sábado, 31 de octubre de 2020

Operación fracaso

Nadie estudia tres idiomas para repartir pizzas a domicilio. Durante años, cundió la idea en este país de que cualquier paleta podía coleccionar discos de platino como churros. O que para ganar Eurovisión bastaba con hacer la dieta de la alcachofa. El resultado, crece el resentimiento entre aquellos que creyeron que pasando cuatro castings tendrían un futuro más o menos digno



El formato es sencillo: gente sobre el escenario desplegando su absoluta falta de talento. Una academia para perdedores, donde los coaches -Quique Setién, Albert Rivera y el primer expulsado de Gran Hermano 5, por ejemplo- dan clases de cómo escribir un libro sobre la erótica del derrotado. El premio, pasar un fin de semana desapercibido en Twitter. Presentaría, Marlene Mourreau. Ya sé que el proyecto está muy verde todavía, pero es que toca rebajar la euforia. Primero, porque aunque la música se hunde (como el resto de la cultura), a juzgar por el número de programas que hay en antena, debemos ser uno de los mayores productores mundiales de cantantes de karaoke. Segundo, porque el PIB crece un 16,7% en el tercer trimestre y con semejante dato sobre la mesa podría producirse un repunte de la venta de caviar en Mercadona

Es lo que ocurre cuando lo que queda de la economía es una ficción publicitaria. Entonces, las falsas expectativas acaban con la quema de contenedores. Lo predijo hace diez años el científico de la universidad de Connecticut, Peter Turchin. Mezcló matemáticas e historia, lo llamó cliodinámica, y vaticinó que este 2020 sería un polvorín. Como Nostradamus, está de moda. Uno de los motivos de tanta bulla, según Turchin, sería el exceso de jóvenes con titulaciones universitarias. Nadie estudia tres idiomas para repartir pizzas a domicilio. Durante años, cundió la idea en este país de que cualquier paleta podía coleccionar discos de platino como churros. O que para ganar Eurovisión bastaba con hacer la dieta de la alcachofa. El resultado, crece el resentimiento entre aquellos que creyeron que pasando cuatro castings tendrían un futuro más o menos digno. 

Lo que provoca un aumento de la inestabilidad política. Ahora todo el mundo busca sello discográfico. Y lo peor, tal y como escribe en The Objective, el filósofo, Ferran Caballero, es que "quien busca un salvador siempre acaba encontrándolo".


miércoles, 28 de octubre de 2020

Esto no es un botellón

¿Recuerdan aquel anuncio del Scattergories? "Es mi Scattergories y me lo llevo". Pues eso, de toda la vida, las reglas las han impuesto los dueños del juego. Y el resto, aceptamos pulpo



Si estas Navidades usted no puede reunirse con su tía Gertru y sus 150 primos de Villanueva de los Infantes sepa que es porque no tiene un casino donde caerse muerto. La diferencia entre celebrar y no celebrar la Nochebuena, por lo visto, la marca un casino, pero no un casino de esos que parecen un cuarto oscuro a las puertas de un colegio, sino un casino elegante, con su escalinata de mármol, sus vidrieras neobarrocas y sus lienzos de Romero de Torres. Ya lo indica el eslogan de la ciudad casino por excelencia, "lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas". Y ahora, por extensión, en el Casino de Madrid. La que se ha montado porque El Español (el digital, no el equipo de fútbol) ha celebrado, en petit comité, apenas 80 comensales, su quinto aniversario justo el día que comenzaba el estado de alarma. Y eso que se cumplían, "escrupulosamente", todas las medidas de seguridad que señala el protocolo de los chiquiparks para este tipo de juergas. 

Entre los invitados, la crème de la crème, cuatro ministros, incluido el de Sanidad, que avalan la fiabilidad del cumple. También el líder de la oposición, Pablo Casado, la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, Inés Arrimadas y otros políticos, empresarios, banqueros, cargos militares y deportistas de copete. Personal, como ven, altamente cualificado, con doble posgrado en la Sorbona, al menos, capaces de calcular, si toca, la parábola exacta que describen los aerosoles en caso de estornudo. Riesgo cero. Lo que viene siendo un botellón con calimocho de barrica. Además, hay que tener en cuenta que los grandes líderes también merecen su momento after. Si a usted o a mí nos confinan el finde, tampoco es para tanto, tenemos el resto de la semana para tocar el ukelele. Pero ellos las están pasando canutas con todo esto del covid. Mucha presión, tanta que por algún lado tiene que petar el asunto, ya sea en un polígono o en un palacete.

Y por si todavía quedan dudas, Pedro J. Ramírez, artífice de la velada, zanja el debate con las típicas declaraciones que vienen a decir, más o menos, que esto no es lo que parece. Y si lo fuera, qué. ¿Recuerdan aquel anuncio del Scattergories? "Es mi Scattergories y me lo llevo". Pues eso, de toda la vida, las reglas las han impuesto los dueños del juego. Y el resto, aceptamos pulpo.





sábado, 24 de octubre de 2020

Política ficción, Rocky V y el nuevo Churchill

¿Qué tal la moción? Pues como diría Joaquín Sabina: Y la pandemia siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido



Cada uno celebra su primer millón de contagios como le da la gana. Aquí, moción de censura. La quinta de la democracia. A nada que se controle un poco el mundillo de las sagas, se sabe que las quintas partes nunca fueron buenas. Ahí tienen Rocky V. Con lo fácil que hubiera sido publicar un desnudo artístico en Instagram. O mejor aún, montar una comitiva de las de siempre, en plan Mr. Marshall, con Espejo público retransmitiendo en directo el último positivo desde el hall de un hospital de campaña engalanado hasta los topes, con su enfermera de faralaes, un representante de la diputación de Cuenca, por ejemplo, la entrega de un lote de mascarillas FFP2 para la familia del agraciado, gentileza de modas Carmen, y una versión adaptada de la canción de Los Stop. Pero eso es pedir demasiado. Aquí, si no hay un político chupando cámara, no aceptamos la película. 

¿Y la moción? Parafraseando a Sabina: y la pandemia siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. O lo que es lo mismo, un delirio de máxima urgencia, se anunció en julio y se ha votado a finales de octubre. Con piñazo de VOX, que es ese partido con pocos singles (menas, okupas, virus chino...), pero muy bailongos. Habló incluso de crear la iberoesfera, una alternativa a la capa de ozono europea, comandada, seguramente, por Trump, que nos dejaría, por supuesto, ir a buscarle el frisbie. Un cachondeo. Cómo sería la cosa, que Pablo Casado fue la estrella (con permiso de Aitor Esteban, PNV, que se pulió la pantomima en menos de dos minutos. Plis plas). Le aplaudió hasta un ujier del Congreso. O sea, el proletariado. A Pablo Casado, digo. No se veía nada igual desde lo de Ronaldinho en el Bernabéu. Ya ven, como dice Jordi Évole, de repente, nos ha nacido un Churchill. Ocurre en tiempos de crisis. Cualquiera puede ser el 9 del Barça. Hasta Braithwaite. Y todo el mundo la mar de contento. Volvemos al centrismo. ¡Hurra! Bruselas puede dejar la dormidina, al menos, este fin de semana. Y en las sedes de los partidos, mucha hombrera, mallas y chupa de polipiel. Lo que viene siendo el uniforme oficial de los ochenta, cuando éramos un país modernete, capaz de arrinconar a la extrema derecha. 

Algo que habrá que ver cómo se traduce a pie de urna. La calle es otro circo. La sensación es que España se catalaniza. De aquí a unos años podremos explicar a nuestros nietos que tras una falsa declaración de independencia ahora hemos vivido una moción fake. El televotante, quiero decir el demócrata de la política ficción, siempre empatiza con el más gamberro del reality. Si a eso le sumamos que el 2021 pinta como pinta, el follón está servido. Por si las moscas, el autor de Sobre la tiranía, Timothy Snyder, avisa en El Mundo: "Los líderes populistas son buenos inventando crisis, pero no lidiando con ellas".







miércoles, 21 de octubre de 2020

The show must go on

No es lo mismo enfrentarse a la pandemia en modo PlayStation, con distancia social y varias vidas de regalo, que tener que viajar cada mañana en el metro. Al final todo se reduce a, cuando acabe la partida, tener otra moneda para seguir jugando



Ha muerto Luis Ángel Salazar. Puede que el nombre no les diga nada. Quizá su apodo artístico: Príncipe Aéreo. ¿Tampoco? Era un luchador mexicano, como Mickey Rourke pero sin trampa ni cartón. Hasta el punto de caer fulminado sobre la lona el pasado sábado. Resulta que la lucha libre, como la vida, también iba en serio. Nada que ver con el pressing catch que nos vendieron de críos. Aquello era la Champions. Coreografía del mamporro. Puro espejismo. Quiero decir que no es lo mismo ser una estrella de la WWE que un gladiador de la tercera regional mexicana. Y lo mismo ocurre en todos los cuadriláteros. También con la pandemia. Mientras unos se la juegan en modo PlayStation, con distancia social y varias vidas de regalo, otros tienen que viajar cada mañana apiñados en el metro. Pero eso es lo menos. Lo que media España llora de veras es la pérdida de Rosito, el oso de juguete de una de las protagonistas de La isla de las tentaciones. El osezno ha sido uno de los grandes damnificados del fornicio y ha acabado en la hoguera sin que ninguna protectora de peluches se atreva a decir ni pío. Luego llegará el turno de la segunda ola de solidaridad fingida. Y todos seremos repartidores, sanitarios, mujeres de la limpieza o muñecos de trapo, ¿qué más da? Se lleva mucho eso de ponerse en la piel del otro de balcón para afuera. Al final todo se reduce a, cuando acabe la partida, tener otra moneda para seguir jugando.







sábado, 17 de octubre de 2020

Yo soy la justicia, yabadabadú

Mal asunto cuando los jueces se convierten en las estrellas de la Liga y conocemos sus nombres como si fueran la alineación del Rayo. Al final no va ser casualidad que haya un Pedro y varios Pablos en el hemiciclo. Por no hablar de otros trogloditas. Solo falta que el congreso se traslade a Dinópolis 



En anteriores capítulos, un whatsapp rula entre la comitiva pepera: "Controlaremos la Sala Segunda desde detrás". (Nota: darse de baja de cualquier grupo de amigotes que no permita festejar chanchullos con muchos emoticonos). Contexto: cinco días antes, PSOE y PP habían alcanzado un principio de acuerdo para la renovación del Poder Judicial. (Apunte sin importancia: el gobierno de los jueces lleva dos años con la ITV caducada). ¿Y qué es la Sala Segunda para que todo el mundo quiera meter mano? La única competente para enjuiciar a diputados, senadores y miembros del gobierno. Traducción: la que decidirá próximamente sobre la gestión de la pandemia, la operación Kitchen y cualquier otra corruptela por venir.

Desde entonces, bloqueo absoluto. Y Bruselas mandando señales de humo a la espera de que el PP mueva ficha o saque un 6. Hasta esta semana. Ahora el gobierno, para desbloquear el parchís, anuncia un cambio en las reglas del juego. Pasamos del mangoneo a la chapuza mayor. Y Casado ha aprovechado el regalo. Mail urgente al corazón de Europa. Con ojitos democráticos. Asunto: ¿Te das cuen...? En entredicho, ni más ni menos, que la separación de poderes, ese divorcio que no termina nunca. Y Bruselas, cada vez más mosca con España. Si hace medio mes algunos nos comparaban con Zambia en cuestión de rastreo por la pandemia, ahora nos meten en el bombo de Polonia y Turquía en materia de justicia. Lejos queda el espíritu fundacional de la ley, que buscaba un mínimo de consenso, esa palabra que si se dice tres veces seguidas en sesión parlamentaria puede provocar un ictus.

Mal asunto cuando los jueces se convierten en las estrellas de la Liga y conocemos sus nombres como si fueran la alineación del Rayo. Al final no va ser casualidad que haya un Pedro y varios Pablos en el hemiciclo. Por no hablar de otros trogloditas. Solo falta que el congreso se traslade a Dinópolis. Ya lo escribió Joan Sales, autor de Incierta gloria, "por pueril que pueda parecer, la pregunta ¿quién comenzó? es moralmente decisiva".




miércoles, 14 de octubre de 2020

Rebeldes con marca

Hasta hace poco desobedecía el que no tenía nada, removido por una injusticia infinita. Ahora, en cambio, protesta el que más tiene, propulsado por una codicia sin límites. Son los propios dirigentes los que llaman a incumplir las leyes que ellos mismos aprobaron mientras chupaban del bote. La desobediencia se ha convertido en el nuevo selfi de las élites, un símbolo de estatus, igual que llevar un Rolex



Uno nunca sabe a qué verbo apostar su futuro. Debería existir la figura del broker lingüístico, un asesor capaz de prever cuál será la próxima estrella del diccionario. Quién iba a pensar hace unos años, por ejemplo, que desobedecer se iba a convertir en la joya de la corona. Hasta hace dos películas, la desobediencia era cosa de gladiadores. En Espartaco (versión Stanley Kubrick mano a mano con Dalton Trumbo) queda claro: finde patricio en Ca Batiato, combate a muerte, como las artes marciales mixtas de Gol TV pero en cinemascope. Finalísima por el cinturón de campeón de la UFC de Capua. Espartaco versus Draba, un etíope, por lo visto, aficionado a los cuentos de Herman Melville, que, cuando llega la hora del matarile, responde como un escribiente cualquiera, "preferiría no hacerlo".

El resto es una historia más o menos taquillera de la insumisión para todos los públicos, con su Thoreau, su Tolstói, su Gandhi y hasta su Quim Torra. Quiero decir que hasta hace poco, por norma general, desobedecía el que no tenía nada, removido por una injusticia infinita. Ahora, en cambio, protesta el que más tiene, propulsado por una codicia sin límites. La ideología es sencilla: desobedezcan a todos, menos a mí. Tenemos un nuevo rebaño que quita el hipo. Son los propios dirigentes los que llaman a incumplir las leyes que ellos mismos aprobaron mientras chupaban del bote. 

De Trump a Madrid, pasando por la Generalitat, la rebeldía se ha convertido en el selfi de las élites, un símbolo de estatus, igual que llevar un Rolex. De lo que se desprende, que no desobedece quien más lo necesita sino quien puede permitírselo.





sábado, 10 de octubre de 2020

Todos somos precarios

Hay que trabajar mucho para llegar a pobre. De hecho, solo 2,5 millones de personas lo han conseguido en este país por ahora. Son datos de Cáritas, presentados durante la Jornada Mundial del Trabajo Decente, ese que no se cata hasta después de la boda




Hay que trabajar mucho para llegar a pobre. De hecho, solo 2,5 millones de personas lo han conseguido en este país por ahora. Antes, llegar a fin de mes, ya era todo un logro. Ahora, si alcanzamos la quincena, aceptamos el convenio. Son datos de Cáritas, presentados durante la Jornada Mundial del Trabajo Decente, ese que no se cata hasta después de la boda. La temporalidad y el coitus interruptus de las contrataciones son la nueva pandemia. Y no hay gremio que se salve. En El País: "Los riders de la abogacía: 60 horas por 500 euros". Vayan sumando: médicos interinos, profesores asociados, articulistas, kellys y cualquier otro cofrade sin un chalé en Las Maldivas...; y ya tienen un mapa mudo del esclavismo punto cero. Nada nuevo. Hace unos años, Tomasso Coletti, presidente de la provincia de Chieti (región de Abruzzo, centro de Italia), ya utilizó aquel lema nazi del "trabajo os hará libres" para promocionar las oficinas de empleo. En su descargo, no recordaba dónde lo había leído, pero sí que era "una de esas citas que te impactan al instante".

Si lo piensan, Pancho (Verano Azul) ya era un rider explotado por sus tíos. Hasta Fernando Fernán Gómez dejó por escrito que las bicicletas son para el verano, no para el invierno, aunque Derlin Newey tenga que estar repartiendo pizzas en Utah a sus 89 años. Es el último ejemplo de la economía que nos espera. Su caso se ha viralizado gracias a Tik Tok. Un grupo de buenos samaritanos ha logrado juntar un donativo de unos 12.000 dólares, lo justo para una bicicleta eléctrica. De marca, por supuesto.

Me sorprende cómo somos capaces de conmovernos por las causas más variopintas. Si un grupo de protozoos monta un piquete en la Antártida, ahí vamos todos. Y, sin embargo, cuando toca arrimar el hombro, por una protesta común, nos dividimos en mareas como una caja de plastidecoresYa lo dice la biblia del currante: "Precarios somos y en precarios nos convertiremos".




miércoles, 7 de octubre de 2020

La década prodigiosa

Para que luego digan que no hemos evolucionado, del raquitismo al sobrepeso en apenas una pantalla. Los hijos de los parados ya no se mueren de hambre, ahora tienen derecho, incluso, a cinco raciones diarias de bollería industrial



Marbella. Agosto de 2003. Isabel Pantoja: "Dientes, dientes, que eso es lo que les jode". Kevin Systrom, joven programador, toma nota en la cafetería de Stanford. La receta está servida: mezclar careta y espejo en la misma olla. En 2010 crea Instagram. Justo ahora se cumplen diez años. Y los años tecnológicos, como ocurre con los perros, hay que traducirlos al castellano. O sea, que una década de microchips equivale, grosso modo, a toda una edad geológica. La historia, por supuesto, no fue así, pero la historia en estos casos es lo de menos. Lo importante es el montaje del director. Luego, si hay que recular se recula. Recular, como ya saben, es colgar un belfie (autorreatro del culo) un mínimo de dos veces por semana. O pitar penalti para compensar un error del VAR a favor del contrario. Más o menos lo que ha hecho Pedro Sánchez con el Rey. En cuestión de unos días, tras el lío ese de los despachos y la ausencia de Felipe VI en Barcelona, el Jefe del Estado y el presidente del gobierno van a lucir dientes por partida doble. Pero es que este país, si de algo sabe es de dobleces.

Lo pienso mientras veo a María Martín, la que fue protagonista de El silencio de los otros ("un viaje a las cunetas del franquismo", según títuló El País en su día ), llevando flores al quitamiedos donde yace, en una fosa común, su madre, Faustina López. Fuera de contexto, la imagen de la anciana con su luto, sentada en el arcén de una carretera, bien podría ser un homenaje de la Dirección General de Tráfico a los 1.806 muertos por accidente en 2018, año en que se estrenaba el documental que acaba de ser premiado con dos Emmys. Así está el panorama: represaliados del franquismo y moteros con mala suerte comparten cuneta. Para algunos, buscar a un familiar asesinado, fuera cual fuera el bando, es poco menos que brujería. 

De aquellos años de barbarie, lo que más recuerdan los que todavía no han muerto en las residencias, es la miseria y el hambre que despachan las posguerras. Ahora, la pobreza es otra cosa. Noticia de El País: "La obesidad infantil afecta el doble a los niños de familias con rentas más bajas". Para que luego digan que no hemos evolucionado, del raquitismo al sobrepeso en apenas una pantalla. Los hijos de los parados ya no se mueren de hambre, ahora tiene derecho, incluso, a cinco raciones diarias de bollería industrial. La comida basura es el dieselgate de la sanidad pública, pero a ver quién es el guapo que rechista. Cada vez que un biólogo cuestiona un alimento precocinado se monta un cirio. No se salva ni el capitán Pescanova. Cuando una televisión se atrevió a emitir un reportaje sobre el verdadero valor nutricional de sus palitos de pescado, el cabreo de la empresa gallega fue tan grande que la cadena en cuestión, para no perder el pastón que la multinacional se dejaba en anuncios, tuvo que contraprogramar otro espacio alabando los beneficios de los congelados frente a la crisis de las vacas locas. Es cierto que de aquello ya hace mucho, casi veinte años, pero viene a cuento porque la Audiencia Nacional acaba de condenar al expresidente, Manuel Fernández de Sousa, a ocho años de cárcel por falsear las cuentas para lograr financiación, lo más parecido a pasar un filtro ultrafashion por la calculadora, es decir, postureo empresarial y un pufo de casi 3.000 millones. Lo explica en elDiario.esJosé Precedo, que de complicidades gallegas sabe un rato.

Y a base de fast food, la pobreza se va acumulando en las venas. Y no hay Danacol que lo pare. Lo peor de un niño curvy es que no da la talla para ser instagramer. Ni siquiera instapoeta. Para rimar versos, por lo visto, hay que tener los oblicuos en estado de gracia. Y tampoco da la talla el típico barrio donde a falta de pan hay pizza. No es lo mismo lucir palmito en un resort de Dubái que en la pensión Doña Carmen. Para colmo, ahora que nadie nos lee, hay que ver cómo se ha puesto el precio del kilo de seguidores. Está por las nubes. Quiero decir, que para ser influencer también hay que tener un padre futbolista. De hecho, si el comercio de proximidad quiere subsistir, que se deje de tanta campaña de Correos y se ponga a vender likes en cualquier frutería.

Todo lo anterior forma parte de un retrato generacional con los menos fotogénicos de cualquier crisis. Vale la pena recordar la respuesta que siempre recibió María, la octogenaria que suplicaba la exhumación de su madre Faustina: "Te llevarás a tu madre cuando las ranas críen pelo". De momento, los árboles ya dan móviles. Los cuelgan, en Estados Unidos, cerca de los centros de distribución, los repartidores de Amazon, para ser los primeros en recibir el pedido. Todo llega, Faustina. Hasta la distopía.




sábado, 3 de octubre de 2020

La tormenta imperfecta

Del España nos roba al España nos confina hay un billete de AVE



La OMS no sabe qué está fallando en España, ya conocen el estribillo: "El país de Europa con mayor incidencia de covid-19". En El País, Julio Llamazares habla de "ciclogénesis nacional" y hace repaso de este 2020. Veamos: enero, primer gobierno de coalición de nuestra democracia cuarentona. Para los amantes de Mary Shelley, gobierno Frankenstein, lo que indica que algunos solo creen en el televoto cuando ganan Gran Hermano. Febrero: en los mejores cines se estrena la mesa de diálogo España-Cataluña y Puigdemont lo celebra en Perpiñán con un baño indepe y esteladas a Machado. Marzo: ya tenemos aquí el bicho. La culpa, por supuesto, del 8-M. Ni pío, por ejemplo, de ir a currar en el metro. O del Atalanta-Valencia de la Champions. Abril: confinamiento duro. La oposición ve una dictadura del proletariado. El Mundo lanza un tuit: "En el 75 aniversario de la muerte de Hitler, recordamos cómo el dictador se hizo con el poder absoluto en un estado de emergencia aplicando medidas extraordinarias". Aclaración para malpensados: "En ningún momento hemos pretendido sugerir un paralelismo con ningún gobierno actual". Mientras, ruedas de prensa a tutiplén. Muertos, también a tutiplén. Escabechina en las residencias, balconing y Dúo Dinámico. Mayo: cierto pijerío está al borde de un ataque de nervios. No aguantan ni un minuto más metidos en el jacuzzi. Junio: desescalada exprés. La economía está en la UCI. Es la hora del todopoderoso. Rezémosle al turismo, una palabra tuya bastará para sanarnos. Julio: de día, "relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor"; de noche, botellón y after. Agosto: el rey emérito se las pira. Septiembre: pesadilla en la cocina versión pepera. Última hora: lío por el control del poder judicial, más debate monárquico, la sentencia barra chiste del caso Bankiamoción de censura de la ultraderecha y Quim Torra inhabilitado. Por cierto, parece que las elecciones en Cataluña serán el próximo 14 de febrero, día de los enamorados, para que el nuevo plebiscito quede más cuqui que nunca.

Y todavía no hemos llegado a los bises. Pongamos que hablo de Madrid, por ejemplo. Del España nos roba al España nos confina hay un billete de AVE. Así que la OMS dice que no sabe lo que nos pasa. Y no será, digo yo, que somos capaces de montar cualquier follón para que no se nos note tanto de qué pie cojeamos.