miércoles, 23 de diciembre de 2020

¿Qué hace un virus como tú en un sitio como éste?

Aborrecemos cualquier toque de queda socialcomunista, pero cuando nos dejan sin los diez mandamientos, nos pasamos el sentido común por el forro de la zambomba



Si lo piensan, existe un terraplanismo familiar en la idea pseudocientífica de pasar la Nochebuena juntos. Escribo terraplanismo, que viene de terraplén, o sea, curva, derrape y batacazo. Somos negacionistas desde san Pedro. Y tiene gracia, porque aborrecemos cualquier toque de queda socialcomunista, pero cuando nos dejan sin los diez mandamientos, nos pasamos el sentido común por el forro de la zambomba. Para algunos, la mala suerte, caer enfermo por ejemplo, es como la lotería, siempre le toca a los otros. Y semejante emperramiento, se debe, sobre todo, a esa tendencia publicitaria de dar jodienda al 2020. 

El humano se diferencia del pangolín, el visón o el murciélago -bichos oficiales de este año- por ser capaz de montar un negocio de cualquier despedida de solteros. También en la Puerta del Sol. No, el 2020 no se va a acabar en Nochevieja por muchos conjuros que traiga el Sálvame Naranja, como tampoco se acabó la guerra en el 36  (puede que ni siquiera en el 39), o la gripe española con el cotillón del 18. El coronavirus tiene cepa para rato, y se lo va a pasar en grande mientras corre el orujo y el turrón de Jijona. Luego, con el buche lleno, es hora de descorchar la típica mesa de debate donde se habla de lo de siempre, ya saben, las nuevas voces femeninas del cine iraní o el origen y frecuencia de las ondas de radio que surcan el universo. Y con semejante repertorio, más el monólogo real, no queda otra que desearles, como hace Sergio C. Fanjul en El País: "Feliz bicarbonato y próspero ibuprofeno". 

En memoria de F.G. y todos los que no merecían un final como éste.



sábado, 19 de diciembre de 2020

Basada en hechos reales

 Sin un enemigo, real o imaginario, ¿de qué vivirían unos cuántos?




Laporta es Godzilla. Su lona mastodóntica amenaza un Bernabéu cerrado por obras. ¿Genialidad o provocación? Pues un poco de todo y un mucho de nada. Lo que viene siendo cualquier precampaña en los últimos tiempos, un arrebato publicitario. ¿Y debajo? El andamiaje de un edificio, y quien dice edificio dice país, comunidad autónoma o provincia de secano, que solo busca financiación para poder rehabilitar su fachada. ¿Se imaginan por un momento la performance en sentido contrario? Me refiero, al póster desplegable de Florentino Pérez en mitad de la Rambla. Salvo el indignado de turno, no se ha producido hasta ahora, que sepamos, ningún tsunami. A ver si al final, lo que para algunos es la capital del despotismo, o sea Madrid, acaba teniendo más sentido del humor que Ítaca. Sin un enemigo, real o imaginario, ¿de qué vivirían unos cuántos?

Más allá del troleo, Joan Laporta también ha presentado a su junta directiva. ¿Lo más significativo? Solo hay una mujer en el once de gala -vaya, como en el Real Madrid-, lo que ha suscitado otro debate (no ganamos para trifulcas) sobre la paridad postiza. Y todo eso, mientras el ayuntamiento de París ha sido multado por tener a demasiadas mujeres ocupando cargos de responsabilidad. Sí, sí, como suena. 90.000 euros por incumplir una ley de 1983 que castiga a las alcaldías de las grandes ciudades que no respetan la igualdad de género en los nombramientos. Suponemos que, a partir de ahora, el escrutinio será igual de riguroso en todas las administraciones donde ocurre justo lo contrario. 

Y para demostrar que estamos cambiando de veras, que no es solo postureo de barómetro, se filtran los whatsapps eróticos de Benito Pérez Galdós a Emilia Pardo Bazán. Los otros, los de la Doña gallega, ya se publicaron en su día -aquí toda chismografía tiene su minuto de oro-. Es la guinda a un año que nos ha parecido un siglo. En las competiciones deportivas se suele decir que esto no es cómo empieza sino cómo acaba. Por desgracia, this is the end, y el año Galdós cierra convertido en un Sálvame literario. Desde Sabrina, al menos, cada Nochevieja que se precie viene con su tetamen de regalo. 



miércoles, 16 de diciembre de 2020

Lo que no aprendimos (ni con una pandemia)

Los bancos, siempre tan dispuestos a echar una mano, suben las comisiones. Ahora que la economía reflota, que del virus ya no se acuerda ni Dios y que el paro está en mínimos históricos, lo menos que puede hacer el contribuyente es pagar por tener acceso a sus propios ahorros 



1. LITERATURA. Los bancos, siempre tan dispuestos a echar una mano, suben las comisiones. Ahora que la economía reflota, que del virus ya no se acuerda ni Dios y que el paro está en mínimos históricos, lo menos que puede hacer el contribuyente es pagar por tener acceso a sus propios ahorros. El día menos pensado, el agua cotiza en bolsa. ¡Ah no!, que eso ya ocurre. Pues así con todo. Hubo un tiempo en que los billetes llevaban impresa la cara de algunos escritores. Juan Ramón Jiménez valía 2.000 pesetas. Benito Pérez Galdós, la mitad. Rosalía de Castro, la mitad de la mitad, es decir, 500. Y así, hasta llegar a Clarín o Bécquer que eran los más económicos. No es que la literatura saliese ganando, pero el capitalismo, al menos, se daba un barniz de biblioteca. Ahora ya no hace falta. En Argentina, por aclamación popular, quieren meter el rostro de Maradona en un billete de 10.000 pesos. Así se devalúa un sistema. Lo más curioso es que en política no aceptamos que nadie se lleve un pellizco en comisiones y, sin embargo, a los bancos se lo permitimos todo. 

2. HISTORIA. La mesa del Congreso, con sus allegados de PSOE, PP y Vox, rechaza investigar al rey emérito. De este modo, los partidos monárquicos le hacen un flaco favor a la corona. Dejan a Don Juan Carlos sin la posibilidad de poder defender el título contra todo este contubernio maravillosamente orquestado por republicanos, comunistas y, si me apuran, hasta algún austríaco que todavía no ha sabido encajar la eliminación copera en el siglo XVIII. 

3. CINE. Hay que salvar la Navidad a toda costa. Dicho así, suena a película bélica de Steven Spielberg, Salvar al soldado Ryan, o sea, comercial. La última vez que nos dio por salvar algo, lo hicimos en modo Paco Martínez Soria. Me refiero al turismo, el pasado verano. Resultado, nos pilló la segunda ola haciendo toples. Cervantes, que también tuvo su chatarra conmemorativa, monedas de 50, de 20 y de 10 céntimos (con la llegada del euro, la literatura se fue a pique) quizá lo hubiera reescrito así: con el capital hemos topado.

3. CIENCIA. La Alianza para la Vacunación del Pueblo, una red que incluye a organizaciones como Amnistía Internacional, Oxfam, Frontline AIDS, Global Justice Now... denuncia que los países ricos van a acaparar el 53% de las vacunas pese a representar, tan sólo, el 14% de la población mundial, según publica The Guardian. La cosa va de monopolios y donde hay monopolio, como pasa con el pelo, hay alegría, salvo que uno sea calvo. En un artículo, en El Periódico, Ramón Lobo recuerda que las vacunas desarrolladas por las grandes farmacéuticas "recibieron 5.000 millones de dólares de dinero público". Por suerte, esta crisis nos iba a hacer mejores o eso era lo que decían los anuncios de los bancos.









sábado, 12 de diciembre de 2020

Crónica de otro incendio anunciado

 Esta semana, hemos celebrado el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos con el incendio de una nave abandonada en Badalona donde vivían hacinados cientos de inmigrantes. Por ahora, tres muertos y más de veinte heridos. Cada año, por estas fechas, arde algún pobre. Se está volviendo costumbre



Esta semana, hemos celebrado el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (72 años de brindis al sol), con el incendio de una nave abandonada en Badalona, donde vivían hacinados cientos de inmigrantes. Por ahora, tres muertos y más de veinte heridos. Cada año, por estas fechas, arde algún pobre. Se está volviendo costumbre. Ya sea porque se calienta con una barbacoa como si fuera una estufa, por un exceso de velas o por una madeja de cables pinchados a la primera farola que se pone a tiro, da igual la fórmula medieval del circuito eléctrico, lo importante es que cada año, por estas fechas, una hoguera prenavideña anuncia un sacrificio. 

Así nacen las tradiciones. De la manera más sádica. Desalmando los conceptos. De repente, alguien acuña eso de la pobreza energética. Trocea la miseria de los invisibles en lonchas tan finas que parecen una delicatessen económica, hasta que prende un colchón y el sueño de algún desgraciado, o varios, se convierte en cenizas. Entonces, un buenismo de pandereta recorre el espinazo de los periódicos. También forma parte del rito. Como la indignación transitoria. Un atenuante para que la pena no se contagie por los abetos de los centros comerciales. 

Después de más de una década de preavisos (los que llevaba la antigua nave industrial ocupada), la hipertrofia administrativa ha sido incapaz de impedir la ruina. Pero tampoco es plan de andar buscando culpables, eso es impropio de las democracias con pedigrí. Aquí lo que funciona es la estimación de voto. Por eso, cabe recordar, otra vez, algún fragmento de los Derechos Humanos. Hay villancicos que se olvidan demasiado pronto, como éste: "Todas las personas nacen libres e iguales, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política...". No se rían. No es un chiste.




 





miércoles, 9 de diciembre de 2020

La paja, el ojo y la viga

Ya nos hemos fundido otra vida, y no sé cuántas trae de regalo esta pandemia. Cerramos estas microvacaciones, un primer ensayo de las fiestas, con una ineficacia por encima del 90%. Las Navidades, como las vacunas, también se prueban



Ya nos hemos fundido otra vida, y no sé cuántas trae de regalo esta pandemia. Cerramos estas microvacaciones, un primer ensayo de las fiestas, con una ineficacia por encima del 90%. Las Navidades, como las vacunas, también se prueban. Irresponsabilidad absoluta. No por las fotos de aglomeraciones disfrutando del megavatio, esas son tan pomposas como un led, cambian de color según la calle peatonal que pisamos, sino por todo lo que no se ve de la imagen en bucle, lo que queda fuera del escaparate o del microscopio. 

El ángulo muerto es el Triángulo de las Bermudas de los contagios. Da pie a todo tipo de conjeturas, la última, que los escritores son los niños mimados del Brexit, por eso el segundo vacunado en el Reino Unido es William Shakespeare. Por no hablar de la figura del allegado en el pesebre. Este año se lleva el villancico contradictorio, ya saben, quédate en casa pero deja tu aguinaldo en el comercio de proximidad; no salgas a la calle pero mira qué pastón nos hemos dilapidado en luces... Y el zulo en casa del vecino por si vienen los alguaciles a contar comensales. Necesitamos, sin duda, un nuevo manual de instrucciones. O eso, o la cuesta de enero va a parecernos el Everest de turno, que, por cierto, dicen que ha crecido.

Luego vendrá la tabarra esa de que nos coartan nuestros derechos, una queja muy común de quien se pasa cualquier responsabilidad por el forro de la mascarilla. ¿Recuerdan aquello de la paja, el ojo y la viga? Pues el mismo belén de siempre. Mucho se está hablando estos días de los chats de los militares, por suerte, todavía no ha trascendido ninguno de sanitarios. En comparación con lo que deben estar pensando, los jubilatas revoltosos son como un coro de querubines. Y en este caso, además, con toda la razón del mundo.










sábado, 5 de diciembre de 2020

Otro juego de patriotas

Somos un país de matones virtuales. Para eso sirven las redes, para sacar al terrorista que llevamos dentro, y qué quieren que les diga, si hay que dar matarile, mejor de boquilla, nos ahorramos un pastón en cunetas


Los militares retirados se parecen a los entrenadores sin equipo, se vuelven comentaristas. ¿Quién no ha matado alguna vez por un chat a "26 millones de hijos de puta"? El mensaje, filtrado por InfoLibre, pertenece al grupo de whatsapp de unos militares retirados, la mayoría, altos mandos de la XIX (no es el siglo) promoción de la Academia General del Aire, ya saben, oxígeno, nitrógeno y argón, sin forma definida... También es mala suerte que cada vez que se hable del ejército del aire sea por un cirio. La última vez que fueron número uno en Los 40 Principales fue por aquello del paracaidista colgando de una farola durante el desfile de las Fuerzas Armadas.

Dicho lo cual, al chat se va para cortar las dos orejas y el rabo. O qué esperaban, ¿que en una cuadrilla de machotes se compartiesen las mejores recetas tradicionales de pollo en pepitoria? Los raperos acribillan en rima asonante y los militares fusilan por whatsappEs el signo de los tiempos, somos un país de matones virtuales. Para eso sirven las redes, para sacar al terrorista que llevamos dentro, y qué quieren que les diga, si hay que dar matarile, mejor de boquilla, nos ahorramos un pastón en cunetas. Lo que no quita que nos hagamos un montón de preguntas -el ciudadano desarmado es jodidamente curioso-, así que al tema: una vez conocida la cifra, ¿es solo simbólica o existe un Excel con los nombres y apellidos de los agraciados? Quiero decir, como en una convocatoria de Luis Enrique. Y si realmente existe, ¿quién es el que reparte los carnés de patriota? Sí, ya lo sé, los buenos son los del banderín de córner, o sea, los de la esquina de la grada. Forma parte de todo ese pensamiento binario que va sumando autómatas a la causa. O estás con los míos o al paredón, nada de medias tintas, aquí no hay espacio para los matices, ni para los sensatos, porque de ellos no será el reino de Zuckerberg.

Y ya por último, si no hay vacunas para todos, ¿de dónde va a salir tanta bala? Parece un chascarrillo de Gila. De hecho, si lo piensan, este año, el 2020, comenzó con un especial de José Mota, Heil Gila, un golpe de estado reivindicando el papel sagrado de la risa. Un poco, lo mismo que ahora, solo que esta vez no tiene ni pizca de gracia. Sorprende ver con qué normalidad asumimos lo inaceptable.






miércoles, 2 de diciembre de 2020

Concha Piquer, Mike Tyson y el Che

El ilusionismo es el arte de desprecintar pantanos. De ahí que haya tanto político que prefiere empollarse a Harry Potter antes que a Galdós


Los marineros solían tatuarse cosas, lo cantaba Concha Piquer, ahora es el turno de los deportistas. En menos de una semana, hemos visto el rostro del Che en el hombro de Maradona y en el costillar de Mike Tyson, como una cara de Bélmez. Es el drama de los revolucionarios, nunca saben en qué muslo van a acabar. Quizá, por eso, nadie quiere meterse a Espartaco. Por una cuestión estética. Y así, poco a poco, se va templando el mundo, a pesar de las fusiones bancarias. Que la crisis es de aúpa, lo demuestra que dos cincuentones, más cerca del lumbago que de la verbena, hayan tenido que volver a darse mamporros para ganarse la vida. Hablo de Tyson y Roy Jones. Si la cosa sigue así, no descarten que algún equipo, con tal de cumplir con el fair play financiero, anuncie la reincorporación a filas de Migueli o Butragueño. 

A falta de presupuesto, lo mejor, sin duda, es tirar de viejas glorias, sobre todo, si las están pasando canutas. Y, si no, de voluntarios, que lo mismo te aplauden en un plató de Telecinco por un bocata de mortadela, que te rellenan media planta de un hospital de pandemias para la postal. El ilusionismo es el arte de desprecintar pantanos. De ahí que haya tanto político que prefiere empollarse a Harry Potter antes que a Galdós. 

Y aún queda show para rato. El gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha rechazado una ayuda pública de dos millones de euros para los alumnos más vulnerables. Todo lo que viene del estado huele a azufre. Lo que recuerda, hace solo unos días, a Puigdemont votando en la Eurocámara contra un acuerdo para la protección de cien productos comunitarios en el mercado chino, entre ellos, el cava. El argumento: el expresidente no quiere tratos con países con presos políticos. Toma farol. Ya ven que todavía hay quien puede permitirse ciertos lujos. Dispararse en el pie de vez en cuando, por ejemplo. Y hablando de tiros, ¿han leído esa carta enviada al Rey en la que más de 70 mandos retirados del ejército acusan al gobierno de amenazar "la unidad de España"? 

Lo dicho, todo muy viejo, como el baúl de La Piquer.