miércoles, 30 de septiembre de 2020

La otra broma infinita

Ayer fue martes 29 de septiembre durante todo el día. Pero podía haber sido lunes 28 de diciembre, por ejemplo. Este año permite esas piruetas. Lo digo por la sentencia del caso Bankia, una inocentada, solo faltó Juan y Medio presentando el veredicto. El mayor desastre financiero de la historia reciente de España se salda como aquella película de Berlanga, 'Todos a la cárcel', pero al revés



Ayer fue martes 29 de septiembre durante todo el día. Pero podía haber sido lunes 28 de diciembre, por ejemplo. Este año permite esas piruetas. Lo digo por la sentencia del caso Bankia, una inocentada, solo faltó Juan y Medio presentando el veredicto. El mayor desastre financiero de la historia reciente de España se salda como aquella película de Berlanga, Todos a la cárcel, pero al revés. Para la Audiencia Nacional no hay delito. Si el gobierno, o sea, usted, yo y el del barrio confinado por falta de presupuesto para rastreadores, tuvimos que apoquinar 22.424 millones de nuestro bolsillo, debido a la pésima gestión de 34 cracks de los negocios (lo que provocó, dicho sea de paso, la intervención de la economía española por parte de los hombres de negro de la Unión Europea en aquel fatídico 2012), pasemos página, la nueva fusión lo merece, tampoco es plan de andar removiendo la memoria bancaria de este país. 

Y más, si tenemos en cuenta que la salida a bolsa contó con la participación estelar del Banco de España, la CNMV, el FROB, la EBA y cualquier otra sigla de la sopa de letras bursátil. Y que el folleto informativo que se ofrecía a los inversores era, según la Audiencia, claro y conciso como cualquier prospecto, aunque eso contradice al Tribunal Supremo que, en su día, dictaminó justo lo contrario; entonces, ¿qué quieren que les diga? Pues que la cúpula, con sus 34 gurús, merece ya una novela de Aramburu, con su posterior adaptación de HBO, su cartel equidistante y hasta su famoso eslogan: Todos somos parte de esta historia, donde sale más a cuenta, por lo visto, montar una franquicia piramidal con nombre de banco que colgar una pancarta en un balcón.

El fallo coincide, además, con el rapapolvo de Bruselas por el mangoneo del Poder Judicial. Y con la quiebra de Duralex, aquella empresa que, durante décadas, abasteció las cocinas de las abuelas con vasos y platos irrompibles, en color caramelo o verde caqui. ¿Y eso a qué viene ahora? Verán, la empresa debe su nombre a una expresión latina: Dura lex, sed lex, algo parecido a "la ley es dura, pero es la ley". O como tradujo al cristiano, harto de las críticas recibidas, justo después de caer en Championsel presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo: "El que discuta la alineación que se compre un equipo". 



sábado, 26 de septiembre de 2020

Lo que el covid se llevó

Las penas, me las van ordenando. Primero las de aquí. Las de casa. Y luego, si eso, las que vienen en patera


Si usted pretende un país aseadito, sin inmigrantes disfrazados de Winnie the Pooh en la Puerta del Sol, la Unión Europea tiene la clave: a un módico precio le deja la calle limpia de peluches sin papeles, así, llegada la Champions, se evita uno ciertas imágenes que emborronan la máxima competición de clubes, pongamos, por ejemplo, a unos hinchas del PSV humillando a un grupo de mendigos que piden limosna. Es la respuesta de Bruselas a un incendio, real y metafórico, el de Lesbos, que ha conseguido lo nunca visto: que durante quince segundos los telediarios dejen de hablar del covid y nos devuelvan la medida exacta de nuestro cinismo, nosotros, ciudadanos de la UEFA, que no soportamos ni un minuto más de confinamiento, y eso que tenemos porno y otras comodidades del primer mundo, mientras hacinamos a miles de personas, muchos menores, en la trastienda de Grecia, sin que se nos caigan de la chistera los derechos humanos.

Eso es Europa, señoras y señores, el continente que se ha doctorado en los últimos lustros en defraudar más y mejor a quien más lo necesita. Y de esos productores, recuerden su penúltimo fracaso en materia migratoria: el reparto de refugiados a domicilio (las dichosas cuotas), llega ahora la solidaridad a la carta, un nuevo paquete de medidas "flexibles" donde da igual que usted sea racista por vía paterna o por cultura popular, lo urgente es que pase por caja y contribuya a construir "el nuevo equilibrio", a saber: más expulsiones y mayor control de fronteras. ¿Y cómo puedo participar yo? Pues o bien pagando los billetes de vuelta, "patrocinar los retornos", le llaman; o colocando a unos seguratas chungos en la puerta de entrada, en plan desokupa, pero a nivel continental. 

Lo que lleva a pensar que lo más importante en la vida, sobre todo si uno es pobre, es tener un buen mánager, de esos que te buscan equipo aunque seas extracomunitario o te chivan las preguntas de un examen para obtener la doble nacionalidad. Ya saben que la Fiscalía de Perugia investiga si el ex del Barça, Luis Suárez, hizo trampas en sus pruebas para obtener el certificado B1 en lengua italiana. En las supuestas grabaciones entre profesores, acuerdan que no se puede "arruinar" un contrato de diez millones solo porque el futbolista en cuestión chapurree en modo Tarzán. Esa cifra, precisamente, marca la diferencia para Salvini y otros mendas, entre ser un ilegal en Lampedusa o un posible delantero de la Juve. Es más, el gran temor que tenían todos (siempre según las conversaciones) era que tras el examen, los periodistas le hicieran "un par de preguntas" en el nuevo idioma y entonces, de primera mano, se dieran cuenta del tinglado. A un inmigrante no le hubiera ocurrido. No hay ruedas de prensa tras un naufragio. A lo sumo, un carabinieri políglota.

Pero tampoco hace falta salir de ruta. Oxfam Intermón avisa que Melilla es otro polvorín. Pedro Sánchez llegó con un Aquarius debajo del brazo. Pasado el tiempo, las prioridades pasan por otro santoral. Por resumir: las penas, me las van ordenando. Primero, las de aquí. Las de casa. Y luego, si eso, las que vienen en patera.




miércoles, 23 de septiembre de 2020

Sin Verdi no ha paraíso

Siempre pierden los mismos, los amantes de la ópera y los menas. Poco a poco, la política va supliendo a los conciertos. Pura escenografía. Y se va alejando de sus funciones para dar paso a un discurso ultraprocesado. Lo importante es que cunda el estribillo



La imagen que algunos tienen del mundo se parece mucho a una de aquellas series de Aaron Spelling en los años noventa. Barrio rico, barrio pobre. Por cada Beverly Hills hay un Melrose Place. Cuando se agota la trama en el 90210 se traslada el plató a un edificio de apartamentos en West Hollywood. Solo hace falta que aparezca un motero con flequillo desplegable alicatando la cocina de una niña pija para poner en marcha un spin-off o un contagio. Así de fácil se propaga un culebrón. Lo hemos visto esta semana en Madrid. Rueda de prensa Sánchez-Ayuso. Más colorines (banderas) que periodistas. Duelo de interpretaciones -aquí hay un precandidato al Emmy, fijo-. Y mucha referencia a Pimpinela, aquel dúo de hermanos que hizo de la cornamenta su éxito musical. Lo que deja una sensación, entre los fans, de que aquí al disco de platino quedan dos o tres reuniones. 

De ese modo, la política va supliendo a los conciertos. Pura escenografía. Y se va alejando de sus funciones para copar el top venta. Y si en mitad de la gira surge un follón en el gallinero (ya saben, Teatro Real, pasado domingo, se suspende la ópera de Verdi, Un baile de máscaras, toma título, porque en la zona menos noble de la sala, en "el paraíso", supuestamente, se están produciendo aglomeraciones semejantes a las del metro en hora punta), mejor que mejor, metáfora hecha. El nuevo intelectual, el tuitero, necesita de ciertas papillas para comparar un posible episodio de segregación cultural con un piso patera en los Carabancheles. Al final siempre pierden los mismos, los amantes de la música romántica y los menas. Y quien dice tuitero, dice congresista. El discurso ultraprocesado está de moda. Lo importante es que cunda el estribillo. Apunten esto, tiene toda la pinta de convertirse en el reguetón de este invierno: "España no tiene suficientes médicos".

Con lo fácil que sería releer la Constitución. Artículo 43, por ejemplo: "Se reconoce el derecho a la protección de la salud. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios". Hará falta recalcarlo, antes de que llegue algún partido y pida su anulación por ser demasiado rojo.







sábado, 19 de septiembre de 2020

Memorias de un calvo

 Cada generación es el vivo retrato de sus pantallas. Así se descarga la última versión disponible del narcisismo punto cero



Tarde o temprano, a todo padre con ADSL le llega el momento de afrontar la fatídica charla con su hijo: "¡Papá, quiero ser cocinero!". Y de repente uno ve pasar la vida por delante en formato Cinexin. "¡Con todo el pastón que hemos invertido en chándals de colegios concertados!". Si ya era difícil decidirse entre ciencias o letras, ahora se suman Idol Kids, Masterchef Junior o la cantera del Rayo. Antes, con menos canales, el destino era un poco más monótono. Los niños querían ser exploradores como Miguel de la Quadra-Salcedo. Pero eso ya no se lleva. Lo que toca en este momento es ser la nueva Dulceida o abrir el próximo Celler de Can Roca. Diríamos que los jóvenes se han desenganchado de los cromos Panini para caer en las garras de las estrellas Michelin. Siempre que haya una cámara de por medio, claro. Nada de comenzar desde abajo, de friegaplatos en La Tapilla Sixtina. Eso no tiene glamur. 

Cada generación es el vivo retrato de sus pantallas. Así se descarga la última versión disponible del narcisismo punto cero. Viene a cuento porque Alaska, icono de la Movida, sustituye a Concha Velasco, ex chica ye-ye, en Cine de Barrio. Y de ese modo, sin citación previa, van cayendo los años. O las temporadas. Más allá de las pandemias. Lo que sabemos sobre la relatividad del tiempo es una secuencia de musas rescatadas del olvido para camuflar una fuga como en Cadena perpetua o dar nombre a un equipo de fútbol-7. Ha ocurrido en Sevilla, donde unos amigos han bautizado a su dream team en honor a Sabrina Salerno, aquella cantante italiana que se hizo famosa cuando enseñar un pezón era la mejor manera de estrenar el año. 

Pero también sirve de ejemplo que un actor de Los Serrano, patrimonio nacional, Antonio Resines para más señas, se cuele en pleno telediario, frente a una oficina de la Seguridad Social, para denunciar el colapso que sufre el sistema. Es la mejor muestra de que "la Seguridad Social ignora a todos los ciudadanos por igual", escribe Sergio del Molino. En La Ser, Manuel Jabois recupera una cita de Borges: "No nos une el amor sino el espanto"... Y Las chicas de la Cruz Roja.




miércoles, 16 de septiembre de 2020

Aquí no hay quien lea

Si el idiotavirus persiste, que tiemblen los campos de Castilla, somos capaces de montar un vertedero con barbacoa en el primer secarral que se nos ponga a tiro de selfi. El ruralismo salvaje es el último vicio dominguero. Solo se necesita un 4x4 híbrido y ganas de guarrear el paisaje


Recordarán la imagen. Dio la vuelta al mundo en 80 segundos (versión libre de Julio Verne). Finales de mayo de 2019. Cima del Everest. Llenazo absoluto de alpinistas que hacen cola como si fueran a comprar papel del váter para una pandemia. Pasado fin de semana. Pica d'Estats. Pirineo catalán. La escena se repite en miniatura. Nada nuevo. Madrid, en pleno desconfinamiento, ya tuvo que cerrar los accesos de Cotos, Navacerrada, La Barranca, La Pedriza y Las Dehesas para evitar que la sierra se convirtiera en un probador de Zara. Si el idiotavirus persiste, que tiemblen los campos de Castilla, somos capaces de montar un vertedero con barbacoa en el primer secarral que se nos ponga a tiro de selfi. El ruralismo salvaje es el último vicio dominguero. Solo se necesita un 4x4 híbrido y ganas de guarrear el paisaje.

Antes, cuando el viaje low cost no era contagioso, uno se iba a la Conchinchina para hacer el garrulo. Luego, en redes, dejaba señales desconcertantes, pero con un buen Photoshop, la mariconez postal (que me perdonen los triunfitos) parecía más bucólica. Ahora ya no hace falta quitarse las alpargatas para hacer el bobo. Hemos entrado en una fase de disparate doméstico, de majadería kilómetro cero que amenaza a la vuelta de cualquier bolardo. Me explico. Como LaLiga ha comenzado en modo pachanga, a los publicistas de Puma (proveedores oficiales de los balones del campeonato) no se les ocurrió mejor idea que revestir los bolardos de la ciudad de Madrid como si fueran pelotas de fútbol. En previsión de que algún pelotero cayese en la trampa, el ayuntamiento colocó carteles advirtiendo: "No golpear, elemento rígido". Pero ni con esas. Faltó algún emoticono. 

Minuto y resultado: más de un pie hecho trizas. Parte de guerra: el ayuntamiento se ve obligado a retirar los falsos balones para evitar que nadie más se deje la uña chutando una mole de hormigón. Algo que ya hacía en los noventa, para un spot de AdidasMarcel Desailly, central de Francia cuando Zidane todavía no era modelo de Mango. Luego vino Miley Cyrus y utilizó su wrecking wall como un columpio. A cierto papanatismo se llega por prescripción publicitaria. Al resto, por no leer la letra pequeña de los anuncios.



sábado, 12 de septiembre de 2020

Fast and furious

Lo extraño, tal y como corre la economía, es que a ninguna cámara de comercio se le haya ocurrido presionar a Sanidad para que tramite las bajas por minuto, como si en vez personas fuésemos parquímetros


Ya ni las cuarentenas son lo que eran. Ahora se subastan al peor postor. De los catorce días que marcaba el libro Guinness de los récords, Francia ha rebajado el crono justo a la mitad, siete, que es la nueva marca a batir para cualquier gobierno que busque un diploma olímpico. Hasta cierto punto, es normal que no usemos el mismo Decamerón para una pandemia punto cero que para una peste medieval. Por suerte, en pleno siglo XXI, los relojes de arena son mucho más precisos. Lo extraño, tal y como corre la economía, es que a ninguna cámara de comercio se le haya ocurrido presionar a Sanidad para que tramite las bajas por minuto, como si en vez personas fuésemos parquímetros. Y entre tanto velocista suelto, la pregunta que más inquieta a cualquier político es ¿por qué los laboratorios no funcionan como un fast food de vacunas?

Lo instantáneo forma parte de ese acelerador de partículas que es el presente, donde existe una necesidad acuciante de hacer muchas cosas muy rápido para poder hacer otro millar de cosas más rápido todavía. El flato es el emblema. Desde una editorial como Espasa, que da un premio a un joven instapoeta con la única intención de vender poemarios como si fueran churros, a Google montando su propia teleincubadora de universitarios sietemesinos; hoy, cualquiera puede ser un triunfito o gurú de discoteca, solo hace falta un satisfyer y medio robot de cocina. Por eso, entre los perfiles más demandados está el de contrarrelojista. Si alguien tuviera en mente hacer un remake de la Trilogía del dólar, escribiría, sin duda, "La velocidad ilimitada tenía un precio". De lo que se trata es de marcar un gol en la Liga Santander antes de hacer la mili, llegar a portada de la Súper Pop y vivir de la efeméride, como han hecho los simbolistas de todas las épocas, de Rimbaud a Bojan Krkic.

La pobreza que ya asoma va, precisamente, de eso, de poder descargarse cualquier ficción en menos de cinco nanosegundos. En adelante, ser pobre significará, también, vivir con menos megas y tener el acceso restringido a series de primera necesidad. Salvo que Telecinco tenga la cortesía de dar en abierto el primer capítulo de Patria. Luego, si alguien se engancha, siempre queda la novela, total va a haber mucho tiempo de lectura mientras uno hace cola porque no tiene para costearse una prueba serológica.








miércoles, 9 de septiembre de 2020

Bancos, superguerreros, jueces y realities de cocina

Ya saben que existe, incluso, una tasa de riesgo de rebrote que recuerda muchísimo a aquella prima de riesgo que nos tenía tan acojonados en 2008, cuando comenzó la moda de privatizar todo lo privatizable, incluida la Sanidad, con lo que ahora no es de extrañar que se confundan los balances de muertos con los valores de mercado



A priori, somos muy fans de cualquier fusión, ménage à trois o intercambio de siglas bancarias. Si Brad Pitt se nos ha hecho liberal, aquí tenemos a Nuria Roca. En lo que a fusiones se refiere, que es la bacanal que hoy nos ocupa, nos pirra la del hidrógeno, por ejemplo, que nos permite (este año no) seguir bronceando nuestra economía a base de sol y playa. También la mezcla bachata y trap, muy lucrativa para la venta de paracetamol de un gramo. O la de Son Goku y Vegeta, necesaria para mantener a raya a cualquier protagonista de Hermano Mayor. Nada que ver con la que anuncian CaixaBank y Bankia. El nacimiento de un megalodón financiero siempre da un poco de yuyu. Entre otras cosas, porque el rescate de Bankia (24.069 millones de euros) le supuso a cada español -números orientativos- unos 500 euros, de los que no vamos a ver ni el reintegro. Lola Flores pidió mucho menos y la tomamos por faraona. 

Los expertos aplauden la medida. De lo que se trata, según nos cuentan, es de proteger el sistema frente a eventuales contagios. Ya saben que ahora existe, incluso, una tasa de riesgo de rebrote que recuerda muchísimo a aquella prima de riesgo que nos tenía tan acojonados en 2008, cuando comenzó la moda de privatizar todo lo privatizable, incluida la Sanidad, con lo que ahora no es de extrañar que se confundan los balances de muertos con los valores de mercado. Traducido al quinqui, la unión de las dos entidades supondrá una oficina cada 500 kilómetros, o lo que es lo mismo, tener que pedir un año sabático para solucionar cualquier trámite. Y de juntar un duro, se me van olvidando. Aquí, el ahorrar, se va a acabar. O tiene usted una hipoteca a cuarenta años con nosotros, dos planes de jubilación y un seguro dental, o le enviamos mails y sms cada doce segundos. Más o menos como ahora. Pero con más descaro. Si todavía albergan dudas, sepan, además, que si el negocio prospera, los directivos de Bankia, que tenían sus sueldos limitados por razones obvias a un máximo de 800.000 euros al año, podrán equiparar sus retribuciones a las de sus nuevos compis de curro. La nota positiva es que viendo cómo funcionaban en su día ciertas cajas, con la concentración de cúpulas se reduce, al menos, el número de posibles maleantes.

Lo que nos lleva al segundo punto del orden del día, el cachondeo con la no renovación del Consejo General del Poder Judicial. Una inconstitucionalidad flagrante. Otra más. Hay magistrados que llevan tanto tiempo entre nosotros que son como de la familia. Dan ganas de invitarlos a un bautizo. De trasfondo, la batalla política por controlar el poder judicial, que hace que el PP se resista a perder la cuota de control que todavía mantiene. ¿Y la independencia judicial? En el cajón de los buenos propósitos, junto a los presupuestos más sociales de la historia. El obstáculo, por lo visto, es Unidas Podemos. Demasiado republicanos. O sea, que el resultado del voto, cuando no nos gusta, a tomar por saco. Algunos, a eso, también le llaman democracia.

Sin movernos del PP, de las cloacas han pasado a los fogones. La operación Kitchen hace que en Génova ya no sepan muy bien si lo que necesitan es a una empresa de desatascos o a un chef como Chicote. Casado elude responsabilidades. Dice que en aquella película de espías, él solo era un mindundi en Ávila. Con lo fácil que hubiera sido improvisar una respuesta original, a la altura de un exministro como Fernández Díaz, el hombre que se topó con Dios en Las Vegas, algo así como nosotros creímos que si quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, quien roba a un tesorero, ya ni les cuento...




sábado, 5 de septiembre de 2020

Traficantes de pesadillas

Hace tiempo que la prensa para sobrevivir apostó por el apocalipsis. Así, por lo menos, vende dos o tres ejemplares más en el kiosco. Y, con un poco de suerte, lo mismo hasta consigue un anuncio de alguna casa de alarmas. Lo suficiente para llenar la plantilla de colaboradores que no ven un duro con tal de hacer currículum para llegar algún día a ser un falso autónomo



De toda la vida, un susto se va con otro susto, igual que un clavo saca otro clavo. En menos de seis meses, un español medio, de esos con el aura desechable, lo que viene siendo un tipo con mala suerte, ha podido contagiarse del bicho viendo un botellón por la tele, perder el trabajo (eso está muy de moda en la colección otoño-invierno), saber por una reportera de Telecinco que le han okupado el apartamento de Fuerteventura al que no ha podido acudir este verano por culpa de algún confinamiento, y, para rizar el rizo, recibir una notificación del colegio de sus hijos, informándole de que el inicio de curso se retrasa porque el equipo directivo está en cuarentena. Si el susodicho, además, es socio del Barça, ya ni les cuento.

Hace tiempo que la prensa para sobrevivir apostó por el apocalipsis. Así, por lo menos, vende dos o tres ejemplares más en el quiosco. Y, con un poco de suerte, lo mismo hasta consigue un anuncio de alguna casa de alarmas. Lo suficiente para llenar la plantilla de colaboradores que no ven un duro con tal de hacer currículum para llegar algún día a ser un falso autónomo. 

Y en medio de tanta bulla, la Fiscalía toma la palabra y dice que no ve delito en la propagación de embustes difundidos por las redes sociales durante lo peor de la pandemia. Las fakes en España, siempre según la Fiscalía, son un ejemplo de "libertad de expresión y crítica". Y donde se ponga un bulo, ¿quién quiere un periódico? Para que luego digan que aquí no somos tolerantes. Por si no lo recuerdan, se publicaron imágenes con mucha víscera para concienciar, supuestamente, de todo lo que estaba pasando y nadie nos contaba. La cosa, sin embargo, tenía truco. Se utilizaron fotografías de otras tragedias, como un funeral con decenas de ataúdes de un naufragio en Lampedusa. O vídeos que decían reflejar lo que estaba ocurriendo en el Hospital Ramón y Cajal, con cadáveres apilados en bolsas -"como perros", rezaba el texto-, cuando lo que realmente se veía era una grabación realizada en un hospital de Guayaquil.  

Con una apuesta tan descarada por el trampantojo, las declaraciones de Messi"Aquí no hay proyecto ni hay nada, se van haciendo malabares y se van tapando agujeros a medida que van pasando las cosas", podrían aparecer firmadas por un analista del Pentágono. No se sorprendan si el día menos pensado, reciben aquel famoso discurso de Luther King, manipulado, por supuesto, y en lugar del "I have a dream", se escucha, con acento de Utrera,"yo tengo una pesadilla"... Y todos tan panchos. Total, hoy hemos sabido que en nombre de la libertad de expresión cabe cualquier estafa informativa, siempre que se haga con cariño, claro.




miércoles, 2 de septiembre de 2020

El coloso en llamas

Estados Unidos arde en manos de un pirómano que ha hecho de la turbulencia racial su pitch and putt doméstico



Da igual en qué pandemia andemos metidos, esta noche, otra vez, Pretty Woman. Si hubiésemos apuntado qué hacíamos cada vez que han repuesto la película de Julia Roberts y Richard Gere, tendríamos una historia recentísima de España contada para escépticos, una especie de álbum familiar que ríete tú de Cuéntame. Y es que hay películas que caen en gracia. Suelen llevar mucho sirope, lo típico: empresario canoso, ultracapitalista hasta las cejas, contrata a chica de compañía... Por menos, a Hugh Grant le hicieron un escrache. Así cotizaba el sueño americano en los noventa, cuando todavía era frecuente compaginar aquello de ser un truhan y un señor sin cambiar de discográfica. ¿Y cuántos negros participaban de aquel cuento de hadas? Que yo recuerde, a bote pronto, el chófer de la limusina y el tipo de la voz en off de la última escena, la que nos aclara, por si las moscas, que "esto es Hollywood" y en Hollywood se miente más que se rueda (perdón por el spoiler). 

La cosa ahora es más estricta, a ver quién vende un guion sobre el affaire de una mujer blanca, de mediana edad, casada y con hijos, que se lo monta con el joven Pepito Piscinas de un motel de Miami, con la venia de su marido, el rector de la universidad evangélica más grande del medio oeste. ¡Ah no!, que eso es noticia. Jerry Falwell Jr., amigo de Donald Trump y presidente, por vía paterna, de la ultraconservadora Liberty University, es el protagonista de uno de esos tríos bíblicos que demuestran con qué hipocresía se comportan algunos cuando se apaga el pilotito rojo. Es el enésimo colofón de un gobierno adicto al queroseno. Estados Unidos arde en manos de un pirómano que ha hecho de la turbulencia racial su pitch and putt doméstico. Y la economía responde con una ola en los parqués. No la economía que conocemos usted y yo, la del vendedor de alitas de pollo que ve cómo le saquean noche sí, noche también, la camioneta y va acumulando bilis; no, la otra, la gran economía, esa que mueve el mundo de las ideas, lo que demostraría que ciertos banqueros prefieren el rifle. Y de protesta, la NBA cerrará los play offs un rato. Y puede que hasta a un bisnieto de Agatha Christie le dé por cambiar el título a una de sus novelas. Lo que haga falta con tal de parecer el caudillo de los antirracistas.

Con semejante panorama, dan ganas de enviar un burofax al primero que se ponga a tiro. Bajarse ya de esta diligencia. Si ustedes también están sopesando la tocata y fuga, relean a uno de los grandes optimistas del siglo XX, Emil Cioran. Tal y como apunta Màrius Carol en La Vanguardia, él dio con la clave para no rendirse: "¿Por qué retirarnos, por qué abandonar la partida, cuando aún nos quedan tantos a quienes decepcionar?".