ha provocado un fuerte debate territorial -aquí todo es territorial- entre los que están a favor y en contra de la regulación del parque cinegético, lo más parecido al Dow Jones de la España vacía. En fin.

De lo que se trata, según dicen, es de democratizar el bingo -con las cosas que hay por democratizar-, y eso, para los que ya viven de narices a bingo cerrado, es comunismo bursátil, o sea, la versión trap de todo para el pueblo pero sin el pueblo. Y ¿cómo hemos llegado a esto?, se preguntan en Bolsalandia. La culpa la tienen los fondos bajistas, una perversión del mercado donde lo que importa, a grandes rasgos, es apostar por el perdedor para ganar mucha pasta mientras se desmorona. Más o menos, como llevarse un sobresueldo por ver a los Pantoja despellejarse en el Deluxe. En fútbol, eso se llama tongo. Y en otros foros, Nueva Rumasa. En definitiva, otro alcoyonazo de manual, pero ¿alguien ha visto alguna vez a un equipo de Segunda (o Segunda B) ganar la Copa?







miércoles, 3 de febrero de 2021

¿Por qué nadie quiere filtrar mi nómina?

Ser sincero en horario comercial nunca fue una idea rentable. Lo vemos en cualquier mitin, pero también en otros onanismos. Cuando hay un micro de por medio, la verdad importa un pito 



A la rueda de prensa se va con la ilusión aprendida. Por eso sorprende tanto cuando alguien rompe el hechizo. Hablo de Ronald Koeman. El otro día, en la previa del partido contra el Athletic Club, dijo que el Barça no está para ganar títulos. A Schuster, cuando era técnico del Real Madrid, lo mandaron a tomar viento por reconocer que era imposible ganar al Barça de Guardiola. Quiero decir que ser sincero en horario comercial nunca fue una idea rentable. Lo vemos en cualquier mitin, pero también en otros onanismos. Cuando hay un micrófono de por medio, la verdad importa un pito. El Mundo, por ejemplo, acaba de publicar el contrato de Leo Messi y, gracias a la exclusiva, ahora sabemos, de repente, que el capitán del Barça gana mucha pasta, lo que ha desatado la ira del hincha más tierno, ese que cree todavía que los Reyes Magos trabajan por amor al escudo.

Podemos debatir, desde luego, el enfoque de la noticia y esa línea cada vez más difusa entre información y opinión, pero eso, verán ustedes, es ir a la moda en los kioscos, donde el periodismo se ha vuelto, sobre todo, deportivo. Y ahí entra en juego Marty Baron. El prestigioso director del Washington Post (inmortalizado en la película Spotlight por la investigación que destapó el escándalo de los abusos sexuales en la iglesia católica de Massachussetts) se jubila, y en una entrevista en El País suelta la bomba: "La gente se fía más de sus sentimientos que de los hechos". ¿Les suena de algo?

Una sociedad que reclama transparencia no debería escandalizarse porque se filtre una nómina. Es más, puestos a elegir a quién le damos el sueldazo de Nescafé, de Messi, al menos, sabemos hasta el número de veces que se toca las narices por partido. De otros marajás, en cambio, no tenemos ni las huellas dactilares. Si se hicieran públicos los sueldos de todo hijo de vecino, unos se quedarían sin portada y otros, sin burbuja. En este país, cuando alguien no quiere decir lo que gana, suele ser por dos motivos, o porque cobra muy poco o porque es youtuberDe hecho, ya querrían muchos tener un contrato que se publicara en los periódicos. O, simplemente, un contrato.