miércoles, 23 de diciembre de 2020

¿Qué hace un virus como tú en un sitio como éste?

Aborrecemos cualquier toque de queda socialcomunista, pero cuando nos dejan sin los diez mandamientos, nos pasamos el sentido común por el forro de la zambomba



Si lo piensan, existe un terraplanismo familiar en la idea pseudocientífica de pasar la Nochebuena juntos. Escribo terraplanismo, que viene de terraplén, o sea, curva, derrape y batacazo. Somos negacionistas desde san Pedro. Y tiene gracia, porque aborrecemos cualquier toque de queda socialcomunista, pero cuando nos dejan sin los diez mandamientos, nos pasamos el sentido común por el forro de la zambomba. Para algunos, la mala suerte, caer enfermo por ejemplo, es como la lotería, siempre le toca a los otros. Y semejante emperramiento, se debe, sobre todo, a esa tendencia publicitaria de dar jodienda al 2020. 

El humano se diferencia del pangolín, el visón o el murciélago -bichos oficiales de este año- por ser capaz de montar un negocio de cualquier despedida de solteros. También en la Puerta del Sol. No, el 2020 no se va a acabar en Nochevieja por muchos conjuros que traiga el Sálvame Naranja, como tampoco se acabó la guerra en el 36  (puede que ni siquiera en el 39), o la gripe española con el cotillón del 18. El coronavirus tiene cepa para rato, y se lo va a pasar en grande mientras corre el orujo y el turrón de Jijona. Luego, con el buche lleno, es hora de descorchar la típica mesa de debate donde se habla de lo de siempre, ya saben, las nuevas voces femeninas del cine iraní o el origen y frecuencia de las ondas de radio que surcan el universo. Y con semejante repertorio, más el monólogo real, no queda otra que desearles, como hace Sergio C. Fanjul en El País: "Feliz bicarbonato y próspero ibuprofeno". 

En memoria de F.G. y todos los que no merecían un final como éste.



sábado, 19 de diciembre de 2020

Basada en hechos reales

 Sin un enemigo, real o imaginario, ¿de qué vivirían unos cuántos?




Laporta es Godzilla. Su lona mastodóntica amenaza un Bernabéu cerrado por obras. ¿Genialidad o provocación? Pues un poco de todo y un mucho de nada. Lo que viene siendo cualquier precampaña en los últimos tiempos, un arrebato publicitario. ¿Y debajo? El andamiaje de un edificio, y quien dice edificio dice país, comunidad autónoma o provincia de secano, que solo busca financiación para poder rehabilitar su fachada. ¿Se imaginan por un momento la performance en sentido contrario? Me refiero, al póster desplegable de Florentino Pérez en mitad de la Rambla. Salvo el indignado de turno, no se ha producido hasta ahora, que sepamos, ningún tsunami. A ver si al final, lo que para algunos es la capital del despotismo, o sea Madrid, acaba teniendo más sentido del humor que Ítaca. Sin un enemigo, real o imaginario, ¿de qué vivirían unos cuántos?

Más allá del troleo, Joan Laporta también ha presentado a su junta directiva. ¿Lo más significativo? Solo hay una mujer en el once de gala -vaya, como en el Real Madrid-, lo que ha suscitado otro debate (no ganamos para trifulcas) sobre la paridad postiza. Y todo eso, mientras el ayuntamiento de París ha sido multado por tener a demasiadas mujeres ocupando cargos de responsabilidad. Sí, sí, como suena. 90.000 euros por incumplir una ley de 1983 que castiga a las alcaldías de las grandes ciudades que no respetan la igualdad de género en los nombramientos. Suponemos que, a partir de ahora, el escrutinio será igual de riguroso en todas las administraciones donde ocurre justo lo contrario. 

Y para demostrar que estamos cambiando de veras, que no es solo postureo de barómetro, se filtran los whatsapps eróticos de Benito Pérez Galdós a Emilia Pardo Bazán. Los otros, los de la Doña gallega, ya se publicaron en su día -aquí toda chismografía tiene su minuto de oro-. Es la guinda a un año que nos ha parecido un siglo. En las competiciones deportivas se suele decir que esto no es cómo empieza sino cómo acaba. Por desgracia, this is the end, y el año Galdós cierra convertido en un Sálvame literario. Desde Sabrina, al menos, cada Nochevieja que se precie viene con su tetamen de regalo. 



miércoles, 16 de diciembre de 2020

Lo que no aprendimos (ni con una pandemia)

Los bancos, siempre tan dispuestos a echar una mano, suben las comisiones. Ahora que la economía reflota, que del virus ya no se acuerda ni Dios y que el paro está en mínimos históricos, lo menos que puede hacer el contribuyente es pagar por tener acceso a sus propios ahorros 



1. LITERATURA. Los bancos, siempre tan dispuestos a echar una mano, suben las comisiones. Ahora que la economía reflota, que del virus ya no se acuerda ni Dios y que el paro está en mínimos históricos, lo menos que puede hacer el contribuyente es pagar por tener acceso a sus propios ahorros. El día menos pensado, el agua cotiza en bolsa. ¡Ah no!, que eso ya ocurre. Pues así con todo. Hubo un tiempo en que los billetes llevaban impresa la cara de algunos escritores. Juan Ramón Jiménez valía 2.000 pesetas. Benito Pérez Galdós, la mitad. Rosalía de Castro, la mitad de la mitad, es decir, 500. Y así, hasta llegar a Clarín o Bécquer que eran los más económicos. No es que la literatura saliese ganando, pero el capitalismo, al menos, se daba un barniz de biblioteca. Ahora ya no hace falta. En Argentina, por aclamación popular, quieren meter el rostro de Maradona en un billete de 10.000 pesos. Así se devalúa un sistema. Lo más curioso es que en política no aceptamos que nadie se lleve un pellizco en comisiones y, sin embargo, a los bancos se lo permitimos todo. 

2. HISTORIA. La mesa del Congreso, con sus allegados de PSOE, PP y Vox, rechaza investigar al rey emérito. De este modo, los partidos monárquicos le hacen un flaco favor a la corona. Dejan a Don Juan Carlos sin la posibilidad de poder defender el título contra todo este contubernio maravillosamente orquestado por republicanos, comunistas y, si me apuran, hasta algún austríaco que todavía no ha sabido encajar la eliminación copera en el siglo XVIII. 

3. CINE. Hay que salvar la Navidad a toda costa. Dicho así, suena a película bélica de Steven Spielberg, Salvar al soldado Ryan, o sea, comercial. La última vez que nos dio por salvar algo, lo hicimos en modo Paco Martínez Soria. Me refiero al turismo, el pasado verano. Resultado, nos pilló la segunda ola haciendo toples. Cervantes, que también tuvo su chatarra conmemorativa, monedas de 50, de 20 y de 10 céntimos (con la llegada del euro, la literatura se fue a pique) quizá lo hubiera reescrito así: con el capital hemos topado.

3. CIENCIA. La Alianza para la Vacunación del Pueblo, una red que incluye a organizaciones como Amnistía Internacional, Oxfam, Frontline AIDS, Global Justice Now... denuncia que los países ricos van a acaparar el 53% de las vacunas pese a representar, tan sólo, el 14% de la población mundial, según publica The Guardian. La cosa va de monopolios y donde hay monopolio, como pasa con el pelo, hay alegría, salvo que uno sea calvo. En un artículo, en El Periódico, Ramón Lobo recuerda que las vacunas desarrolladas por las grandes farmacéuticas "recibieron 5.000 millones de dólares de dinero público". Por suerte, esta crisis nos iba a hacer mejores o eso era lo que decían los anuncios de los bancos.









sábado, 12 de diciembre de 2020

Crónica de otro incendio anunciado

 Esta semana, hemos celebrado el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos con el incendio de una nave abandonada en Badalona donde vivían hacinados cientos de inmigrantes. Por ahora, tres muertos y más de veinte heridos. Cada año, por estas fechas, arde algún pobre. Se está volviendo costumbre



Esta semana, hemos celebrado el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (72 años de brindis al sol), con el incendio de una nave abandonada en Badalona, donde vivían hacinados cientos de inmigrantes. Por ahora, tres muertos y más de veinte heridos. Cada año, por estas fechas, arde algún pobre. Se está volviendo costumbre. Ya sea porque se calienta con una barbacoa como si fuera una estufa, por un exceso de velas o por una madeja de cables pinchados a la primera farola que se pone a tiro, da igual la fórmula medieval del circuito eléctrico, lo importante es que cada año, por estas fechas, una hoguera prenavideña anuncia un sacrificio. 

Así nacen las tradiciones. De la manera más sádica. Desalmando los conceptos. De repente, alguien acuña eso de la pobreza energética. Trocea la miseria de los invisibles en lonchas tan finas que parecen una delicatessen económica, hasta que prende un colchón y el sueño de algún desgraciado, o varios, se convierte en cenizas. Entonces, un buenismo de pandereta recorre el espinazo de los periódicos. También forma parte del rito. Como la indignación transitoria. Un atenuante para que la pena no se contagie por los abetos de los centros comerciales. 

Después de más de una década de preavisos (los que llevaba la antigua nave industrial ocupada), la hipertrofia administrativa ha sido incapaz de impedir la ruina. Pero tampoco es plan de andar buscando culpables, eso es impropio de las democracias con pedigrí. Aquí lo que funciona es la estimación de voto. Por eso, cabe recordar, otra vez, algún fragmento de los Derechos Humanos. Hay villancicos que se olvidan demasiado pronto, como éste: "Todas las personas nacen libres e iguales, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política...". No se rían. No es un chiste.




 





miércoles, 9 de diciembre de 2020

La paja, el ojo y la viga

Ya nos hemos fundido otra vida, y no sé cuántas trae de regalo esta pandemia. Cerramos estas microvacaciones, un primer ensayo de las fiestas, con una ineficacia por encima del 90%. Las Navidades, como las vacunas, también se prueban



Ya nos hemos fundido otra vida, y no sé cuántas trae de regalo esta pandemia. Cerramos estas microvacaciones, un primer ensayo de las fiestas, con una ineficacia por encima del 90%. Las Navidades, como las vacunas, también se prueban. Irresponsabilidad absoluta. No por las fotos de aglomeraciones disfrutando del megavatio, esas son tan pomposas como un led, cambian de color según la calle peatonal que pisamos, sino por todo lo que no se ve de la imagen en bucle, lo que queda fuera del escaparate o del microscopio. 

El ángulo muerto es el Triángulo de las Bermudas de los contagios. Da pie a todo tipo de conjeturas, la última, que los escritores son los niños mimados del Brexit, por eso el segundo vacunado en el Reino Unido es William Shakespeare. Por no hablar de la figura del allegado en el pesebre. Este año se lleva el villancico contradictorio, ya saben, quédate en casa pero deja tu aguinaldo en el comercio de proximidad; no salgas a la calle pero mira qué pastón nos hemos dilapidado en luces... Y el zulo en casa del vecino por si vienen los alguaciles a contar comensales. Necesitamos, sin duda, un nuevo manual de instrucciones. O eso, o la cuesta de enero va a parecernos el Everest de turno, que, por cierto, dicen que ha crecido.

Luego vendrá la tabarra esa de que nos coartan nuestros derechos, una queja muy común de quien se pasa cualquier responsabilidad por el forro de la mascarilla. ¿Recuerdan aquello de la paja, el ojo y la viga? Pues el mismo belén de siempre. Mucho se está hablando estos días de los chats de los militares, por suerte, todavía no ha trascendido ninguno de sanitarios. En comparación con lo que deben estar pensando, los jubilatas revoltosos son como un coro de querubines. Y en este caso, además, con toda la razón del mundo.










sábado, 5 de diciembre de 2020

Otro juego de patriotas

Somos un país de matones virtuales. Para eso sirven las redes, para sacar al terrorista que llevamos dentro, y qué quieren que les diga, si hay que dar matarile, mejor de boquilla, nos ahorramos un pastón en cunetas


Los militares retirados se parecen a los entrenadores sin equipo, se vuelven comentaristas. ¿Quién no ha matado alguna vez por un chat a "26 millones de hijos de puta"? El mensaje, filtrado por InfoLibre, pertenece al grupo de whatsapp de unos militares retirados, la mayoría, altos mandos de la XIX (no es el siglo) promoción de la Academia General del Aire, ya saben, oxígeno, nitrógeno y argón, sin forma definida... También es mala suerte que cada vez que se hable del ejército del aire sea por un cirio. La última vez que fueron número uno en Los 40 Principales fue por aquello del paracaidista colgando de una farola durante el desfile de las Fuerzas Armadas.

Dicho lo cual, al chat se va para cortar las dos orejas y el rabo. O qué esperaban, ¿que en una cuadrilla de machotes se compartiesen las mejores recetas tradicionales de pollo en pepitoria? Los raperos acribillan en rima asonante y los militares fusilan por whatsappEs el signo de los tiempos, somos un país de matones virtuales. Para eso sirven las redes, para sacar al terrorista que llevamos dentro, y qué quieren que les diga, si hay que dar matarile, mejor de boquilla, nos ahorramos un pastón en cunetas. Lo que no quita que nos hagamos un montón de preguntas -el ciudadano desarmado es jodidamente curioso-, así que al tema: una vez conocida la cifra, ¿es solo simbólica o existe un Excel con los nombres y apellidos de los agraciados? Quiero decir, como en una convocatoria de Luis Enrique. Y si realmente existe, ¿quién es el que reparte los carnés de patriota? Sí, ya lo sé, los buenos son los del banderín de córner, o sea, los de la esquina de la grada. Forma parte de todo ese pensamiento binario que va sumando autómatas a la causa. O estás con los míos o al paredón, nada de medias tintas, aquí no hay espacio para los matices, ni para los sensatos, porque de ellos no será el reino de Zuckerberg.

Y ya por último, si no hay vacunas para todos, ¿de dónde va a salir tanta bala? Parece un chascarrillo de Gila. De hecho, si lo piensan, este año, el 2020, comenzó con un especial de José Mota, Heil Gila, un golpe de estado reivindicando el papel sagrado de la risa. Un poco, lo mismo que ahora, solo que esta vez no tiene ni pizca de gracia. Sorprende ver con qué normalidad asumimos lo inaceptable.






miércoles, 2 de diciembre de 2020

Concha Piquer, Mike Tyson y el Che

El ilusionismo es el arte de desprecintar pantanos. De ahí que haya tanto político que prefiere empollarse a Harry Potter antes que a Galdós


Los marineros solían tatuarse cosas, lo cantaba Concha Piquer, ahora es el turno de los deportistas. En menos de una semana, hemos visto el rostro del Che en el hombro de Maradona y en el costillar de Mike Tyson, como una cara de Bélmez. Es el drama de los revolucionarios, nunca saben en qué muslo van a acabar. Quizá, por eso, nadie quiere meterse a Espartaco. Por una cuestión estética. Y así, poco a poco, se va templando el mundo, a pesar de las fusiones bancarias. Que la crisis es de aúpa, lo demuestra que dos cincuentones, más cerca del lumbago que de la verbena, hayan tenido que volver a darse mamporros para ganarse la vida. Hablo de Tyson y Roy Jones. Si la cosa sigue así, no descarten que algún equipo, con tal de cumplir con el fair play financiero, anuncie la reincorporación a filas de Migueli o Butragueño. 

A falta de presupuesto, lo mejor, sin duda, es tirar de viejas glorias, sobre todo, si las están pasando canutas. Y, si no, de voluntarios, que lo mismo te aplauden en un plató de Telecinco por un bocata de mortadela, que te rellenan media planta de un hospital de pandemias para la postal. El ilusionismo es el arte de desprecintar pantanos. De ahí que haya tanto político que prefiere empollarse a Harry Potter antes que a Galdós. 

Y aún queda show para rato. El gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha rechazado una ayuda pública de dos millones de euros para los alumnos más vulnerables. Todo lo que viene del estado huele a azufre. Lo que recuerda, hace solo unos días, a Puigdemont votando en la Eurocámara contra un acuerdo para la protección de cien productos comunitarios en el mercado chino, entre ellos, el cava. El argumento: el expresidente no quiere tratos con países con presos políticos. Toma farol. Ya ven que todavía hay quien puede permitirse ciertos lujos. Dispararse en el pie de vez en cuando, por ejemplo. Y hablando de tiros, ¿han leído esa carta enviada al Rey en la que más de 70 mandos retirados del ejército acusan al gobierno de amenazar "la unidad de España"? 

Lo dicho, todo muy viejo, como el baúl de La Piquer.







sábado, 28 de noviembre de 2020

El origen del mito

El de Maradona es el cromo de un dios ochentero, cuando el fútbol tenía mucho más de trinchera que de pulsómetro, una encerrona que prendía a las afuera de un barrio, en el primer descampado de turno, entre dos piedras, intraducible para un instagramer



Ahora, los niños quieren ser Messi. O Cristiano. Y dentro de poco, querrán ser Haaland o Mbappé, pero hubo un tiempo en que todos querían ser Maradona. Cada época tiene su álbum de mitos, y el de Maradona es el cromo de un dios ochentero, cuando el fútbol tenía mucho más de trinchera que de pulsómetro, una encerrona que prendía a las afuera de un barrio, en el primer descampado de turno, entre dos piedras, intraducible para un instagramer. Y en todo ese barrizal, en mitad de esa década todavía salvaje, sin filtros, Maradona era el quinqui más sublime. Le dio por echarse al lomo a un país entero -el fútbol también sirve para corregir ultrajes-, y se salió con la suya en la cancha, que se lo digan si no a los ingleses, o a los tifosi del norte de Italia. El sur, por fin, orgulloso de una zurda de lujo. La vida, sin embargo, es otra cosa, a menudo, mucho más difícil de driblar. 

Lo digo porque en estos días ya hay santurrones poniendo el foco en el culebrón, como si un mito, a la fuerza, tuviera que ser un santo. Y ni con esas. Y viene a cuento, además, porque TV3, la televisión pública catalana, se estrenó un 10 de septiembre de 1983, precisamente, con un partido de fútbol, un Barça-Osasuna, con Maradona de protagonista. El director de la nueva cadena era Alfons Quintà, el periodista que había destapado unos años antes, en El País, el caso Banca Catalana, un chanchullo de cuentas opacas que salpicaba directamente al pujolismo. Rápidamente, Jordi Pujol lo fichó para la causa, le dio el trono de TV3 y se acabaron los sustos. Con la investigación pasó algo parecido. Nada. 

Lo cuenta Jordi Amat en El Hijo del chófer (el título viene porque Quintà era hijo del chófer y confidente de Josep Pla), un recorrido imprescindible por la biografía de un personaje siniestro, capaz de cambiar de equipo en función del cheque. Una historia que es la historia reciente de la demagogia, con una frase que ya forma parte del repertorio de todos esos moralistas de balcónla que pronunció el propio Jordi Pujol, desde el Palau de la Generalitat, minutos después de ser reelegido presidente por mayoría absoluta: "A partir de ahora, cuando alguien hable de ética, de moral o de juego limpio, hablaremos nosotros. No ellos".




miércoles, 25 de noviembre de 2020

La soledad de los números primos

Hoy me ha dado por pensar en lo desgraciadas que deben sentirse las familias de siete personas. Los Serrano, por ejemplo. Y en todo el sacrificio que supone dejarse a un miembro fuera de la mesa. ¿Cómo se elige al apestado? En Madrid y Cataluña, que siempre aportan su sello de autor, la tragedia será para las de once. Comienza la subasta de la clase media




Hoy me ha dado por pensar en lo desgraciadas que deben sentirse las familias de siete personas. Los Serrano, por ejemplo. Ya saben, uno más uno son siete. Y en todo el sacrificio que supone dejarse a un miembro fuera de la mesa. ¿Cómo se elige al apestado? Lo digo por las previsiones del gobierno para estas Navidades. (Vale la pena detenerse un momento a observar la táctica: se filtra un plan, se espera la réplica y en función de la bulla se toman las medidas. Todo muy higiénico). En Madrid y Cataluña, que siempre aportan su sello de autor, la tragedia será para las de once. Comienza la subasta de la clase media. Y aquí no hay ensoñación que valga.

Como ocurre en las cadenas de contagio, la economía también busca a su paciente cero, cuando todavía éramos felices como en una canción de Maluma. Titula La Vanguardia: "La clase media pierde peso y cae a niveles previos a los años 90". Precisamente, en El año del descubrimiento, el cineasta Luis López Carrasco sitúa la fecha exacta en 1992, ¿recuerdan? Fue el año en que perdimos la fe en las mascotas de felpa. Mientras España descorchaba la Expo y los Juegos, en Cartagena ardía el parlamento. Literalmente. ¿El motivo? Comenzaba la desindustrialización del país, aquello del mercado común y la modernez financiera. A la postre, privatización de empresas, deslocalización de sectores estratégicos, familias en paro, comisionistas a tiempo completo y las primeras nostalgias del proteccionismo franquista. La cara B del despelote. Una nota a pie de página. Residual. La idea era que nadie se cargara la macrofiesta. También pasó con la guerra de los Balcanes. En la Eurocopa de Suecia sustituyeron a Yugoslavia por Dinamarca, y tan campantes.

Del mismo barullo trata el premio Booker de este año, Shuggie Bain, debut literario del escritor escocés Douglas Stuart, un retrato de su propia infancia en un Glasgow desgarrado por las políticas de Margaret Thatcher. En la recámara, la caída del Muro de Berlín, la muerte del comunismo y el braguetazo fiscal.

Son dos de las obras de referencia de este 2020 y ninguna aparece al tuntún. En el primer caso hablamos de Murcia, donde la extrema derecha gana cuota de pantalla. En el segundo, de Escocia, donde no hace mucho se celebró un referéndum por la independencia. De aquellos ecos, estos hemiciclos. Aunque la mayor metáfora de lo desandado, a pesar de todo, la ofrece la imagen viral de ese alumno que se encarama a un abedul en Siberia para poder estudiar online. El hombre, o el niño, volviendo a las ramas en busca de wifi, que es el fuego del ciberproletariado. Y ya que está de moda la sobremesa educativa, un libro, o mejor dicho el libro, Devaluación continua, de Andreu Navarra, y una frase que sirve para cualquier bolsillo: "Necesitamos recursos, no sermones". 


 



sábado, 21 de noviembre de 2020

El desamor en los tiempos del covid

O bajamos el listón, y aceptamos a políticos con alguna asignatura suspendida, o nadie va a querer presentarse al casting para ser ministro. Es un sinvivir. Y el jurado tampoco ayuda. No tiene que ser fácil defender unos presupuestos o una reforma educativa bajo la atenta mirada de Bertín Osborne, José Manuel Soto o Pitingo



O bajamos el listón, y aceptamos a políticos con alguna asignatura suspendida, o nadie va a querer presentarse al casting para ser ministro. Es un sinvivir a tiempo completo. Y el jurado tampoco ayuda. No tiene que ser fácil ponerse a defender unos presupuestos o una reforma educativa bajo la atenta mirada de Bertín Osborne, José Manuel Soto o Pitingo. En una semana, sobre la mesa: proetarras, independentistas, el problema del castellano y Cantora. Los temas de siempre, ahora remasterizados.

Cuando Telecinco se queda sin contenidos, echa mano de los Pantoja. Y funciona. Como el PP con el estribillo del España se rompe. Curiosamente, en democracia, fue con Mariano Rajoy cuando por pocas se va al garete. Al final, todo se reduce a la dichosa herencia. Pero para eso está la hemeroteca. Para poner los puntos sobre las íes. Es cierto que Pedro Sánchez, por ejemplo, dijo que no dormiría tranquilo con Podemos. O que jamás pactaría con Bildu. Y toma. Pero el PP tampoco pasa la prueba. De las 37 iniciativas aprobadas en lo que llevamos de legislatura, los populares y los abertzales han coincidido en 14 ocasiones. Por no hablar de cuando Javier Maroto, hoy portavoz del PP en el Senado, era alcalde de Vitoria, ¿saben con quién negoció diversos acuerdos municipales? Eureka. O aquellas reuniones, en Navarra, a principios de los noventa, entre los conservadores de UPNHerri Batasunacuando ETA todavía no era una ficción de HBO. En fin... 

Luego están los expertos en criminología que utilizan a las víctimas o condenan a los asesinos en función del bando. Y Pablo Iglesias, capítulo aparte, que ha conseguido lo nunca visto, ser gobierno y oposición al mismo tiempo. Todo muy cómico, como escribe Xavier Sardà, si no fuera por la pandemia.






miércoles, 18 de noviembre de 2020

La reconquista del oeste

El derecho a una vivienda digna no debería generar ningún debate ¿Por qué? Pues porque lo dice la Constitución, que también habla de no sé qué derecho al trabajo. A no ser que la Constitución solo nos la creamos para ciertos asuntos. Vaya por Dios, como la Historia, que solo es revisable cuando el capítulo en cuestión sirve para ganar unos votos



Díaz Ayuso abrió la veda en Telemadrid: "Son preguntas que no se le hacen a un presidente autonómico". Se refería al hospital de Valdebebas. Una cosa es poner tochos a destajo, montar hospitales como si fueran legos, y otra, muy distinta, contratar sanitarios. Con los que hay, vamos tirando. Se retocan los turnos. Se sobrecarga al personal. Y punto. Se llama reorganización. 

Luego vino José Luis Ábalos, ministro de Transportes y Agenda Urbana, para continuar el show de los despropósitos con el tema de los desahucios: "En teoría, no están permitidos" (una versión muy libre del típico no me consta), mientras una familia con cuatro menores se quedaba en la calle en Carabanchel. Y otra en Fuenlabrada, con una abuela de 82 años. Entonces, ¿qué hay de todo aquello de "la suspensión de lanzamientos"? La parte contratante de la primera parte, o sea, el gobierno, responde: los desahucios están suspendidos, efectivamente, hasta el 31 de enero, pero solo en aquellos casos donde se contemple vulnerabilidad a causa del covid. El resto (eso es, cualquiera que fuera pobre antes del 14 de marzo), que se busque la vida. Al menos, hasta que se revise el asunto, ya si eso, el próximo año.

Y todo, mientras el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno, el órgano que vela por la Ley de Transparencia, acaba de acusar al Ministerio de Sanidad de "hacer una gestión opaca de la crisis del coronavirus" durante el estado de alarma. Sí, ya sé que son temas distintos, que no tienen nada que ver el uno con el otro y, sin embargo, estamos hablando de lo mismo, de la poca gracia que tienen los políticos cuando se salen del monólogo. 

Dicho lo cual, entramos en materia. El asunto de la vivienda es especialmente grave porque la crisis no ha hecho más que enseñar la patita. Si tomamos como referencia Estados Unidos, en 2011, el New York Times publicaba una cifra escandalosa, más de un millón de viviendas embargadas. Y su consecuencia: un 24% de aumento en la venta de caravanas. Lo retrata una de las películas del año, Nomadland, de la directora Chloé Zhao, León de Oro en Venecia. Es la adaptación cinematográfica de País nómada (Capitán Swing) de la periodista Jessica Bruder. Durante tres años, Bruder se unió a los nuevos nómadas, gente que vive en furgonetas para realizar trabajos temporales muy mal pagados a cambio de un lugar donde aparcar. A menudo, son personas mayores, con pensiones irrisorias, que se ven obligadas a trabajar para empresas como Amazon. Tal y como explica la propia autora, en una entrevista en La Vanguardia, las jornadas son tan duras que adormecen la mente, como si "hubieras sufrido una lobotomia". Para describirlo, los trabajadores han acuñado el término amazombis. Entre tanto descontento, por cierto, llegó Trump, que todavía no se ha ido. 

Puede que ese sea el futuro que nos espera, heredar una plaza de parking en usufructo. O un presidente con el tupé revuelto. Cualquier cosa mientras confundimos el derecho a la vivienda con la okupación ilegal a manos de ciertas mafias. Y así se zanja el asunto. Nada de hablar de los cerca de tres millones de viviendas vacías que hay en España. ¿Para qué? Pues porque lo dice la Constitución, que también habla de no sé qué derecho al trabajo, pero exigir que se cumplan dos puntos de la Constitución en el mismo artículo me parece un exceso democrático. El derecho a una vivienda digna no debería generar ningún debate. A no ser que la Constitución solo nos la creamos para ciertos asuntos. Vaya por Dios, como la Historia, que solo es revisable cuando el capítulo en cuestión sirve para ganar unos votos.







sábado, 14 de noviembre de 2020

¿Quién puede matar a un niño? (2ª parte)

La pregunta es pertinente: ¿Cuántos ahogados puede soportar Europa para mantenerse a flote? O si lo prefieren, ¿dónde está la vacuna contra el cinismo? Hay infamias que no cotizan en bolsa



Creíamos que con Aylan lo habíamos visto todo, que no se podía caer más bajo -un niño en la playa, tan quieto, tan muerto- pero, ya ven que en el Mediterráneo siempre hay un hueco para otro crimen. El vídeo de una madre que ha perdido a su bebé durante el naufragio de una patera, sus gritos, son la prueba, otra más, de que, efectivamente, el hombre es un lobo para el hombre. Se llamaba Joseph, tenía seis meses y era de Guinea Conakry. Si lo de Aylan fue explícito, casi porno, esto es erotismo, dos rombos de dolor y a dormir con los angelitos. Para eso sirven los salvapantallas, para revivir los dramas en diferido y evitar así que el virus de la pena se propague por las zonas de picnic. 

Después de cinco años, ahora sabemos que ciertos selfis morales no son más que postureo político. Y que poner a Dios por testigo puede quedar muy cinematográfico pero es poco creíble. Al final de la película, el mar siempre se traga lo que nadie quiere, ya sean microplásticos o inmigrantes. Por eso la pregunta resulta pertinente: ¿Cuántos ahogados más puede soportar Europa para mantenerse a flote? O si lo prefieren, ¿dónde está la vacuna contra el cinismo? Hay infamias que no cotizan en bolsa.



miércoles, 11 de noviembre de 2020

Los bingueros

Cuando se pierde la fe en el futuro, los primeros que se resienten son los bancos de las iglesias y los bingos



Dice Doña Manolita, la lotera (o lo que es lo mismo, Concha Corona, la directora de la mítica administración de loterías madrileña), que este año la gente no está para pedreas. Se están vendiendo décimos, sí, pero no a ritmo de satisfyers. Cuando se pierde la fe en el futuro, los primeros que se resienten son los bancos de las iglesias y los bingos. Todo podría arreglarse si el gobierno sorteara, con cada número premiado, uno de los millones de vacunas que anuncia para principios de 2021. Después de dar prioridad, eso sí, a los grupos de riesgo, quiero decir: adolescentes con miedo al botellón, teletrabajadores sin antivirus en el portátil o viejas glorias de la Liga a punto de fichar por un equipo chinoEs la única manera que se me ocurre de conciliar salud y economía, esos dos gallos que, según la tesis de Johan Cruyff, no pueden compartir pandemia. 

¿Se imagina acudir a su centro de Atención Primaria de confianza a cobrar el reintegro de un boleto y llevarse de paso una minidosis de alguna vacuna taiwanesa? Desde que perdió las elecciones Donald Trump, no ganamos para fiestas. Hasta tenemos ya la lista Forbes con los españoles más poderosos. Solo los cinco primeros acumulan más de la mitad de la riqueza del país. El 55,6% para ser exactos. Y si cinco multimillonarios acaparan el 55,6% de la fortuna nacional, el top ten, así a bote pronto, debería alcanzar el 111,2 por ciento. ¿Imposible? Vayan sumando islas vírgenes y atolones con nombre de ropa y entenderán los saldos. 

Por si acaso, para negacionistas del monopoly, Oxfam Intermón aporta su propio informe con 740 filiales de compañías del Ibex 35 operando en paraísos fiscales. Es cierto que para la oenegé cuenta como paraíso cualquier país con los cristales tintados, pero la cifra, más allá de los criterios, es vergonzante. Por no hablar de otros baremos. En 2019, por ejemplo, el máximo ejecutivo de una empresa del IBEX cobró en tres días lo mismo que un trabajador medio en todo el año, aunque según constata el mismo estudio, debido a la emergencia sanitaria, en los últimos meses, por lo visto, ha crecido el compromiso social de las empresas. A la fuerza ahorcan. Lo peor de tener que escoger entre la bolsa y la vida es pasarse demasiado tiempo jugándosela al pito pito gorgorito porque al final uno puede quedarse sin gordo de Navidad ni médico de cabecera.



sábado, 7 de noviembre de 2020

Del bulo a la bulería

Y así, poco a poco, la democracia se va encanijando tanto que, al final, habrá que meterla en un tarro con formol para que las nuevas generaciones puedan redescubrirla mientras visitan algún museo de Ciencias Políticas



Perder unas elecciones por correo debe ser lo más parecido a que te dejen por whatsapp. Un palo para el currículum. Vender la derrota por fascículos tampoco parece la idea más boyante. Tonifica la sospecha. Y aunque ya sabemos que la slow motion forma parte de la liturgia melodramática, gana el más teatrero, y ahí Trump es el número uno. Ha hecho de la Casa Blanca su plató televisivo, muy al estilo de Berlusconi en su día, otro macho alfa, capaz de seducir a la audiencia con una sobredosis de reality. En poco más de tres años, según The Washington Post, Trump ha lanzado más de 20.000 bulos, sin embargo, aunque pierda la presidencia (y a falta de datos oficiales), podría haber obtenido casi diez millones más de votos que en 2016. Conclusión a pie de urna: mentir en política sale rentable.

Precisamente, para evitar que cunda la trola, aquí el gobierno, como Telecinco, apuesta por el polígrafo. Lo acaba de publicar en el BOE, que es El Mundo Today de los notarios. Básicamente, de lo que se trata, por lo que dicen, es de desenmascarar cualquier injerencia rusa. O prima hermana. Para conseguirlo se crea un comité de expertos, con todo lo que eso significa, arbitraje casero y cabreo en la grada. El problema de fondo radica en saber para qué se utilizará el invento cuando ya no quede ni un Iván Drago para pasar por la picota, ¿se acabará el Deluxe? A falta de profesionales independientes y PCR homologadas, cualquiera puede ser un ruso asintomático. Por eso la derecha, que nunca ha oído hablar de censura o Ley Mordaza, está que trina. Hay concejales leyendo a Orwell a toda pastilla por si toca citar algo sobre el Ministerio de la Verdad en alguna emisora de barrio. 

El lío, por si no lo recuerdan, comenzó con una pregunta trampa del CIS: "¿Cree usted que en estos momentos habría  que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación sociales, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?" El 66,7% de los encuestados dijo sí a no se sabe qué. Ahora toca apechugar por ir de listos. Y así, poco a poco, la democracia se va encanijando tanto que, al final, habrá que meterla en un tarro con formol para que las nuevas generaciones puedan redescubrirla mientras visitan algún museo de Ciencias Políticas.



miércoles, 4 de noviembre de 2020

El miedo, instrucciones de desuso

Lo que tienen en común todos los miedos es que detrás de cada uno siempre florece un gran negocio. O varios 



Poco se está hablando de la crisis de la castaña. Sí, sí, la castaña. El semiconfinamiento de Todos los Santos ha sido la puntilla para un sector que ya venía tocado con toda la horterada esa de Halloween. Los más afectados, sin duda, el sindicato de estudiantes. Sin la tradicional venta callejera de castañas asadas, no hay manera de hacer caja para el viaje de fin de curso. El viaje de fin de curso, recuerden, era el principal motivo para que los niños no abandonasen la escuela antes de tiempo, como ocurre en otros países, donde lo más frecuente es amasar una fortuna de muy jovencito, cosiendo balones de cuero, por ejemplo, para que nuestros cracks marquen muchos goles. 

Aquellas excursiones, además, eran todo un rito de iniciación. Si uno era capaz de aguantar 50 horas en un autocar de dos plantas, ya estaba preparado para cualquier zumba existencial que trajera el futuro. O eso prometían las guías de viaje. Ya en las Termas de Caracalla o en la Acrópolis de Atenas había que dejarse un carrete de 36 fotos, que era la hostia (para que luego se crean los influencers que han descubierto América), comprar muchos souvenires, incluso para los vecinos, y llevarse la típica caricatura de rigor. En toda Europa, no hay monumento o plazoleta concurrida sin un dibujante. Lo que vengo a decir es que la caricatura tiene algo de turístico, hay que alejarse mucho para poder reírse de uno mismo. Sin la distancia adecuada, cualquier parodia puede parecer una declaración de guerra. Y todo esto viene a cuento por el rebrote de yihadismo de los últimos días. Algo no funciona, desde luego, cuando un profesor francés, que quiere enseñar a sus alumnos que con la libertad de expresión no se juega, muere decapitado. Moraleja para toda una generación: la blasfemia tenía un precio. Luego Macron desenfunda esa frase de spaguetti western: "El miedo va a cambiar de bando". No señores, el miedo no tiene que cambiar de acera, el miedo, simplemente, tiene que desaparecer, porque si no, lo único que estamos haciendo es allanar el camino para que el presidente turco haga de presidente turco, la extrema derecha de extrema derecha, y en medio, vaya tomando forma un reguero de inocentes, ya sea un profesor de instituto, una anciana que reza en Niza o unos amigos que charlan en un café de Viena. 

Y lo que vale para unos, también vale para otros. Cuando el trío lerele de las Azores se montó su particular paintball en Irak, medio mundo protestó contra la injusticia. Ahora es el turno de que los musulmanes, los no fanáticos, la inmensa mayoría, supongo, condenen sin medias tintas toda esta nueva ola de violencia. Otra cosa es que aquí, en casa, nos preguntemos ¿qué cojones pasa para que unos chavales sueñen con ir a Disney World y otros solo piensen en viajar a Siria? La noticia del imán que captaba menores acogidos en San Sebastián, nos pone sobre la pista. Pobreza, marginalidad, desencanto, abandono absoluto, falta de expectativas... Lo de siempre, sin que nadie se digne a proponer un solo remedio. Por no hablar de los tejemanejes que se traen los gobiernos occidentales con ciertos emiratos: trapicheo de armamento, contratas de todo tipo, venta indiscriminada de grandes clubes, derechos de televisión, mundiales de fútbol, reyes eméritos... 

Y a todo esto, ¿España qué dice? Pasa palabra. Esta vez parece que Charlie Hebdo no va con nosotros. Quizá sea porque aquí de blasfemar sabemos un rato. Tenemos a Willy Toledo, aunque blasfemar en cristiano sale más económico. O porque se cuecen otros sustos. La okupación, sin ir más lejos. Las grandes fortunas de este país están invirtiendo en Securitas Direct, según informa elDiario.es. Ya ven por dónde van los tiros. Pero tampoco se trata de ir mezclando fobias a lo loco, para eso ya están los psicoanalistas. Si algo tienen en común todos los miedos es que detrás de cada uno siempre florece un gran negocio. O varios.



sábado, 31 de octubre de 2020

Operación fracaso

Nadie estudia tres idiomas para repartir pizzas a domicilio. Durante años, cundió la idea en este país de que cualquier paleta podía coleccionar discos de platino como churros. O que para ganar Eurovisión bastaba con hacer la dieta de la alcachofa. El resultado, crece el resentimiento entre aquellos que creyeron que pasando cuatro castings tendrían un futuro más o menos digno



El formato es sencillo: gente sobre el escenario desplegando su absoluta falta de talento. Una academia para perdedores, donde los coaches -Quique Setién, Albert Rivera y el primer expulsado de Gran Hermano 5, por ejemplo- dan clases de cómo escribir un libro sobre la erótica del derrotado. El premio, pasar un fin de semana desapercibido en Twitter. Presentaría, Marlene Mourreau. Ya sé que el proyecto está muy verde todavía, pero es que toca rebajar la euforia. Primero, porque aunque la música se hunde (como el resto de la cultura), a juzgar por el número de programas que hay en antena, debemos ser uno de los mayores productores mundiales de cantantes de karaoke. Segundo, porque el PIB crece un 16,7% en el tercer trimestre y con semejante dato sobre la mesa podría producirse un repunte de la venta de caviar en Mercadona

Es lo que ocurre cuando lo que queda de la economía es una ficción publicitaria. Entonces, las falsas expectativas acaban con la quema de contenedores. Lo predijo hace diez años el científico de la universidad de Connecticut, Peter Turchin. Mezcló matemáticas e historia, lo llamó cliodinámica, y vaticinó que este 2020 sería un polvorín. Como Nostradamus, está de moda. Uno de los motivos de tanta bulla, según Turchin, sería el exceso de jóvenes con titulaciones universitarias. Nadie estudia tres idiomas para repartir pizzas a domicilio. Durante años, cundió la idea en este país de que cualquier paleta podía coleccionar discos de platino como churros. O que para ganar Eurovisión bastaba con hacer la dieta de la alcachofa. El resultado, crece el resentimiento entre aquellos que creyeron que pasando cuatro castings tendrían un futuro más o menos digno. 

Lo que provoca un aumento de la inestabilidad política. Ahora todo el mundo busca sello discográfico. Y lo peor, tal y como escribe en The Objective, el filósofo, Ferran Caballero, es que "quien busca un salvador siempre acaba encontrándolo".


miércoles, 28 de octubre de 2020

Esto no es un botellón

¿Recuerdan aquel anuncio del Scattergories? "Es mi Scattergories y me lo llevo". Pues eso, de toda la vida, las reglas las han impuesto los dueños del juego. Y el resto, aceptamos pulpo



Si estas Navidades usted no puede reunirse con su tía Gertru y sus 150 primos de Villanueva de los Infantes sepa que es porque no tiene un casino donde caerse muerto. La diferencia entre celebrar y no celebrar la Nochebuena, por lo visto, la marca un casino, pero no un casino de esos que parecen un cuarto oscuro a las puertas de un colegio, sino un casino elegante, con su escalinata de mármol, sus vidrieras neobarrocas y sus lienzos de Romero de Torres. Ya lo indica el eslogan de la ciudad casino por excelencia, "lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas". Y ahora, por extensión, en el Casino de Madrid. La que se ha montado porque El Español (el digital, no el equipo de fútbol) ha celebrado, en petit comité, apenas 80 comensales, su quinto aniversario justo el día que comenzaba el estado de alarma. Y eso que se cumplían, "escrupulosamente", todas las medidas de seguridad que señala el protocolo de los chiquiparks para este tipo de juergas. 

Entre los invitados, la crème de la crème, cuatro ministros, incluido el de Sanidad, que avalan la fiabilidad del cumple. También el líder de la oposición, Pablo Casado, la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, Inés Arrimadas y otros políticos, empresarios, banqueros, cargos militares y deportistas de copete. Personal, como ven, altamente cualificado, con doble posgrado en la Sorbona, al menos, capaces de calcular, si toca, la parábola exacta que describen los aerosoles en caso de estornudo. Riesgo cero. Lo que viene siendo un botellón con calimocho de barrica. Además, hay que tener en cuenta que los grandes líderes también merecen su momento after. Si a usted o a mí nos confinan el finde, tampoco es para tanto, tenemos el resto de la semana para tocar el ukelele. Pero ellos las están pasando canutas con todo esto del covid. Mucha presión, tanta que por algún lado tiene que petar el asunto, ya sea en un polígono o en un palacete.

Y por si todavía quedan dudas, Pedro J. Ramírez, artífice de la velada, zanja el debate con las típicas declaraciones que vienen a decir, más o menos, que esto no es lo que parece. Y si lo fuera, qué. ¿Recuerdan aquel anuncio del Scattergories? "Es mi Scattergories y me lo llevo". Pues eso, de toda la vida, las reglas las han impuesto los dueños del juego. Y el resto, aceptamos pulpo.





sábado, 24 de octubre de 2020

Política ficción, Rocky V y el nuevo Churchill

¿Qué tal la moción? Pues como diría Joaquín Sabina: Y la pandemia siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido



Cada uno celebra su primer millón de contagios como le da la gana. Aquí, moción de censura. La quinta de la democracia. A nada que se controle un poco el mundillo de las sagas, se sabe que las quintas partes nunca fueron buenas. Ahí tienen Rocky V. Con lo fácil que hubiera sido publicar un desnudo artístico en Instagram. O mejor aún, montar una comitiva de las de siempre, en plan Mr. Marshall, con Espejo público retransmitiendo en directo el último positivo desde el hall de un hospital de campaña engalanado hasta los topes, con su enfermera de faralaes, un representante de la diputación de Cuenca, por ejemplo, la entrega de un lote de mascarillas FFP2 para la familia del agraciado, gentileza de modas Carmen, y una versión adaptada de la canción de Los Stop. Pero eso es pedir demasiado. Aquí, si no hay un político chupando cámara, no aceptamos la película. 

¿Y la moción? Parafraseando a Sabina: y la pandemia siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. O lo que es lo mismo, un delirio de máxima urgencia, se anunció en julio y se ha votado a finales de octubre. Con piñazo de VOX, que es ese partido con pocos singles (menas, okupas, virus chino...), pero muy bailongos. Habló incluso de crear la iberoesfera, una alternativa a la capa de ozono europea, comandada, seguramente, por Trump, que nos dejaría, por supuesto, ir a buscarle el frisbie. Un cachondeo. Cómo sería la cosa, que Pablo Casado fue la estrella (con permiso de Aitor Esteban, PNV, que se pulió la pantomima en menos de dos minutos. Plis plas). Le aplaudió hasta un ujier del Congreso. O sea, el proletariado. A Pablo Casado, digo. No se veía nada igual desde lo de Ronaldinho en el Bernabéu. Ya ven, como dice Jordi Évole, de repente, nos ha nacido un Churchill. Ocurre en tiempos de crisis. Cualquiera puede ser el 9 del Barça. Hasta Braithwaite. Y todo el mundo la mar de contento. Volvemos al centrismo. ¡Hurra! Bruselas puede dejar la dormidina, al menos, este fin de semana. Y en las sedes de los partidos, mucha hombrera, mallas y chupa de polipiel. Lo que viene siendo el uniforme oficial de los ochenta, cuando éramos un país modernete, capaz de arrinconar a la extrema derecha. 

Algo que habrá que ver cómo se traduce a pie de urna. La calle es otro circo. La sensación es que España se catalaniza. De aquí a unos años podremos explicar a nuestros nietos que tras una falsa declaración de independencia ahora hemos vivido una moción fake. El televotante, quiero decir el demócrata de la política ficción, siempre empatiza con el más gamberro del reality. Si a eso le sumamos que el 2021 pinta como pinta, el follón está servido. Por si las moscas, el autor de Sobre la tiranía, Timothy Snyder, avisa en El Mundo: "Los líderes populistas son buenos inventando crisis, pero no lidiando con ellas".







miércoles, 21 de octubre de 2020

The show must go on

No es lo mismo enfrentarse a la pandemia en modo PlayStation, con distancia social y varias vidas de regalo, que tener que viajar cada mañana en el metro. Al final todo se reduce a, cuando acabe la partida, tener otra moneda para seguir jugando



Ha muerto Luis Ángel Salazar. Puede que el nombre no les diga nada. Quizá su apodo artístico: Príncipe Aéreo. ¿Tampoco? Era un luchador mexicano, como Mickey Rourke pero sin trampa ni cartón. Hasta el punto de caer fulminado sobre la lona el pasado sábado. Resulta que la lucha libre, como la vida, también iba en serio. Nada que ver con el pressing catch que nos vendieron de críos. Aquello era la Champions. Coreografía del mamporro. Puro espejismo. Quiero decir que no es lo mismo ser una estrella de la WWE que un gladiador de la tercera regional mexicana. Y lo mismo ocurre en todos los cuadriláteros. También con la pandemia. Mientras unos se la juegan en modo PlayStation, con distancia social y varias vidas de regalo, otros tienen que viajar cada mañana apiñados en el metro. Pero eso es lo menos. Lo que media España llora de veras es la pérdida de Rosito, el oso de juguete de una de las protagonistas de La isla de las tentaciones. El osezno ha sido uno de los grandes damnificados del fornicio y ha acabado en la hoguera sin que ninguna protectora de peluches se atreva a decir ni pío. Luego llegará el turno de la segunda ola de solidaridad fingida. Y todos seremos repartidores, sanitarios, mujeres de la limpieza o muñecos de trapo, ¿qué más da? Se lleva mucho eso de ponerse en la piel del otro de balcón para afuera. Al final todo se reduce a, cuando acabe la partida, tener otra moneda para seguir jugando.







sábado, 17 de octubre de 2020

Yo soy la justicia, yabadabadú

Mal asunto cuando los jueces se convierten en las estrellas de la Liga y conocemos sus nombres como si fueran la alineación del Rayo. Al final no va ser casualidad que haya un Pedro y varios Pablos en el hemiciclo. Por no hablar de otros trogloditas. Solo falta que el congreso se traslade a Dinópolis 



En anteriores capítulos, un whatsapp rula entre la comitiva pepera: "Controlaremos la Sala Segunda desde detrás". (Nota: darse de baja de cualquier grupo de amigotes que no permita festejar chanchullos con muchos emoticonos). Contexto: cinco días antes, PSOE y PP habían alcanzado un principio de acuerdo para la renovación del Poder Judicial. (Apunte sin importancia: el gobierno de los jueces lleva dos años con la ITV caducada). ¿Y qué es la Sala Segunda para que todo el mundo quiera meter mano? La única competente para enjuiciar a diputados, senadores y miembros del gobierno. Traducción: la que decidirá próximamente sobre la gestión de la pandemia, la operación Kitchen y cualquier otra corruptela por venir.

Desde entonces, bloqueo absoluto. Y Bruselas mandando señales de humo a la espera de que el PP mueva ficha o saque un 6. Hasta esta semana. Ahora el gobierno, para desbloquear el parchís, anuncia un cambio en las reglas del juego. Pasamos del mangoneo a la chapuza mayor. Y Casado ha aprovechado el regalo. Mail urgente al corazón de Europa. Con ojitos democráticos. Asunto: ¿Te das cuen...? En entredicho, ni más ni menos, que la separación de poderes, ese divorcio que no termina nunca. Y Bruselas, cada vez más mosca con España. Si hace medio mes algunos nos comparaban con Zambia en cuestión de rastreo por la pandemia, ahora nos meten en el bombo de Polonia y Turquía en materia de justicia. Lejos queda el espíritu fundacional de la ley, que buscaba un mínimo de consenso, esa palabra que si se dice tres veces seguidas en sesión parlamentaria puede provocar un ictus.

Mal asunto cuando los jueces se convierten en las estrellas de la Liga y conocemos sus nombres como si fueran la alineación del Rayo. Al final no va ser casualidad que haya un Pedro y varios Pablos en el hemiciclo. Por no hablar de otros trogloditas. Solo falta que el congreso se traslade a Dinópolis. Ya lo escribió Joan Sales, autor de Incierta gloria, "por pueril que pueda parecer, la pregunta ¿quién comenzó? es moralmente decisiva".




miércoles, 14 de octubre de 2020

Rebeldes con marca

Hasta hace poco desobedecía el que no tenía nada, removido por una injusticia infinita. Ahora, en cambio, protesta el que más tiene, propulsado por una codicia sin límites. Son los propios dirigentes los que llaman a incumplir las leyes que ellos mismos aprobaron mientras chupaban del bote. La desobediencia se ha convertido en el nuevo selfi de las élites, un símbolo de estatus, igual que llevar un Rolex



Uno nunca sabe a qué verbo apostar su futuro. Debería existir la figura del broker lingüístico, un asesor capaz de prever cuál será la próxima estrella del diccionario. Quién iba a pensar hace unos años, por ejemplo, que desobedecer se iba a convertir en la joya de la corona. Hasta hace dos películas, la desobediencia era cosa de gladiadores. En Espartaco (versión Stanley Kubrick mano a mano con Dalton Trumbo) queda claro: finde patricio en Ca Batiato, combate a muerte, como las artes marciales mixtas de Gol TV pero en cinemascope. Finalísima por el cinturón de campeón de la UFC de Capua. Espartaco versus Draba, un etíope, por lo visto, aficionado a los cuentos de Herman Melville, que, cuando llega la hora del matarile, responde como un escribiente cualquiera, "preferiría no hacerlo".

El resto es una historia más o menos taquillera de la insumisión para todos los públicos, con su Thoreau, su Tolstói, su Gandhi y hasta su Quim Torra. Quiero decir que hasta hace poco, por norma general, desobedecía el que no tenía nada, removido por una injusticia infinita. Ahora, en cambio, protesta el que más tiene, propulsado por una codicia sin límites. La ideología es sencilla: desobedezcan a todos, menos a mí. Tenemos un nuevo rebaño que quita el hipo. Son los propios dirigentes los que llaman a incumplir las leyes que ellos mismos aprobaron mientras chupaban del bote. 

De Trump a Madrid, pasando por la Generalitat, la rebeldía se ha convertido en el selfi de las élites, un símbolo de estatus, igual que llevar un Rolex. De lo que se desprende, que no desobedece quien más lo necesita sino quien puede permitírselo.





sábado, 10 de octubre de 2020

Todos somos precarios

Hay que trabajar mucho para llegar a pobre. De hecho, solo 2,5 millones de personas lo han conseguido en este país por ahora. Son datos de Cáritas, presentados durante la Jornada Mundial del Trabajo Decente, ese que no se cata hasta después de la boda




Hay que trabajar mucho para llegar a pobre. De hecho, solo 2,5 millones de personas lo han conseguido en este país por ahora. Antes, llegar a fin de mes, ya era todo un logro. Ahora, si alcanzamos la quincena, aceptamos el convenio. Son datos de Cáritas, presentados durante la Jornada Mundial del Trabajo Decente, ese que no se cata hasta después de la boda. La temporalidad y el coitus interruptus de las contrataciones son la nueva pandemia. Y no hay gremio que se salve. En El País: "Los riders de la abogacía: 60 horas por 500 euros". Vayan sumando: médicos interinos, profesores asociados, articulistas, kellys y cualquier otro cofrade sin un chalé en Las Maldivas...; y ya tienen un mapa mudo del esclavismo punto cero. Nada nuevo. Hace unos años, Tomasso Coletti, presidente de la provincia de Chieti (región de Abruzzo, centro de Italia), ya utilizó aquel lema nazi del "trabajo os hará libres" para promocionar las oficinas de empleo. En su descargo, no recordaba dónde lo había leído, pero sí que era "una de esas citas que te impactan al instante".

Si lo piensan, Pancho (Verano Azul) ya era un rider explotado por sus tíos. Hasta Fernando Fernán Gómez dejó por escrito que las bicicletas son para el verano, no para el invierno, aunque Derlin Newey tenga que estar repartiendo pizzas en Utah a sus 89 años. Es el último ejemplo de la economía que nos espera. Su caso se ha viralizado gracias a Tik Tok. Un grupo de buenos samaritanos ha logrado juntar un donativo de unos 12.000 dólares, lo justo para una bicicleta eléctrica. De marca, por supuesto.

Me sorprende cómo somos capaces de conmovernos por las causas más variopintas. Si un grupo de protozoos monta un piquete en la Antártida, ahí vamos todos. Y, sin embargo, cuando toca arrimar el hombro, por una protesta común, nos dividimos en mareas como una caja de plastidecoresYa lo dice la biblia del currante: "Precarios somos y en precarios nos convertiremos".




miércoles, 7 de octubre de 2020

La década prodigiosa

Para que luego digan que no hemos evolucionado, del raquitismo al sobrepeso en apenas una pantalla. Los hijos de los parados ya no se mueren de hambre, ahora tienen derecho, incluso, a cinco raciones diarias de bollería industrial



Marbella. Agosto de 2003. Isabel Pantoja: "Dientes, dientes, que eso es lo que les jode". Kevin Systrom, joven programador, toma nota en la cafetería de Stanford. La receta está servida: mezclar careta y espejo en la misma olla. En 2010 crea Instagram. Justo ahora se cumplen diez años. Y los años tecnológicos, como ocurre con los perros, hay que traducirlos al castellano. O sea, que una década de microchips equivale, grosso modo, a toda una edad geológica. La historia, por supuesto, no fue así, pero la historia en estos casos es lo de menos. Lo importante es el montaje del director. Luego, si hay que recular se recula. Recular, como ya saben, es colgar un belfie (autorreatro del culo) un mínimo de dos veces por semana. O pitar penalti para compensar un error del VAR a favor del contrario. Más o menos lo que ha hecho Pedro Sánchez con el Rey. En cuestión de unos días, tras el lío ese de los despachos y la ausencia de Felipe VI en Barcelona, el Jefe del Estado y el presidente del gobierno van a lucir dientes por partida doble. Pero es que este país, si de algo sabe es de dobleces.

Lo pienso mientras veo a María Martín, la que fue protagonista de El silencio de los otros ("un viaje a las cunetas del franquismo", según títuló El País en su día ), llevando flores al quitamiedos donde yace, en una fosa común, su madre, Faustina López. Fuera de contexto, la imagen de la anciana con su luto, sentada en el arcén de una carretera, bien podría ser un homenaje de la Dirección General de Tráfico a los 1.806 muertos por accidente en 2018, año en que se estrenaba el documental que acaba de ser premiado con dos Emmys. Así está el panorama: represaliados del franquismo y moteros con mala suerte comparten cuneta. Para algunos, buscar a un familiar asesinado, fuera cual fuera el bando, es poco menos que brujería. 

De aquellos años de barbarie, lo que más recuerdan los que todavía no han muerto en las residencias, es la miseria y el hambre que despachan las posguerras. Ahora, la pobreza es otra cosa. Noticia de El País: "La obesidad infantil afecta el doble a los niños de familias con rentas más bajas". Para que luego digan que no hemos evolucionado, del raquitismo al sobrepeso en apenas una pantalla. Los hijos de los parados ya no se mueren de hambre, ahora tiene derecho, incluso, a cinco raciones diarias de bollería industrial. La comida basura es el dieselgate de la sanidad pública, pero a ver quién es el guapo que rechista. Cada vez que un biólogo cuestiona un alimento precocinado se monta un cirio. No se salva ni el capitán Pescanova. Cuando una televisión se atrevió a emitir un reportaje sobre el verdadero valor nutricional de sus palitos de pescado, el cabreo de la empresa gallega fue tan grande que la cadena en cuestión, para no perder el pastón que la multinacional se dejaba en anuncios, tuvo que contraprogramar otro espacio alabando los beneficios de los congelados frente a la crisis de las vacas locas. Es cierto que de aquello ya hace mucho, casi veinte años, pero viene a cuento porque la Audiencia Nacional acaba de condenar al expresidente, Manuel Fernández de Sousa, a ocho años de cárcel por falsear las cuentas para lograr financiación, lo más parecido a pasar un filtro ultrafashion por la calculadora, es decir, postureo empresarial y un pufo de casi 3.000 millones. Lo explica en elDiario.esJosé Precedo, que de complicidades gallegas sabe un rato.

Y a base de fast food, la pobreza se va acumulando en las venas. Y no hay Danacol que lo pare. Lo peor de un niño curvy es que no da la talla para ser instagramer. Ni siquiera instapoeta. Para rimar versos, por lo visto, hay que tener los oblicuos en estado de gracia. Y tampoco da la talla el típico barrio donde a falta de pan hay pizza. No es lo mismo lucir palmito en un resort de Dubái que en la pensión Doña Carmen. Para colmo, ahora que nadie nos lee, hay que ver cómo se ha puesto el precio del kilo de seguidores. Está por las nubes. Quiero decir, que para ser influencer también hay que tener un padre futbolista. De hecho, si el comercio de proximidad quiere subsistir, que se deje de tanta campaña de Correos y se ponga a vender likes en cualquier frutería.

Todo lo anterior forma parte de un retrato generacional con los menos fotogénicos de cualquier crisis. Vale la pena recordar la respuesta que siempre recibió María, la octogenaria que suplicaba la exhumación de su madre Faustina: "Te llevarás a tu madre cuando las ranas críen pelo". De momento, los árboles ya dan móviles. Los cuelgan, en Estados Unidos, cerca de los centros de distribución, los repartidores de Amazon, para ser los primeros en recibir el pedido. Todo llega, Faustina. Hasta la distopía.